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Cómo la discriminación cotidiana incrementa los riesgos para la salud mental

Junto con la depresión y la ansiedad, la discriminación cotidiana genera estrés crónico, afectando a personas de todas las razas y orígenes.

Cómo la discriminación cotidiana incrementa los riesgos para la salud mental

Las personas que enfrentan discriminación cotidiana con más frecuencia –pequeñas ofensas y humillaciones diarias– tienen mayor riesgo de sufrir ansiedad y depresión.

Este hallazgo se mantiene sin importar su raza, género, edad, nivel educativo, ingresos, peso, idioma, estatus migratorio o lugar de residencia.

Un estudio reciente, publicado en JAMA Network Open, confirma esta realidad. La discriminación cotidiana ocurre cuando alguien recibe un trato injusto por su color de piel, origen percibido o apariencia.

Suele manifestarse en actos de desprecio, como esperar más tiempo para recibir atención en una tienda, que sus ideas sean ignoradas en el trabajo o escuchar comentarios ofensivos sobre su identidad. Aunque las comunidades marginadas sufren estos actos con mayor frecuencia, la investigación revela que este problema afecta a personas de todos los orígenes.

Soy profesora especializada en salud comunitaria y, junto con mi equipo, analicé datos de la National Health Interview Survey de 2023. La muestra incluyó a casi 30,000 adultos en EU, reflejando con precisión la experiencia de más de 258 millones de personas, cerca de 75% de la población del país.

Los participantes reportaron la frecuencia con la que enfrentaban discriminación y completaron pruebas clínicas para detectar depresión y ansiedad.

Los resultados fueron contundentes: 56% sufrió discriminación cotidiana al menos de forma ocasional. Un 3.6% la experimentó de manera recurrente, es decir, al menos una vez al mes y, en muchos casos, cada semana. Los niveles más altos se presentaron en la población negra (8.6%), seguida por personas multirraciales (6.4%). Entre hispanos y blancos, la cifra rondó 3%, mientras que en la comunidad asiática apenas superó el 2%.

Las mujeres, los inmigrantes, las personas con discapacidad y quienes tienen sobrepeso, obesidad o inseguridad alimentaria también enfrentaron mayores niveles de discriminación.

Comparados con quienes no sufrieron discriminación, los participantes expuestos con mayor frecuencia tuvieron cinco veces más probabilidades de desarrollar depresión o ansiedad y casi nueve veces más riesgo de presentar ambas condiciones.

El impacto de la discriminación varió según el grupo racial. El incremento en los casos de ansiedad y depresión fue más evidente entre adultos blancos, asiáticos y multirraciales, quienes suelen quedar fuera de estas discusiones.

Esto no significa que la discriminación afecte menos a personas negras, hispanas/latinas u otros grupos racializados. Una posible explicación es que las comunidades que enfrentan discriminación estructural durante décadas desarrollaron más herramientas para sobrellevarla.

¿Por qué importa?

Todos hemos recibido un trato injusto alguna vez por nuestras características personales. Pero la discriminación no es solo un inconveniente: tiene efectos graves en la salud.

Más allá de la ansiedad y la depresión, el estrés crónico que provoca aumenta el riesgo de hipertensión, enfermedades cardíacas, deterioro cognitivo, envejecimiento acelerado y muerte prematura.

Algunas personas comienzan a experimentar discriminación en distintas etapas de la vida, como en la vejez o al enfrentar una enfermedad.

Para otras, este problema es una constante. Esto ocurre en comunidades marginadas, en personas racializadas, con desventajas socioeconómicas o discapacidad, o que forman parte de la comunidad LGBTQ+.

Otras investigaciones en curso

Las personas multirraciales enfrentan un reto particular: al moverse entre múltiples identidades, pueden experimentar aislamiento y mayor vulnerabilidad a problemas de salud mental.

Los adultos blancos, aunque menos expuestos a la discriminación racial, también sufren maltrato, especialmente cuando tienen ingresos bajos, educación limitada o provienen de entornos de clase trabajadora. En los últimos años, han percibido un aumento en la discriminación contra su propio grupo.

Las personas de ascendencia asiática enfrentan estereotipos dañinos y presiones sociales que se intensificaron durante la pandemia de COVID-19. Cuando la discriminación se cruza con la inseguridad financiera o el estatus migratorio, los efectos negativos en la salud se agravan.

¿Qué sigue?

Comprender cómo la discriminación afecta la salud permite crear políticas y programas que ataquen la raíz de las desigualdades en salud mental y frenen el aumento de la depresión y la ansiedad.

Este problema no se reduce a una división entre negros y blancos. Es una crisis de salud pública que afecta a toda la sociedad. Reconocer sus efectos nocivos es el primer paso para cambiar esta realidad.


Monica Wang es profesora asociada de salud pública en la Universidad de Boston.

Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.

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