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Que sí quede huella: Panam hace historia un paso a la vez

Así se mantiene vigente y creativa esta icónica marca mexicana con con más de seis décadas en el mercado del calzado deportivo

Que sí quede huella: Panam hace historia un paso a la vez [Foto: Brenda Peralta Huezo/FastCompany México]

Mi mamá medía 1.55 metros. Era de risa espontánea y contagiosa; tan grande que resonaba al otro lado del salón, a pesar de su pequeña complexión. Le gustaban los hombres altos y bigotones. Mi papá medía 1.80, era fornido y llevaba un bigote clásico, bien definido pero denso, lo que sugería que pasaba buen tiempo cuidándolo. Le gustaban las mujeres chaparritas y escandalosas.

Eran el match perfecto y, sin embargo, el flechazo inicial pegó en el blanco cuando ambos se miraron los pies y dijeron: “Me gustan tus tenis”. Los dos llevaban el clásico Campeón en azul y blanco de Panam.

Y es que, en 1979, Panam era una de las marcas de calzado deportivo más populares del país. Lejos estaban los tiempos en los que sus tenis eran solo un símbolo de comodidad para trabajadores y estudiantes. En los próximos años, se convertirían en “los campeones de la moda”, con personajes tan destacados como el ídolo del Cruz Azul, Miguel Marín, en sus comerciales. La década de 1980 sería para Panam su primera etapa de oro.

[Foto: Brenda Peralta Huezo/FastCompany México]

DE MÉXICO PARA EL MUNDO

Desde su fundación, esta empresa ha sido sinónimo de resistencia, creatividad y conexión con sus clientes. A pesar de los desafíos del mercado global, Panam sigue construyendo un legado que combina tradición e innovación.

Nacida como Producto Auténtico Nacional Mexicano en 1962, la misión de la empresa se centró en diseñar calzado cómodo. Y fue una buena década para incursionar en esta industria en México. 

Entre 1960 y 1979, el país vivió una transformación profunda, marcada por los avances en diseño, tecnología y otros cambios sociales. En los hogares mexicanos de la clase media comenzaron a convivir las licuadoras con los molcajetes; las lavadoras con los lavaderos, y los zapatos lustrados con los tenis de corte moderno.

En el ámbito económico, el entonces presidente, Adolfo López Mateos, implementó la política del
desarrollo estabilizador”, que permitió a México disfrutar de un periodo de crecimiento, con estabilidad en los precios y el tipo de cambio. Además, se fomentó la industrialización a través de la sustitución de importaciones y el fortalecimiento del mercado interno. 

Con ese modelo, el sector del calzado tuvo protección arancelaria ante productos extranjeros. Esto permitió a las empresas mexicanas crecer sin enfrentar presiones externas. Pero también creó una industria que no estaba preparada para competir a nivel global​.

RENACER DE LAS CENIZAS

Aunque ahora están ubicados en Cuautitlán Izcalli, Panam abrió su primera planta en Atizapán, que a mediados de la década de 1990 terminó hecha cenizas en un incendio. Ahí se fabricaron tenis para dos sectores fundamentales de la sociedad mexicana en ese tiempo: estudiantes y trabajadores. “Querían un modelo básico, funcional y duradero”, explica Paola Reglín, directora de marketing y comunicación de Panam.

Así nació el modelo “084 Campeón”, un diseño clásico en azul con blanco que, sin pretenderlo, se convirtió en un ícono cuando la gente comenzó a usarlo en actividades fuera de lo académico o laboral.

“Se convirtieron en parte de su vida diaria; entonces no era nada más el simple uniforme de la escuela o del trabajo, sino poco a poco lo fueron usando más”, comenta Paola. Este vínculo emocional con los consumidores trazó el rumbo de la marca.

A principios de la década de 1990, Panam aún dependía de su modelo clásico. Ya había ampliado los colores disponibles, y al modelo Campeón se le sumaron las combinaciones en verde y blanco, rojo y blanco, así como ejemplares en negro y blanco completamente.

Aún así vendría un nuevo reto. Con la llegada del Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN), marcas globales como Nike y Reebok comenzaron a inundar el mercado mexicano con diseños modernos y coloridos. Firmado en 1992 y vigente desde 1994, el tlcan fue como un gran “¿qué tal si nos llevamos bien para los negocios?”, entre México, Canadá y Estados Unidos. Con este acuerdo, se eliminaron o redujeron aranceles y barreras comerciales para facilitar el intercambio de bienes y servicios entre los tres países. 

México dejó de ser un jugador local para integrarse a la economía global. Se convirtió en una de las principales puertas de entrada al mercado estadounidense y canadiense. Sin embargo, mientras algunas empresas mexicanas brillaron, otras no lograron competir con las grandes marcas de Estados Unidos.

“Fue un momento clave para nosotros. Teníamos que decidir qué hacer frente a tanta competencia”, dice Rubén Ladowski, director comercial de Panam.

La respuesta de la firma fue dar un paso atrás, analizar su oferta y armar un plan para adaptarse a las demandas del consumidor. “De un modelo básico pasamos a tener más de 900 combinaciones de colores”, dice Paola. Este movimiento no solo revitalizó el modelo “Campeón”, sino que también solidificó su posición en el mercado.

Con el cambio de milenio, Panam se enfocó en un público juvenil, ansioso por seguir las tendencias en moda que acaparaban las revistas e inundaban los centros comerciales.

Para Rubén, una de las claves del éxito reciente de Panam ha sido el enfoque en las tiendas físicas. “Abrimos nuestra primera tienda monoproducto en 2015, en la Condesa”, recuerda. Esta estrategia permitió a la marca controlar su oferta y asegurar que los consumidores tuvieran acceso a la ya amplia variedad de productos.

Hoy, Panam cuenta con más de 220 tiendas en México, ubicadas tanto en calles como en centros comerciales. “Las tiendas nos permiten presentar la marca de forma más limpia y directa al consumidor”, explica Rubén. Este modelo elimina los intermediarios y garantiza que los consumidores la experimenten tal como fue concebida.

En su evolución, Panam ha querido mostrarse como más que una empresa de tenis. En 2017 lanzó su primera colección de ropa, que incluía sudaderas, playeras y chamarras. “No sabíamos cómo iba a reaccionar el mercado, pero la recepción fue increíble”, comenta Paola. Este éxito los motivó a diversificarse aún más, incluyendo accesorios como mochilas, bolsas y gorras.

En 2022, Panam se aventuró en un terreno completamente nuevo: perfumes. Su primera colección, “Raíces Inolvidables”, se inspiró en elementos tradicionales mexicanos como el cempasúchil, el cacao y el agave.

“Queríamos honrar nuestras raíces mientras explorábamos nuevas formas de conectar con nuestros consumidores”, dice Paola.

DE LO ARTESANAL A LO MASIVO

Recorrer una fábrica siempre tiene algo de fascinante. Sin embargo, la de Panam va más allá de lo habitual. Sus 15,000 metros cuadrados son una experiencia de diseño, creatividad y comunidad

“En Panam, 80% de los trabajadores son mujeres, muchas de ellas madres solteras que han encontrado en la empresa una fuente de sustento y comunidad”, destaca Paola.

Es una cifra interesante, teniendo en cuenta que la compañía ofrece fuentes de empleo, directas e indirectas, a 2,500 personas.

El lugar donde todo comienza es en los molinos de PVC. Es aquí donde este material se tritura hasta convertirlo en viruta que después será inyectada a través de tubos de calor para crear las suelas.

En la zona de producción, sorprende ver que desde el primer momento hay un proceso manual en cada etapa. Aunque hay maquinaria avanzada, el toque humano sigue siendo esencial. “Aquí seguimos necesitando de esta mano mexicana”, explica Paola durante un recorrido exclusivo para Fast Company México.

Con los patrones listos, los materiales pasan al área de corte. Aquí, los rollos de tela, forros y rellenos se extienden sobre mesas de trabajo. Las máquinas troqueladoras cortan las piezas con precisión quirúrgica. Cada pieza tiene su propósito. El empeine cubre la parte superior del pie. Los laterales llevan el emblemático logotipo en forma de “P”. La lengüeta conecta el empeine con los cordones. Y los refuerzos internos aseguran que el zapato tenga estructura y soporte.

Después del corte, cada pieza se revisa manualmente. “Una pieza mal cortada puede arruinar todo el zapato, por eso revisamos cada detalle”, menciona Paola.

[Foto: Brenda Peralta Huezo/FastCompany México]

La magia comienza cuando las piezas individuales se convierten en una unidad. En esta etapa, las operarias ensamblan el empeine, los laterales y la lengüeta para formar la capellada, que es la parte superior del tenis. Las costuras son clave aquí, porque no solo unen, sino que refuerzan la estructura.

Los refuerzos internos, como los de la punta y el talón, se añaden para garantizar durabilidad. “Cada puntada cuenta. Si una costura no está bien hecha, el zapato no cumple su propósito”, explica Paola.

El proceso de vulcanizado es lo que le da a los tenis Panam su resistencia característica. Aquí, la capellada y la suela de pvc se fusionan utilizando calor y presión en un molde metálico. Esta técnica no solo asegura que el zapato sea impermeable, sino que también lo hace duradero. Después de enfriarse, cada zapato pasa por una revisión minuciosa para detectar cualquier imperfección.

En la etapa final, se añaden los detalles que dan personalidad al zapato. Desde los logotipos hasta los cordones, cada elemento se coloca cuidadosamente. Los bordes y costuras se limpian, y cualquier residuo de pegamento se elimina. Todo a mano.

Con los tenis listos –cerca de 80,000 pares fabricados por semana– comienza el viaje hacia el consumidor. Cada par se coloca en una caja etiquetada con detalles como modelo, talla y color. Los tenis se agrupan en lotes y se almacenan antes de ser enviados a puntos de venta o directamente a los clientes.

“Cada caja lleva un poco de nosotros. Es un orgullo saber que algo hecho aquí llegará lejos”, dice Paola.

DEL SUEÑO AL SUELO

En el corazón de una fábrica llena de actividad, entre el ruido de las máquinas y las alarmas de los montacargas, está el taller de diseño, donde el equipo creativo de Panam comienza a crear historias. Ahí nacen los modelos que pisarán las calles de México y más allá. 

[Foto: Brenda Peralta Huezo/FastCompany México]

Adrián Gallardo, jefe de diseño e innovación, y Beatriz Maldonado, diseñadora adjunta, son los creativos detrás de estas piezas. Para convertirse en algo tangible, todo empieza con una lluvia de ideas sobre look, estilo, materiales y posibles colaboraciones.

Adrián tiene una manera única de observar el mundo. Para él, todo lo que ve puede ser inspiración. “Yo miro todo, desde un carro hasta los colores que la gente lleva en la calle”, explica mientras muestra un par de tenis con una textura similar al traje de Deadpool. Para este diseño, la idea fue más allá de lo visual. “Queríamos que la textura contara algo, que se sintiera como el personaje”. 

“Bea”, por su parte, habla sobre el equilibrio entre lo práctico y lo creativo. “Cuando empezamos con una idea, la aterrizamos en lo comercial. Queremos que funcione en la calle, pero también en la vida de quien los usa”, explica mientras sostiene un modelo con una pequeña bolsa funcional en la lengüeta, resultado de una colaboración con un joven influencer.

Panam no usa piel. Su compromiso con materiales sintéticos se basa en la capacidad de simular texturas y crear acabados únicos. Adrián señala una pared llena de libros de muestras. “Esto es como nuestro archivo. Aquí decidimos qué queremos: un rojo vino, un azul Caribe, algo que capture la esencia de México”. Cada material tiene una historia detrás.

La selección no se limita a la estética. Bea explica que también evalúan la funcionalidad. “Si el material estira demasiado, el zapato pierde forma. Así que revisamos todo, desde la elasticidad hasta el espesor, para asegurarnos de que sea práctico”.

El taller de diseño está lleno de energía, iluminado por una luz que se cuela entre las persianas y baña todo en un resplandor cálido. Se puede sentir el ingenio fluir. En las paredes hay un collage de ideas, notas, esquemas y garabatos, una especie de memoria de cómo cada producto da sus primeros pasos. 

Aquí se filtran las tendencias globales para adaptarlas a las necesidades del mercado mexicano.

“No podemos seguir ciegamente las modas europeas. Lo que funciona allá no siempre conecta aquí”, explica Adrián, mientras muestra un modelo diseñado específicamente para el clima y el gusto local.

Al entrar, te recibe una explosión de colores: muestras de telas perfectamente organizadas cuelgan de la pared, formando un arcoíris de posibilidades. Todo está colocado con esmero, como si cada color tuviera su propio espacio para respirar, aunque el lugar exhala un caos controlado que grita: ¡aquí hay creatividad! En las mesas, hay libros de texturas y diseños que invitan a tocar y explorar, mientras que un par de tenis con llamas en sus costados descansa en un rincón, como si esperara ser el protagonista de alguna historia urbana. 

Cada muestra de zapato tiene su propio carácter: algunos son atrevidos, con colores vibrantes y texturas inusuales (como peluches), mientras otros son más sobrios, pero no menos impresionantes.

Todo el proceso es colaborativo. Desde la idea inicial hasta la muestra final, cada paso se construye en equipo. 

Para Adrián, esto es más que diseño; es comunidad.

“Panam es amor. Lo ves en la planta, en las historias de quienes trabajan aquí y en cómo los consumidores defienden la marca en redes sociales”, concluye.

[Foto: Brenda Peralta Huezo/FastCompany México]

DEL LIKE A LA COLABORACIÓN

Panam no busca pagar campañas con influencers, sino construir algo auténtico. Adrián y Bea trabajan directamente con creadores de contenido para desarrollar conceptos que resuenen con sus públicos.

“Les pedimos que vuelen con sus ideas, pero también los guiamos. No todo es viable comercialmente, así que les sugerimos alternativas”, comenta Bea.

Y es que Panam entendió que las colaboraciones pueden ser un vehículo para contar historias. Desde diseños inspirados en la cultura mexicana, hasta modelos basados en personajes de la cultura pop, cada proyecto refleja un compromiso con la autenticidad. Un ejemplo es la Bota Coyote Esen Alva, diseñada en colaboración con uno de los tiktokers más populares del Estado
de México, que fue un éxito. 

El diseño destaca por una paleta de colores que captura la riqueza de la tierra mexicana: un verde vibrante que recuerda los paisajes naturales, combinado con tonos beige y marrón cálidos que evocan las calles y paisajes del Estado de México. Estos colores se complementan con un blanco fresco que da equilibrio y resalta los demás tonos, creando una armonía visual que no pasa desapercibida.

Los talones presentan bordados únicos: un contorno del mapa del Estado de México en un pie y un diseño estilizado del planeta en el otro. Es un recordatorio de la conexión entre lo local y lo global, de cómo las raíces pueden alcanzar el mundo entero.

La empresa también ha trabajado en colaboración con otros influencers, como Luisito Comunica y Cabeza De Tenis, así como con marcas como Farmacias Similares y Cerveza Victoria. 

Sin embargo, no todas las ideas vuelan ni llegan al mercado. “A veces, los creativos vienen con propuestas que no son viables comercialmente. Nuestro trabajo es guiarlos para que su visión se adapte a lo que el mercado necesita”, comenta Adrián.

EL DESAFÍO DE MANTENERSE FIEL A MÉXICO

Lo que distingue a Panam no son sus producto finales, sino lo que hay detrás. Desde los diseñadores que transforman ideas en patrones hasta las operarias que cosen cada pieza, cada persona aporta algo único. La planta es más que un lugar de trabajo; es una comunidad.

“No solo fabricamos tenis; creamos algo que representa nuestra cultura y nuestra historia”, dice Paola.

La filosofía de Panam es clara: todo debe hacerse en México. Desde los materiales hasta la producción, la empresa busca apoyar a la industria local. Esto no siempre es fácil. “Podríamos enviar un diseño a China y tenerlo listo en 15 días, pero no es nuestra forma de trabajar. Aquí hacemos todo desde cero, con materiales y máquinas mexicanas”, explica Adrián.

Este compromiso tiene un impacto significativo. “En León, Guanajuato, tenemos proveedores que están a la par de cualquier industria del mundo. Esto nos permite competir en calidad sin perder nuestra esencia”, agrega.

Sin embargo, la competencia es feroz. Grandes marcas internacionales dominan el mercado con estrategias agresivas y productos hechos en masa. “No le tenemos miedo a nadie –dice Adrián con determinación–. Vamos despacio, pero con pasos firmes”.

Paola explica que, hoy, 40% de las ventas de Panam provienen del icónico modelo Campeón y 60% restante viene de las nuevas construcciones, como botas y otros diseños más arriesgados. 

“Le teníamos mucho respeto al Campeón, casi no queríamos tocarlo”, comenta Adrián. Pero las necesidades de los consumidores llevaron a la empresa a hacer mejoras significativas.

Hoy, el Campeón viene con una plantilla más cómoda, espuma en el cuello y una lengüeta mejorada. “Es como meter el pie en una nubecita”, dice Adrián entre risas. Estas mejoras no solo hacen que el modelo sea más cómodo, sino que también refleje el compromiso de Panam con la calidad.

CON PASO FIRME HACIA EL FUTURO

Aunque Panam sigue siendo una marca profundamente mexicana, su expansión hacia Estados Unidos y otros mercados es una realidad. A través de su plataforma de comercio electrónico, la marca ha llegado a consumidores en lugares como Guatemala, Brasil y Colombia. Y es que, actualmente, 20% de sus ventas proviene de este canal. “La respuesta ha sido increíble. Nos escriben personas de todo el mundo que quieren nuestros productos”, comenta Paola.

Rubén enfatiza que esta expansión internacional no significa abandonar los principios que han definido a Panam. “Seguimos siendo una marca que hace todo en México. Nuestro compromiso es con la industria local”, afirma.

Para muchos, Panam es un recuerdo de su infancia, un tenis que usaron para ir a la escuela o jugar en la calle. Sin embargo, ha sabido reinventarse para conquistar a nuevas generaciones. “Queremos ser más que un recuerdo. Queremos que Panam sea una elección para todos, desde los que nos conocen de toda la vida, hasta los que apenas nos están descubriendo”, dice Rubén.

El resurgimiento de Panam ha sido impulsado por diseños frescos, estrategias audaces, un enfoque en la calidad y, sobre todo, por su gente. “Hoy podemos competir con cualquier marca global. No somos una marca que se quedó en el pasado; somos una marca que mira al futuro”, asegura Paola.


Este artículo fue publicado en la primera edición impresa de Fast Company México, en marzo de 2025.

Author

  • Emma Sifuentes

    Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México, cuenta con más de 20 años de experiencia en la comunicación, tanto en el sector público, como en el privado. Como editora, busca contribuir a la conversación sobre cómo moldear un futuro que valore la humanidad, la justicia y la igualdad.

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Sobre el autor

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México, cuenta con más de 20 años de experiencia en la comunicación, tanto en el sector público, como en el privado. Como editora, busca contribuir a la conversación sobre cómo moldear un futuro que valore la humanidad, la justicia y la igualdad.

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