[Foto: Armando Tovar/Fast Company México]
Llegué al evento de Netflix a las 9:30 de la mañana (horario absolutamente salvaje para anunciar cosas de showbiz) todavía procesando que Frankenstein, de Guillermo del Toro, había recibido nueve nominaciones al Oscar esa misma madrugada —en total, Netflix se llevó 18, por si alguien está llevando el marcador—.
Maldición, volví a caer en la trampa. El evento, o su parte noticiosa –la conferencia de prensa– empezó hasta las 11:00 a.m., después de un bufet demasiado fit para los atascados y demasiado atascado para los fit: jugo verde, pudín de chía con frutos rojos, toast de humus de betabel, bagel de salmón y panquecillos varios.
El evento se llamaba “¿Qué sigue?” –literalidad adorable, sin pretensiones–, estaba tematizado con cartas de tarot porque aparentemente el futuro es misterioso y Netflix es tu amiga que lee el destino –yo también estaría confundido, pero sígueme la corriente–. La idea era presentar las series y películas con el sello de Hecho en México que la gran N roja lanzará este año.
La encargada de la presentación fue Carolina Leconte, vicepresidenta de contenido para México y Licensing Latinoamérica de Netflix, con su ya famosa big energy que crece y crece conforme se va emocionando con cada título que nos revela.
Como quedó establecido en la edición impresa #2 Fast Company México, Carolina es colombiana. Su acento la delata. Pero también es mexicana –dice– por la misma vía que Chavela Vargas, quien nació en Costa Rica y aseguraba que: “Los mexicanos nacemos donde se nos pega la gana”, y porque tiene tres hijos mexicanos, un esposo mexicano y una suegra mexicana. Nada que discutirle. Caro, hermana, ya eres mexicana.
¿Se acuerdan que en febrero de 2025 Ted Sarandos, co-CEO de Netflix, anunció una inversión de 1,000 millones de dólares en México en los siguientes cuatro años? Yo sigo sin superarlo, amigos, porque la cifra es de esas que te hacen parpadear dos veces para confirmar si leíste bien.
Resulta que era en serio, así que este año tenemos que hablar de tanques de agua gigantes y actores entrenando seis semanas para nadar como si sus vidas dependieran de ello –literalmente, porque están filmando un huracán– y Diego Luna haciendo su magia en una película sobre cómo México echó mano de todos sus triquiñuelas para quedarse con el Mundial de 1986.
“Una inversión que ya está cobrando vida, que ya se está viendo y que habla sobre todo de algo que para mí es muy importante: el respaldo que tiene Netflix en México”, dijo Carolina ante una sala llena de periodistas e influencers del showbiz.
Lo que sigue, pues. Y lo que sigue es México con todo. Lo que sigue es mucho.
México 86 o cómo el torneo fuera de la cancha
Empecemos con la obvia: 2026 es año de Mundial y México es la sede (bueno, México, Estados Unidos y Canadá, pero no arruinemos el momento) y obviamente Netflix va a hacer una película al respecto. “Todos, evidentemente, queremos ser parte de este evento y vivir la pasión del futbol”, dijo Carolina.
Pero aquí está la gambeta perfecta: no hizo una película sobre el Mundial de 2026. Hizo una película sobre el Mundial de 1986, que es –y escúchame bien porque esto es importante– probablemente la cosa más mexicana que ha pasado en la historia del deporte mundial. Vamos, la mascota era un chile jalapeño bigotón, panzón y sombrerudo llamado Pique.
“México 86 es nuestra gran película de este año que va a reflejar cómo nosotros los mexicanos, de la manera más ingeniosa/muy ingeniosa –apruebo y aplaudo el uso del / en el discurso–, logramos que México llegara a convertirse en sede del mundial”.
Protagonizada por Diego Luna (OBVIO, ¿quién más va a protagonizar la película sobre cómo México se hizo sede del Mundial usando pura maña e ingenio?), cuenta cómo es que este país logró organizar el torneo después de que Colombia dijera “saben qué, no podemos” y el mundo entero se quedó viendo como “¿y ahora qué hacemos?”.
El teaser que nos mostraron es básicamente un curso intensivo de negociación mexicana: triquiñuelas, dádivas en forma de maletas de dinero, fiestas locas con tequila y música de Chico-Che. Karla Souza, Daniel Giménez Cacho y Álvaro Guerrero están ahí también y la película promete ser exactamente lo que necesitamos justo antes de que llegue el Mundial de verdad: un recordatorio de que nadie hace las cosas como las hacemos nosotros, para bien o para mal, pero siempre de manera memorable.
Gael García llega a la casa de la N
Mira, cuando escuchas “el primer proyecto de Netflix con Gael García Bernal” tu cerebro automáticamente asume ciertas cosas: drama, peso actoral, probablemente algo que te va a hacer sentir cosas incómodas pero importantes. Y sí, todo eso aplica para Santita —que se estrena en abril, márquenlo en sus calendarios— pero también pretende ser algo completamente diferente a todo lo que hemos visto de él o de Netflix o de, honestamente, la televisión mexicana en general.
La serie (protagonizada por Paulina Dávila junto a Gael) sigue a una mujer en silla de ruedas que pierde un gran amor y decide… no sé cómo explicarlo sin arruinar la experiencia, pero básicamente decide vivir la vida de una manera tan irreverente, tan absurda y tan real que termina siendo más honesta que 90% de las cosas que vemos en pantalla.
“Santita es de esos contenidos que son completamemte atípicos”, dijo Carolina durante el Q&A, y pudimos ver en su cara esa mezcla de emoción y nerviosismo de quien sabe que está apostando por algo que no se parece a nada más. “Habla de una realidad, de una irreverencia, de una manera absurda de ver la vida”.
Y aquí está lo bonito: que dos actores del calibre de García Bernal y Dávila hayan leído el guion y dicho “sí, esto, quiero hacer esto” ya te dice todo lo que necesitas saber sobre qué tan especial es la historia. Porque a ese nivel de carrera ya no aceptas proyectos por compromiso o por cheque (bueno, a veces sí, todos tenemos que pagar la renta), pero cuando ambos dicen que sí es porque encontraron algo que vale la pena.
Netflix apostó mil millones de dólares a México y lo que acaban de anunciar es una locura hermosa
Mira, voy a ser honesto contigo: llegué al evento de Netflix a las 8 de la mañana (sí, las OCHO de la mañana del miércoles, horario absolutamente salvaje para anunciar cosas de entretenimiento) todavía procesando que Frankenstein había recibido nueve nominaciones al Oscar esa misma madrugada —Netflix en total se llevó 18, por si alguien está contando— y pensando que bueno, va a estar padre ver qué tienen planeado para 2026, probablemente algunas series, tal vez una película grande, lo de siempre.
Y entonces Carolina Leconte —vicepresidenta de contenido para México y Licensing Latinoamérica, colombiana de nacimiento pero más mexicana que los chilaquiles a estas alturas, como ella misma dice citando a Chavela Vargas (que nació en Costa Rica pero mírenla)— subió al escenario y básicamente dijo: saben qué, vamos a apostarle a México con una intensidad que probablemente los va a asustar un poco.
Mil millones de dólares.
Déjame escribirlo otra vez porque necesito procesarlo yo también: MIL MILLONES DE DÓLARES en producciones mexicanas durante los próximos cuatro años. Ted Sarandos lo anunció en febrero de 2025 y honestamente yo pensé “ok, suena bien, suena a anuncio corporativo que se ve bonito en un comunicado de prensa”, pero resulta que no, resulta que lo dijeron en serio y ahora tenemos que hablar de tanques de agua gigantes y actores entrenando seis semanas para nadar como si sus vidas dependieran de ello (literalmente, porque están filmando un huracán) y Diego Luna haciendo de Diego Luna en una película sobre cómo México básicamente le robó el Mundial de 1986 a todo el mundo y salió bien.
El evento se llamaba “¿Qué sigue?” —literalidad adorable, sin pretensiones— y estaba tematizado con cartas de tarot porque aparentemente el futuro es misterioso y Netflix es tu amiga que lee el destino (yo también estaría confundido, pero sígueme la corriente).
Lo que sigue, pues. Y lo que sigue es mucho.
México 86 o cómo ganarse un Mundial sin jugar un solo partido
Empecemos con la obvia: 2026 es año de Mundial y estamos en México (bueno, en México, Estados Unidos y Canadá, pero no arruinemos el momento) y obviamente Netflix va a hacer una película al respecto. Pero aquí está el giro perfecto: no van a hacer una película sobre el Mundial de 2026. Van a hacer una película sobre el Mundial de 1986, que es —y escúchame bien porque esto es importante— probablemente la cosa más mexicana que ha pasado en la historia del deporte mundial.
México 86, protagonizada por Diego Luna (OBVIO, ¿quién más va a protagonizar “la película sobre cómo México se hizo sede del Mundial usando pura maña e ingenio”?), cuenta cómo es que este país logró organizar el torneo después de que Colombia dijera “saben qué, no podemos” y el mundo entero se quedó viendo como “¿y ahora qué hacemos?”
“México se convierte en el único país que sin haber sido eliminado en tres rondas logra ser sede del mundial”, explicó Leconte, y la forma en que lo dijo —con esa sonrisa de quien ya vio la película y sabe que es oro puro— me hizo pensar “ok, esto va a estar bueno.”
El teaser que nos mostraron es básicamente un curso intensivo de negociación mexicana: hay un compromiso de voto que se envió tres semanas antes (guardado como as bajo la manga, naturalmente), hay conversaciones con Coca-Cola (porque claro), hay ese momento perfecto donde le enseñas al que dudaba de ti que ya tenías todo amarrado desde antes y él ni cuenta se dio. Es bellísimo. Es un heist movie pero en lugar de robar un banco estás robando un Mundial.
Karla Souza, Daniel Giménez Cacho y Álvaro Guerrero están ahí también —Giménez Cacho aparece en TODA película mexicana importante y honestamente ya perdí la cuenta pero aquí estamos— y la película promete ser exactamente lo que necesitamos justo antes de que llegue el Mundial de verdad: un recordatorio de que nadie hace las cosas como las hacemos nosotros, para bien o para mal, pero siempre de manera memorable.
Gael García volvió y trajo algo completamente raro (en el mejor sentido)
Mira, cuando escuchas “Gael García Bernal en Netflix” tu cerebro automáticamente asume ciertas cosas: drama, peso actoral, probablemente algo que te va a hacer sentir cosas incómodas pero importantes. Y sí, todo eso aplica para Santita —que se estrena en abril, márquenlo en sus calendarios— pero también es algo completamente diferente a todo lo que hemos visto de él o de Netflix o de, honestamente, la televisión mexicana en general.
La serie (protagonizada por Paulina Dávila junto a Gael) sigue a una mujer en silla de ruedas que pierde un gran amor y decide… no sé cómo explicarlo sin arruinar la experiencia, pero básicamente decide vivir la vida de una manera tan irreverente y tan absurda y tan real que termina siendo más honesta que el 90% de las cosas que vemos en pantalla.
“Es completamente atípica”, dijo Leconte durante el Q&A, y pude ver en su cara esa mezcla de emoción y nerviosismo de quien sabe que está apostando por algo que no se parece a nada más. “Habla de una realidad, de una irreverencia, de una manera absurda de ver la vida.”
Y aquí está lo bonito: que dos actores del calibre de García Bernal y Dávila hayan leído el guión y dicho “sí, esto, quiero hacer esto” ya te dice todo lo que necesitas saber sobre qué tan especial es la historia. Porque a ese nivel de carrera ya no aceptas proyectos por compromiso o por cheque (bueno, a veces sí, todos tenemos que pagar la renta), pero cuando ambos dicen que sí es porque encontraron algo que vale la pena.
No tenemos mucho más que eso por ahora —Netflix guardó las cartas cerca del pecho, literalmente, había cartas de tarot por todos lados— pero abril está a la vuelta de la esquina y honestamente ya estoy intrigado.
Construyeron un huracán chiquito
Ok, aquí es donde las cosas se ponen serias. Contra el huracán está inspirada en el huracán Otis que destrozó Acapulco y –respira profundo– Netflix decidió que la mejor manera de contar esta historia era construyendo un huracán de verdad. O lo más cercano a un huracán de verdad que se puede construir en un set de filmación sin matar a nadie.
El detrás de cámaras que nos mostraron es básicamente production porn: tanques de agua enormes que parecen sacados de una película de James Cameron, plataformas flotantes construidas específicamente para esta película, un barco completo para poder destrozarlo después (el tipo de decisión de presupuesto que te hace pensar “¿en serio? ¿EN SERIO?”), actores entrenando durante seis semanas en agua porque resulta que actuar mientras te ahogas requiere práctica.
“Es una película sumamente ambiciosa”, dijo Carolina, con esa honestidad de quien está consciente de que se metieron en algo más grande de lo que anticipaban. “No solo por el poder y la complejidad de la historia misma de lo que sucedió en Acapulco, sino por el tema de producción y técnico”.
Y luego soltó esto: “La primera vez que leí el guión no pude entrar a mi siguiente junta de lo mucho que lloré”. (Pausa. Necesitamos hablar de esto.)
No lloró por lo triste –o bueno, sí, probablemente también– sino “por lo humano de esto”. Y es que ahí está el punto: podrían haber hecho una película de desastres genérica, con explosiones bonitas y CGI impresionante y ya. Pero en lugar de eso hicieron una película sobre dos hermanos enfrentando la tormenta, sobre la unión y la fuerza de los mexicanos cuando literalmente todo se viene abajo, sobre la dignidad en medio del caos absoluto.
Netflix y su equipo mexicano literalmente aprendieron a producir a este nivel técnico mientras hacían la película. No es que tenían toda la experiencia y dijeron “ah sí, ya sabemos cómo hacer esto”. Se aventaron al agua (literal y figurativamente) y lo están resolviendo sobre la marcha. Eso es tan mexicano que duele.
“Nunca ha estado en una película a este nivel de producción”, dice uno de los protagonistas en el behind the scenes, y se le escucha emocionado y aterrado al mismo tiempo, que es exactamente como te deberías sentir cuando estás haciendo algo que nadie ha hecho antes en tu país.
Maite Alberdi te va a romper el corazón (otra vez)
Si viste El agente topo —la película chilena nominada al Oscar sobre un detective privado octogenario infiltrado en un asilo de ancianos que te hizo llorar en formas que no sabías que eran posibles— entonces ya conoces el superpoder de Maite Alberdi: tomar historias que suenan simples en papel y convertirlas en exploraciones devastadoramente hermosas de lo que significa ser humano.
Un hijo propio, su primer proyecto en México con Netflix, va a Berlín. Como en, al Festival Internacional de Cine de Berlín. Premiere mundial. Los alemanes van a llorar igual que nosotros (y merecido, honestamente).
El documental explora la presión social alrededor de la maternidad –”la necesidad de las mujeres de ser mamás para ser alguien”, como lo puso Carolina– y lo hace de esa manera que solo Alberdi puede: con una sensibilidad que te desarma completamente, donde nada es blanco y negro y todo es terriblemente, dolorosamente humano.
“Maite es una de las directoras que más admiro en Latinoamérica”, dijo Carolina durante el Q&A, y no lo dijo con ese tono corporativo de “tenemos que promover nuestros productos”. Lo dijo con genuina admiración, casi fan-girl. “Tiene el poder de capturar la esencia de historias que parecen muy normales pero tienen muchas complejidades”.
El teaser que nos mostraron es fragmentos de entrevistas –mujeres hablando sobre sus deseos, sus expectativas, las presiones que sienten– intercalados con escenas donde una actriz recrea momentos de hace 15 años. Es meta y vulnerable y honesto de maneras que me hicieron pensar “ok, para esto voy a necesitar una caja de kleenex extra grande”.
Las batallas del Canelo
Y también está el documental del Saúl “Canelo” Álvarez, centrado en su trilogía de peleas contra Gennady Golovkin (yo siempre lo pronuncio mal, Carolina también, estamos todos en el mismo barco). Pero no es solo “mira las peleas otra vez”. Es “mira a Saúl Álvarez, el boxeador más grande de México en este momento, siendo vulnerable y humano y admitiendo que sí, esto fue horrible, y sí, cuando tu propio país apoya al otro tipo duele de maneras que no puedes explicar”.
“Se me enchina la piel cuando me llaman al escenario y veo a toda la gente gritando”, dice el Canelo en un fragmento del documental. “Pero que haya gente de tu mismo país apoyando a tu rival que es de otro país, eso no tiene sentido”.
Y no, no tiene sentido. Pero pasó. Y el documental va a explorar eso y mucho más y honestamente ya quiero verlo completo.
Reality shows, eventos en vivo y cosas que nunca pensé que Netflix haría
Habilidad Física 100: México es exactamente lo que suena: 100 personas normales (bueno, “normales” en el sentido de que no son atletas profesionales, pero definitivamente no son normales en el sentido de que pueden hacer cosas que harían llorar a un marine) compitiendo para ver quién tiene la mejor condición física.
Es el formato coreano que ya hicieron en otros países y que básicamente es catnip para cualquiera que alguna vez haya visto las Olimpiadas y pensado “yo podría hacer eso” (no, no podrías, yo tampoco podría, nadie normal podría, pero es lindo soñar).
“Yo no podría hacer ni el primer minuto del programa”, admitió Carolina. Yo tampoco, pero esa es la magia del show: son “seres comunes y corrientes” haciendo cosas extraordinarias, y eso lo hace aún más impresionante porque piensas: “Dios mío, ese tipo tiene un trabajo de oficina de lunes a viernes y puede hacer eso?”.
Y luego –y aquí es donde se pone raro y emocionante– está Supernova: Genesis, que es… mira, yo tampoco sé exactamente qué es, pero es un EVENTO EN VIVO. En Netflix. El primer evento en vivo de Netflix en América Latina.
“Me da taquicardia porque es emocionante empezar a hacer cosas tan distintas de Netflix”, dijo Leconte, y pude ver que literalmente estaba nerviosa solo de hablarlo. Y tiene razón en estar nerviosa porque hacer cosas en vivo es aterrador. No hay “editemos esto en post”. No hay segundas tomas. Pasa en tiempo real y si algo sale mal, sale mal frente a todos.
¿De qué se trata exactamente? Influencers, celebridades y comediantes “compitiendo en todo tipo de eventos” (traducción: nadie sabe todavía pero va a ser caótico y probablemente maravilloso). “Es puro entretenimiento en esteroides”, que es honestamente la mejor descripción que he escuchado para cualquier cosa.
Y va a tener un acto musical de Carín León, porque por supuesto que sí. Porque si vas a hacer tu primer evento en vivo en Latinoamérica, más te vale traer a alguien que llene estadios.
El clip que nos mostraron del evento del año pasado (sí, ya lo hicieron una vez, pero ahora se transmitirá en vivo por Netflix) es básicamente gente gritando y luces por todos lados y esa energía frenética de “no sé qué está pasando pero estoy aquí”. Y honestamente, suscribo completamente a esa filosofía.
Hablemos del pasado reciente (que fue ridículamente bueno)
2025 fue, en palabras de Carolina, “un muy muy gran año”. Y no lo dice solo porque tiene que decirlo –aunque obviamente tiene que decirlo, es literalmente su trabajo– sino porque objetivamente fue salvaje.
Contraataque –esa película de acción militar que básicamente nadie esperaba que fuera un fenómeno global– llegó al número SIETE de películas en habla no inglesa más exitosas de todos los tiempos en Netflix. A nivel mundial. Número siete. De todos los tiempos. Cuesta procesarlo y eso que ya pasaron meses.
Las muertas, la primera serie de Luis Estrada (sí, el director de La Ley de Herodes haciendo televisión, vivimos en tiempos interesantes) basada en la novela de Jorge Ibargüengoitia, fue tan exitosa que las ventas del libro aumentaron 165% después del estreno. Eso es el tipo de impacto cultural del que todos hablan pero que casi nunca se materializa en números reales. Pero aquí estamos.
Y luego está el documental de Juan Gabriel. Dios, el documental de Juan Gabriel. 170,000 mexicanos reunidos en el Zócalo para honrar al Divo de Juárez en una proyección gratuita. “Se me pone la piel chinita”, dijo Carolina. El poder que tenía ese hombre, su legado, la manera en que su música atraviesa generaciones y clases sociales y todo… es abrumador en el mejor sentido posible.
“Fue un gran año, pues no, para mí fue un MUY, MUY gran año”, dijo Carolina con esa mezcla de orgullo y humildad de quien sabe que las cosas fácilmente podrían haber salido muy diferentes. Y es verdad. Pudieron haber apostado por las historias equivocadas. Pudieron haber calculado mal. Pudieron haber hecho todo “bien” según los estándares de la industria y de todas formas no haber conectado con la audiencia. Pero conectaron. Vaya que sí.
La cosa es que no hay fórmula (y eso es aterrador y perfecto)
Durante el Q&A alguien preguntó —porque alguien siempre pregunta— cómo es que deciden qué proyectos verdes y cuáles no, cómo distribuyen el presupuesto entre géneros, si hay alguna estrategia maestra detrás de todo esto.
Y Carolina, con esa honestidad que la hace tan buena en lo que hace, básicamente dijo: no es una cuadrícula. “Nuestro trabajo es creativo y al final no es una cuadrícula”, explicó. “Todo parte de cuáles son las mejores historias y yo les digo de corazón que soy una apasionada de qué es lo que tenemos que contar”.
Lo cual es, obviamente, la respuesta correcta pero también la más aterradora si eres alguien que necesita certezas y números y proyecciones que tengan sentido en un Excel. No hay fórmula. No hay algoritmo secreto que te diga “si hacemos X cantidad de comedias románticas y Y cantidad de thrillers entonces tendremos Z éxito garantizado”.
Empieza con las historias. Las historias que llegan, las que son más interesantes, las más poderosas, “las que más nos reflejan como mexicanos, las que más tenemos que contar porque es como nos toca hablar de esos temas”. Y después articulan todo lo demás alrededor de eso.
“Entre más auténticas son las historias, la gente se identifica más con ellas”, dijo Carolina, y suena a consejo obvio del tipo que ves en LinkedIn pero que casi nadie realmente aplica porque apostar por lo auténtico es arriesgado. Lo seguro es hacer lo que ya funcionó antes.
Lo auténtico es apostar por una mujer en silla de ruedas como protagonista de una serie, o hacer una película sobre un huracán que destruyó una ciudad cuando todavía duele demasiado hablar de ello, o contar la historia de cómo México básicamente mareó a quien tenía que marear para organizar un Mundial.
Y sobre Contraataque –que repito, NADIE vio venir como el fenómeno global que se convirtió– Carolina fue brutalmente honesta: “Yo sabía que iba a ser una película que iba a conectar porque los personajes son de carne y hueso, son entrañables y hablan de la dignidad de nosotros como mexicanos. Pero no les voy a mentir, no sabía que iba a ser el fenómeno de película”.
Porque nadie sabe. Nadie. “Si supiéramos solo hacer éxitos, créanme que no me equivocaría tantas veces y nos equivocamos”.
Esa es probablemente la cosa más honesta que he escuchado decir a un ejecutivo de streaming en público. Admitir que sí, nos equivocamos, no tenemos todas las respuestas, estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo con las herramientas que tenemos y a veces funciona espectacularmente bien y a veces no tanto.
Pero la diferencia –y creo que aquí está la carnita del asunto– es que están apostando por las historias correctas incluso cuando no saben si van a funcionar. Están poniendo el dinero y los recursos y el peso institucional de Netflix detrás de proyectos que importan, no solo proyectos que van a generar clics predecibles.
Y eso es solo lo que quisieron mostrarnos (hay mucho más escondido)
Porque obvio que hay más. Siempre hay más.
El círculo, con Zuria Vega, Osvaldo Benavides, Michel Brown y Raúl Briones, adapta Los corruptores de Jorge Zepeda Patterson (thriller político, corrupción, todo lo que esperarías y probablemente algunas cosas que no).
Mal de amores, la adaptación de la novela de Ángeles Mastretta que Carolina lleva cinco años —CINCO AÑOS— tratando de hacer realidad. La historia abarca tanto tiempo y los personajes son tan complejos que no cabía en una película. Necesitaban una serie completa para hacerle justicia. “Hay historias que uno necesita decantar mucho mejor para entender qué pasa”, dijo Carolina.
No tengo miedo, dirigida por Ernesto Contreras, que de alguna manera también está conectada con el Mundial (dos niños unidos por el futbol, por el Mundial específicamente, aunque la historia es sobre la amistad y crecer y todo eso que te hace llorar en películas sobre niños).
La ley de Alicia con Fernanda Castillo. La captura con Alfonso Herrera y Noé Hernández, basada en hechos reales, enfocada en las fuerzas armadas y la dignidad de gente que literalmente arriesga su vida. El otro padre con Manolo Cardona, Erik Hayser y Silvia Navarro (y sí, el título suena exactamente como lo que probablemente es: drama familiar complicado con secretos que eventualmente salen a la luz).
Y las cartas del tarot –porque sí, seguimos con esa metáfora– supuestamente revelaron que hay más anuncios coming soon.
Entonces, ¿qué sigue?
15 años de Netflix en México. 1,000 millones de dólares en inversión para los próximos . Un compromiso industrial que va más allá de solo hacer contenido: se trata de hacer industria y crecer juntos..
“Lo que sigue en 2026 celebra la diversidad, la creatividad, el ingenio y la pasión que nos caracteriza a todos los mexicanos”, dijo Carolina al cerrar su presentación, y sonaba –esto es importante– como alguien que realmente lo cree. No como copy corporativo leído de un teleprompter, sino como alguien que lleva tres años construyendo esto y finalmente puede mostrar el resultado.
Salí del evento pensando: ok, esto es real. Esto está pasando. Están construyendo infraestructura. Están desarrollando talento. Están apostando por historias que no tienen garantía de éxito pero que importan.
Están construyendo tanques de agua gigantes para recrear huracanes. Están haciendo que actores entrenen seis semanas para escenas acuáticas. Están sentándose con Ángeles Mastretta para encontrar la manera correcta de adaptar su novela. Están convenciendo a Gael García Bernal y Maite Alberdi de venir a trabajar en proyectos que podrían no funcionar comercialmente pero que son importantes culturalmente.
Y tal vez –probablemente– algunas de estas cosas no van a funcionar. Contra el huracán podría ser demasiado ambiciosa técnicamente. Santita podría ser demasiado rara para audiencias masivas. Supernova: Genesis podría ser un desastre en vivo que todos recordemos por razones equivocadas.
Pero también podrían funcionar. Podrían funcionar espectacularmente. Podrían ser las cosas de las que hablemos en cinco años cuando estemos discutiendo cómo es que la industria audiovisual mexicana cambió tan drásticamente en tan poco tiempo.
“Nos emociona descubrir nuevas formas de contar historias en México”, dijo Leconte en el press release oficial, y ok, sí, suena a lenguaje corporativo. Pero después de ver horas de trailers y behind the scenes y escuchar a Carolina hablar con genuina emoción (y nervios) sobre estos proyectos, creo que es verdad. Están emocionados. Y deberían estarlo.
2026 va a ser –si cumplen aunque sea la mitad de lo que prometieron– infinitamente mexicano y ridículamente ambicioso y probablemente un desastre hermoso en los mejores sentidos posibles.
¿Qué sigue? Ya lo veremos.
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