ADVERTISEMENT

| News, Work Life

Cómo ser un jefe menos intimidante (sin bajar tus estándares)

Ser intimidante a veces es inconsciente, pero puede que tu equipo no confíe en ti.

Cómo ser un jefe menos intimidante (sin bajar tus estándares) [Foto: [Fuente Foto: Freepik]

¿Tu equipo se siente intimidado por ti? Y si es así, averigua.

Muchos líderes crean, sin intención o inconscientemente, un entorno basado en el miedo, ya sea a través de su estilo de comunicación, su toma de decisiones o incluso el ritmo que esperan de su equipo.

Un estudio realizado por OnePoll y la empresa de software de RH Bambee reveló que 60% de los trabajadores estadounidenses se sienten demasiado intimidados para acudir a su jefe o gerente para resolver un problema. Esto es significativo, considerando que los jefes tienen un impacto desproporcionado en el bienestar de los empleados. El Workforce Institute de UKG descubrió que la influencia de un gerente en la salud mental de un empleado es igual a la de su cónyuge o pareja y mayor que la de su médico o terapeuta.

La buena noticia es que una vez que tomas conciencia de los comportamientos que se perciben como intimidantes para tu equipo, puedes concentrarte en cambiarlos.

Evita hablar como si estuvieras imponiendo

Cuando invitas a tu equipo a participar, hay una regla sencilla: mientras más “perfecto” o terminado se vea algo, menos probable es que la gente se atreva a opinar. Se percibe que la ventana para aportar ideas cerró. Lo mismo ocurre cuando usas frases impositivas en reuniones, como “Este es el plan” o “Eso no funcionará”: tu lenguaje transmite que las decisiones ya están tomadas y que lo que queda es simplemente obedecer.

En lugar de eso, deja algunas ideas abiertas para fomentar la conversación. En vez de decir “Vamos a seguir con el enfoque X”, prueba con algo como: “Esto es lo que pienso, pero estoy abierto a otras ideas” o “Me inclino por esta dirección. ¿Qué me estoy perdiendo?”. La intimidación disminuye cuando tu equipo ve que tu pensamiento todavía está en proceso y que sus aportes son bienvenidos.

Cuida los desacuerdos

Dices que quieres un debate abierto. Pero si te pones a la defensiva o te muestras molesto cuando desafían lo que dices, solo generas temor. Tus empleados perciben tu nivel de estrés y guardan silencio la próxima vez. 

En cambio, normaliza el desacuerdo. Intenta decir: “Ese es un reto valioso, María, sigue así…” o “Me alegra que lo hayas mencionado, Marco”. Estas respuestas dejarán claro, en tiempo real, que ves el desacuerdo como una forma de interacción grupal.

Mientras lo haces, intenta mantener una expresión facial neutral incluso mientras reflexionas sobre las opiniones desafiantes: sin fruncir el ceño, poner los ojos en blanco ni hacer muecas. Lo que buscas es transmitir aceptación y curiosidad por el otro.

Interésate en tu equipo

Si el contacto con tu equipo se siente rígido, estás perdiendo grandes oportunidades para generar confianza. Puedes maximizar las interacciones informales, como caminar juntos a una reunión, platicar en mensaje, o en el pasillo, mostrando curiosidad e interés.

Por ejemplo, puedes hacer un recordatorio de algo que te hayan mencionado antes, como “¿Cómo va este proyecto?” o “¿Cómo te fue en el fútbol de la semana pasada?”. Esto demuestra que realmente escuchas y crea instantáneamente un tono más humano. 

También puedes resistirte y empezar a trabajar de inmediato en las reuniones de equipo. Para crear un ambiente más cordial, empieza haciendo una pregunta al grupo que no se limite al trabajo: “¿Qué logro tuviste recientemente, ya sea personal o profesional, grande o pequeño?”. 

Hablar demasiado

Si quieres que tu equipo se exprese y aporte sus mejores ideas, necesita espacios, pausas y pausas en la conversación para lograrlo. En lugar de narrar cada reunión como si fuera un evento excepcional, deja algunas oportunidades intencionalmente. 

Podrías preguntar:”¿Qué opinas de esto?” mientras haces una pausa y observas al grupo con anticipación, o pedirles que compartan una oportunidad que vean con la nueva dirección y una inquietud que puedan tener. Incluso puedes dividir la agenda con antelación si quieres asegurar que varias personas tengan la oportunidad de hablar. 

Deja de pretender perfección

Te garantizo que has tenido algún un momento de sobresalto que fue una excelente experiencia de aprendizaje. Cuando intentes comunicar un mensaje al equipo, recurre a una historia personal (mejor aún si no fuiste el protagonista). Quizá no te comunicaste bien en un proyecto, lo que provocó un malentendido. O no pediste ayuda ni una vez y pasaste tres días resolviendo un problema tú mismo innecesariamente. Quizá un cambio disruptivo en toda la empresa que estresa a tu equipo también te está poniendo un poco nervioso. 

Compartir algunas de tus preocupaciones y debilidades te ayuda a generar confianza y mantenerla real (sí, incluso aquella vez que accidentalmente dijiste “te amo” al cerrar sesión en una reunión de Zoom).

Ser intimidante es inconsciente muchas veces. Pero si nadie te desafía, podría ser señal de que tu equipo siente la presión de reprimir sus verdaderos pensamientos y sentimientos. Humaniza tu liderazgo integrando estas pequeñas acciones y crearás un ambiente seguro.

Author

Author

Sobre el autor

Es conferencista en liderazgo y promoción personal. Es autora del best seller Quick Confidence.

ADVERTISEMENT

ADVERTISEMENT