
A raíz de la pandemia, la necesidad de espacios públicos –sobre todo en las ciudades– fue clara: con familias enteras viviendo en departamentos de 60 m², el miedo al contagio en lugares cerrados y la falta de movilidad, los parques y áreas abiertas se convirtieron en una solución para enfrentar el confinamiento, la falta de espacio, de actividad física y de naturaleza. Ciudad de México goza de una infinidad de espacios públicos, pero no todos aprovechan su máximo potencial.
“Una ciudad con más acceso a espacio público verde es una ciudad más justa, más equitativa, más saludable”, afirma Fernanda Rionda, presidenta de la Sociedad de Arquitectos Paisajistas de México.
ara Fernanda, el paisajismo sostenible no solo embellece: ofrece soluciones reales a las crisis ambientales y sociales que enfrenta la capital.
Los espacios públicos deben reinar sobre los privados, sobre todo en lugares como Ciudad de México, que experimenta inundaciones, sequías, olas de calor y mala calidad del aire.
Las áreas verdes inciden directamente en la calidad de vida de la gente. Contar con parques cercanos, bien diseñados y mantenidos, impacta la salud física, mental y comunitaria.

Soluciones basadas en la naturaleza
El paisajismo sostenible propone integrar la naturaleza como aliada.
Más vegetación en la ciudad no solo es estética: ayuda a reducir la temperatura urbana, capta contaminantes, controla escorrentías y mejora la biodiversidad. Esto se debe a que es transdisciplinaria y se cruza con la ecología, la arquitectura, la sociología y el urbanismo.
“Un buen diseño de paisaje puede bajar hasta cinco grados la temperatura en zonas densas”, señala Rionda. Para lograrlo, y para que cualquier paisaje tenga éxito, el agua como eje rector. “Si no hacemos algo con el agua, nos vamos a colapsar”.
La Ciudad de México depende de fuentes externas como el sistema Cutzamala y sobreexplota sus acuíferos. Por eso, cada proyecto urbano debería integrar estrategias de captación, reinfiltración y aprovechamiento del agua de forma sistémica y visible.

Desigualdad verde: los retos del paisajismo público en México
La visión de Fernanda va más allá del diseño estético. Para ella, el paisajismo debe generar cambios reales y para que esto suceda debemos superar la desigualdad verde. Esta incluye temas de distribución de áreas, su cuidado, así como la educación que implica tenerlas.
“Es fundamental educar a la ciudadanía para que valore, respete y proteja el paisaje. No se trata solo de que se vea bonito sino de los servicios que les brinda”, dice.
Para enfrentar temas de presupuesto y cuidado, Fernanda promueve el paisajismo naturalista –una alternativa menos ornamental y más alineada con los ciclos de la naturaleza–. Esto implica aceptar que algunas plantas se sequen en invierno, que los espacios verdes evolucionen con el tiempo y que esa espontaneidad también tiene belleza y propósito.
Pero quizá el reto más urgente es la desigualdad verde. Proyectos como Chapultepec: Naturaleza y Cultura —que incluyó la inauguración de la cuarta sección del bosque de Chapultepec— buscan abordar el problema fundamental en Ciudad de México: 51% de las áreas verdes en la capital se concentran en zonas privilegiadas mientras otras apenas cuentan con espacios públicos funcionales.
El futuro del paisajismo urbano –considera Fernanda– requiere tres cosas: coordinación gubernamental, impulso a las plantas nativas y una participación ciudadana más activa.
“El futuro ya nos alcanzó –dice–. Ya no es una opción ser verdes. O lo hacemos bien o pagamos las consecuencias”.