Astas de bandera extra altas, un salón de baile de 400 millones de dólares y muchísimo oro. Durante el primer año de su segundo mandato, Trump ha estado ocupado remodelando el número 1600 de la Avenida Pensilvania a su imagen.
La rapidez y el bajo coste tienen un precio: la pérdida de autenticidad. Y es que, cada vez más consumidores se preguntan si pueden confiar en lo que ven.