Six young adult friends sitting in a row on a bench in a city street smiling to camera, full length
Los millennials estamos –medio– jodidos. Para nadie es sorpresa que los millennials vivamos estresados y semideprimidos: somos una generación sandwich.
No nos tocaron la prosperidad económica y poder adquisitivo del que gozaron los boomers, las libertades de la Gen X ni nacimos con la conciencia del autocuidado y percepción de valor personal de los Gen Z.
Así que nos tocó “inventar” lo que para nosotros significa cuidar de nosotros mismos.
Llevo +6 semanas en Washington D.C., viviendo 24/7 con +30 personajes súper top de sus respectivas industrias, que vienen de todas partes de Latinoamérica, todos alrededor de la misma edad y con los mismos issues.
Siempre queriendo más, porque sentimos que nunca nos alcanza para nada, ni profesionalmente, ni económicamente, ni en la vida personal, ni con los amigos.
Nadie nos enseñó a pausar, y por ende, la forzamos, porque lo único que se nos ocurre es meter el freno de mano cuando ya no podemos más en lugar de construir sistemas de los que no tengamos que salir huyendo.
Y en esa reinvención, es que nos vamos de un extremo al otro
“Me voy a dar ese concierto que para eso trabajo”. Darle clic al carrito de compras que llevas una semana armando en esa tienda, un fin de semana de excesos (no judge), darte un gustito para calmar el antojo… Nos colmamos de “pequeños placeres” que nos dan apenas un pico de felicidad para recordarnos que vale la pena volver al ruedo mañana, a la misma hora, por el mismo canal.
Pero la realidad es que esa adrenalina no dura, no es sostenible, y volvemos a donde empezamos.
Ir a terapia es una práctica que descubrimos, la mayoría, ya bastante grandecitos, y nos tocó quitarle el tabú, popularizarla, traerla al mainstream y ver cómo los más jóvenes la adoptaban como una cosa natural. Y en el camino, encontrar un refugio más allá de los conciertos o días de spa.
Según una encuesta del Thriving Center of Psychology, en 2024 más de la mitad de los millennials entrevistados en los Estados Unidos han ido o estaban yendo activamente a terapia. ¿El mayor obstáculo? El costo.
Así que, como la vez pasada, les dejo algunas herramientas que a mí me han sido muy útiles para ir construyendo esos sistemas, y no querer salir corriendo a la primera de cambios (y para darme un gusto cuando las cosas se ponen rudas).
Puramente. App de meditación, para cuando te urge una meditadita para empezar el día ó una meditación para combatir el insomnio.
Yana. App de bienestar diario (usa el código KHOPYS) en Google Play y App Store.
Terapify. plataforma de terapia psicológica online (Acá les dejo mi código para que tengan 50% de descuento en su primera sesión).
Scape. Masajes y tratamientos de bienestar a domicilio. (Por si no saben qué regalarme de cumpleaños y porque Helle Jeppsson, la founder, es de mis personas favoritas ever)
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