
Encender un auto con una llave electrónica es más que confort. La fabricación de estos controles implica complejos procesos de manufactura y logística facilitado por el acuerdo de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Los efectos de los aranceles que Donald Trump prentende imponer podrían poner en riesgo toda esta cadena.
Los “key fob“, o pequeños controles que prenden un vehículo con un botón, se ensamblan en México. Pero cruzan varias veces las fronteras de Norteamérica antes de estar terminadas, como un sinnúmero de autopartes y productos que abastecen este enorme mercado.
Sin embargo, ese flujo (que en algunos casos demanda hasta ocho cruces fronterizos y saca provecho de las diferentes capacidades productivas) se verá afectado si en cada etapa los empresarios tienen que pagar un arancel.
Aquí una descripción del proceso de manufactura de una key fob en Guadalajara y los efectos que tendrían los aranceles, que Trump esgrime como arma para corregir desbalances comerciales y presionar a México y Canadá a contener la migración y el narcotráfico.
China es el inicio del proceso
Uno de los principales insumos es la tarjeta electrónica PCB, proveniente de China y en la que se colocan los componentes que accionan funciones como apertura y encendido. Estos circuitos representan una de las principales compras de México a China, según cifras oficiales.
Tanto Trump como Canadá acusan a México de ser puerta de entrada de productos chinos en la región, pero la presidenta Claudia Sheinbaum niega ese señalamiento y prepara un plan para sustituir importaciones chinas.
Según el gobierno mexicano, los automóviles ensamblados en el país solo tienen 7% de componentes chinos.
Cruzar fronteras
Tras el arribo de las tarjetas, comienza el ensamblaje de miles de llaves en una fábrica de Guadalajara, visitada por reporteros de AFP.
Durante ese proceso, la pieza puede salir a Estados Unidos y volver a México. El número de veces depende de factores como la marca del auto, la ubicación de los proveedores o la complejidad del armado.
“Puedo meter (un producto) a la planta, sacarlo a que se pinte y volverlo a ingresar a mi producción (…) Hay intercambio entre países para continuar con los procesos”, explica Hernán Dueñas, gerente de logística de la fábrica, que pidió la reserva de su nombre por acuerdos de confidencialidad con sus clientes.
No es casualidad que las key fob sean hechas en México: este país es el séptimo mayor productor de automóviles y alberga armadoras de Ford, General Motors, Honda, Toyota, Volkswagen, BMW y Audi, que emplean miles de proveedores y personal calificado.
Por ello la industria automotriz –que representa 3.6% del PIB mexicano– es emblema de la integración del T-MEC.
Docenas de insumos y proveedores
Luego de pasar por máquinas que sueldan sus componentes, la tarjeta electrónica se corta e inserta en una carcasa y se añaden los botones. En total la llave acopla 54 componentes de 22 proveedores de Asia, Norteamérica y Europa. Algunos insumos son producidos en México o llegan vía aérea o marítima, lo que puede tomar hasta seis meses.
Posteriormente, un proceso mecanizado verifica que los botones funcionen.
El ensamblaje continúa en otras fábricas donde instalan al automóvil un módulo, que se configura con la llave para controlar las luces o el limpiaparabrisas.
Bajo las reglas del T-MEC, negociado durante el primer mandato de Trump (2017-2021), 75% del contenido de un vehículo debe ser producido en Norteamérica para estar libre de aranceles.
Mediante el “Plan México”, Sheinbaum busca aumentar 15% el contenido nacional en las cadenas de valor en este sector y otros como el aeroespacial.
Golpe a las finanzas de la cadena
Para Hernán Dueñas y otros miembros de la industria, el mayor beneficio del T-MEC es la ausencia de aranceles, pero también una “relación de confianza” que dinamiza los procesos. “Llevamos una prioridad en la pila de proveedores, del montón de países (…) de donde vienen los materiales, que nos ayuda a que esto sea más rápido y menos costoso”, destaca.
Pero esas facilidades se irían al traste si desde el 4 de marzo se tiene que pagar un arancel cada vez que estos bienes crucen las fronteras. “La dinámica de la producción no va a soportar”, advierte Philippe Waechter, jefe de investigación económica en la firma financiera Ostrum.
“Podríamos imaginar un bloqueo” del mercado automotor e “inmediatamente un aumento de 3,000 dólares en el precio (promedio) de los automóviles”, añade.
Por Yussel Gonzáez | AFP