El wellness dejó de significar únicamente gimnasios, spas o tratamientos de relajación. En 2024, la economía global del bienestar alcanzó un valor de 6.8 billones de dólares (un crecimiento de 7.9% frente al año anterior), de acuerdo con el Global Wellness Economy Monitor 2025 del Global Wellness Institute (GWI).
La organización proyecta que el mercado crecerá a una tasa anual de 7.6% entre 2024 y 2029, hasta alcanzar cerca de 9.8 billones de dólares. Ese ritmo supera el crecimiento anual estimado de 4.5% para la economía global durante el mismo periodo.
México no está fuera de esa expansión. Según los datos más recientes del GWI, el país registró en 2024 una economía wellness de 98,000 millones de dólares, con un crecimiento anual compuesto de 9.8% entre 2019 y 2024. Eso coloca a México en el lugar 15 entre los mayores mercados nacionales de wellness del mundo.
La pregunta pendiente es cuánto de ese crecimiento puede capturar, específicamente, Ciudad de México. El GWI no desglosa la cifra nacional por ciudad, así que la respuesta, por ahora, es especulativa.
Una ciudad con consumidores, turismo y capital internacional
La capital mexicana cuenta con una de las plataformas turísticas más grandes del país. En 2025 recibió más de 15 millones de turistas y 62.3 millones de visitantes, mientras que la actividad turística generó una derrama económica de 159,000 millones de pesos (alrededor de 10% del PIB de la ciudad), según datos de la Secretaría de Turismo de Ciudad de México.
El turismo internacional también pesa: la dependencia capitalina ha señalado que la ciudad concentra cerca de 30% de los turistas internacionales que llegan al país.
Ese flujo constante crea, en teoría, un mercado potencial para experiencias que combinan hospitalidad, salud, actividad física y recuperación. Pero el crecimiento del wellness también refleja un cambio de comportamiento más amplio: el gasto en salud preventiva empieza a competir con categorías que antes eran sinónimo de consumo premium, como la moda o los viajes de lujo.
Hayley Mullen, fundadora de Teva Wellness Lifestyle, describe ese cambio desde su experiencia con clientes empresarios y ejecutivos.
“La gente está empezando a preguntarse no solamente cuánto dinero puede ganar, sino cuánto tiempo puede tener para disfrutarlo y cómo quiere sentirse durante esos años. El wellness está pasando de ser algo que haces cuando tienes tiempo a algo alrededor de lo cual estás diseñando tu vida”, explica Mullen.
Es la lectura de una empresaria sobre su propio mercado, y conviene tomarla como tal: una hipótesis de negocio, no un dato verificado sobre el consumidor mexicano en general.
Del gimnasio al ecosistema wellness
Teva nació de una frustración personal. Después de vivir 17 años en Cancún, Mullen, empresaria británica, se mudó a Ciudad de México sin una red social propia. Buscaba cuidar su salud, sí, pero también encontrar un espacio donde conocer personas con intereses y estilos de vida similares.
Los gimnasios que encontró quedaban lejos de su casa o funcionaban con horarios que no se ajustaban a su agenda. Los estudios especializados, por su parte, estaban concentrados en una sola disciplina y dependían de calendarios fijos. Incluso probó Pilates: pagaba alrededor de 10,000 pesos mensuales por tres sesiones semanales, pero las clases individuales no resolvían su necesidad de comunidad, y sus propios horarios terminaron por hacerle perder sesiones.
La solución llegó casi por accidente. El edificio donde rentaba su departamento tenía un espacio en la Torre Omega que originalmente se había considerado para un gimnasio. Mullen, sin experiencia previa en la industria fitness, decidió convertirlo en un negocio propio.
“¿Qué sabes de gimnasios?”, recuerda que le preguntaron. Su respuesta fue que ya había construido negocios en industrias que no conocía, y que podía volver a hacerlo.
El concepto tardó cerca de un año en desarrollarse. La premisa: si el principal obstáculo para cuidar la salud de una persona ocupada es la falta de tiempo, el producto debe eliminar la mayor cantidad posible de fricciones. En Teva, eso se traduce en combinar entrenamiento, clases, recuperación, alimentación y espacios de comunidad bajo un mismo techo.
“Soy una persona con una agenda complicada. Siempre tengo una llamada, una reunión o una razón para no hacer algo. Entonces pensé que, si podía diseñar un espacio donde fuera más difícil no cuidarte que cuidarte, probablemente estaba resolviendo un problema que muchas otras personas también tenían”, señala Mullen.
Es un argumento de producto razonable, aunque también uno que cualquier fundador haría sobre su propio negocio. Falta, por ahora, evidencia externa sobre si el modelo retiene clientes mejor que el gimnasio tradicional o el estudio especializado que reemplaza.
El crecimiento de la longevidad cambia la conversación
La evolución del mercado también está desplazando la conversación del fitness hacia la longevidad y la prevención. El Global Wellness Institute identifica a wellness real estate y mental wellness como dos de los segmentos de mayor crecimiento entre 2019 y 2024, con tasas anuales de 19.5% y 12.4%, respectivamente. Para 2024, el segmento de wellness real estate alcanzó 548,400 millones de dólares y el de mental wellness, 268,300 millones.
El wellness tourism, o turismo de bienestar, sumó 893,900 millones de dólares en 2024, y el GWI prevé que llegue a 1.38 billones de dólares en 2029.
En Teva, Mullen asegura que esta tendencia ya se refleja en las conversaciones con sus clientes. La empresa trabaja en la implementación de un laboratorio de longevidad, aunque la fundadora es explícita sobre los límites de una industria en la que, dice, abundan productos sin suficiente respaldo científico.
“Hay mucha gente vendiendo péptidos, células madre y soluciones de longevidad sin que necesariamente exista detrás la ciencia que debería existir. Nosotros queremos hacer lo contrario: si vamos a entrar en longevidad, queremos hacerlo con los mejores profesionales, los mejores productos y evidencia”, asegura Mullen.
Vale la pena marcar la distancia aquí: es una declaración de intención, no una certificación. Ni Teva ni Mullen han detallado públicamente qué protocolos científicos respaldarán ese laboratorio.
El GWI señala, por su parte, que la economía wellness ya equivale a 60% del gasto mundial en salud (público y privado combinado), aunque se trata de categorías económicas distintas y no directamente comparables entre sí.
La oportunidad para Ciudad de México
El mercado mexicano representa 98,000 millones de dólares dentro de la economía global del wellness, con un crecimiento de 9.8% anual entre 2019 y 2024, según GWI. Ciudad de México cuenta con una economía turística en expansión, conectividad internacional y una población de consumidores que mezcla ejecutivos, emprendedores, extranjeros y visitantes internacionales: 15.6 millones de turistas, 62.3 millones de visitantes y 159,000 millones de pesos de derrama turística en 2025.
Eso no significa que la capital tenga garantizado un lugar como hub global de wellness. El dato nacional tampoco permite atribuir automáticamente los 98,000 millones de dólares de México a Ciudad de México específicamente; es una cifra país, no una cifra ciudad.
Lo que sí existe es un mercado lo bastante grande como para que empresarios como Mullen intenten construir categorías nuevas alrededor de él. La propia fundadora considera que Teva podría abrir más ubicaciones en el futuro. Por ahora, la apuesta es probar si una premisa sencilla puede convertirse en un modelo de negocio replicable: cuando el consumidor premium ya no necesita más opciones sino menos fricciones, el wellness deja de competir contra otros gimnasios y empieza a competir contra la agenda de sus clientes.
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