[Foto: Cortesía GESG]
En la Sierra Gorda de Querétaro, más de 41,000 hectáreas de bosque están bajo resguardo gracias a un mecanismo que une a empresas, gobierno y comunidades en un mismo círculo virtuoso. El programa Carbono Biodiverso, impulsado por el Grupo Ecológico Sierra Gorda (GESG) y respaldado por la Secretaría de Desarrollo Sustentable del estado, se ha consolidado como una de las iniciativas más innovadoras de acción climática en México.
Un modelo que conecta economía y conservación
Para entender mejor de lo que hablo, primero debemos saber que en Querétaro —como en el resto del país— existe un impuesto que las empresas deben pagar por las emisiones de dióxido de carbono que generan. Es decir, si una fábrica o compañía contamina, tiene que dar dinero al gobierno como parte de su responsabilidad ambiental.
Sin embargo, el estado creó una alternativa: en lugar de que todo ese dinero se vaya directo a las carteras públicas, las empresas pueden destinar parte de ese impuesto a programas como el de Carbono Biodiverso. ¿Qué significa esto? Que esos recursos se usan para pagar a los dueños de los bosques —personas, ejidos y comunidades— para que conserven sus tierras y no las talen, eviten que se les quemen y que el ganado se alimente de ellas. Así, los árboles siguen capturando carbono de la atmósfera y se mantiene viva la biodiversidad.
De esta manera, las empresas cumplen con la ley y reducen su carga fiscal, los propietarios reciben ingresos por cuidar sus bosques —en muchos casos mayores de los que podrían obtener con la ganadería o agricultura—, y la sociedad obtiene un beneficio ambiental: menos emisiones y más conservación. El gobierno, por su parte, asegura que todo sea transparente, midiendo cuántas toneladas de carbono absorben los bosques y certificando esos resultados.
De esta manera las empresas compensan su huella, las comunidades reciben apoyo económico y los bosques permanecen en pie. Querétaro convierte un impuesto en una herramienta de conservación y desarrollo local.
Querétaro como motor sustentable
El esquema funciona a través del Sello Querétaro, un instrumento financiero único en el país que permite a las empresas compensar parte del impuesto estatal por emisiones de carbono destinando recursos directamente a la conservación de los bosques serranos.
“Carbono Biodiverso es la estrategia mediante la cual se certifica el carbono que se absorbe en la Sierra y se traduce en beneficios de desarrollo comunitario; y el Sello Querétaro es el mecanismo financiero a través del cual las empresas hacen aportaciones”, explicó en conferencia el subsecretario del Medio Ambiente, Ricardo Javier Torres Hernández.

Este diseño convierte la política pública en un motor de regeneración en el que las empresas reducen su carga fiscal, los propietarios reciben pagos por servicios ambientales y los bosques se mantienen en pie.
Resultados tangibles
En 2025, 47 empresas participaron en el esquema, agotando el inventario de tierras inscritas en el programa. Hoy, más de 161 propietarios particulares, 10 ejidos y 3 comunidades agrarias protegen 41,261 hectáreas de bosques, 10,000 más que el año anterior.
El impacto es medible y se espera que este año se certifiquen cerca de 110,000 toneladas de dióxido de carbono absorbidas por los ecosistemas de la sierra.
Un programa con beneficios sociales
Lo que hace tan especial este programa es que la iniciativa no se limita a capturar emisiones —lo cual ya resulta bastante atractivo—. Los recursos se reinvierten en proyectos comunitarios como brigadas contra incendios, becas para maestros, mejoras en centros de acopio y actividades productivas regenerativas.
“Carbono Biodiverso es mucho más que carbono. Incluye a la gente, a sus comunidades, y les da medios para mejorar su vida”, señaló Martha Isabel “Pati” Ruiz Corzo, directora de GESG.
Ese enfoque ha permitido que la conservación se convierta en motor de desarrollo local. Desde el aprovechamiento sustentable de plantas aromáticas hasta la educación ambiental que cada año beneficia a más de 10,000 niños, el programa demuestra que la acción climática puede ser también acción social.
Un modelo replicable
El éxito ha despertado interés en replicar el esquema en otras áreas naturales protegidas. “Después de casi cuatro décadas de trabajo continuo, el reto es consolidar el modelo participativo de regeneración y replicarlo en otros territorios, donde se asegure que la conservación siga siendo económicamente viable para quienes viven en el territorio”, afirmó Ruiz Corzo.

La experiencia coloca a Querétaro en el mapa internacional como un laboratorio de innovación climática. Mientras los mercados globales de carbono enfrentan críticas por su complejidad y falta de beneficios directos para las comunidades, Carbono Biodiverso ofrece una alternativa local, transparente y con impacto verificable.
“Este esquema financiero innovador permite que los corporativos aterricen recursos de manera que los propietarios puedan dedicarse a cuidar este patrimonio natural”, subrayó Torres.
Carbono Biodiverso demuestra que la acción climática puede ser local, verificable y con impacto social. Al unir empresas, gobierno y comunidades, Querétaro ha creado un círculo virtuoso que protege la biodiversidad, fortalece el tejido social y abre la puerta a un modelo replicable en otras regiones del país.
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