[Foto: HBO]
La exitosa serie de HBO Max, The Pitt, está recibiendo elogios por su representación realista de las dificultades y los desafíos de la atención médica en una sala de emergencias urbana.
Ahora en su segunda temporada, estrenada el 8 de enero de 2026, la serie sigue al doctor Michael “Robby” Robinavitch (interpretado por Noah Wyle) y a sus colegas durante un turno clínico de 15 horas, dividido en episodios de una hora. El equipo atiende a pacientes en un contexto marcado por problemas sociales estadounidenses demasiado comunes, desde la adicción a las drogas hasta las deudas médicas y los tiroteos masivos.
Alerta de spoiler: Aproximadamente a la mitad de la temporada, el doctor Robby y el personal del ficticio Centro Médico de Traumatología de Pittsburgh se enfrentan al caos provocado por un desastre menos común: un ciberataque al hospital. La red y las computadoras del hospital quedan inutilizables, lo que da lugar a escenas de residentes millennials lidiando con máquinas de fax, órdenes de laboratorio desapareciendo entre un montón de papeles y constantes fallos de comunicación que culminan en obviar un diagnóstico de vida o muerte.
Todo esto podría llevar a los espectadores a preguntarse: ¿Sucede esto en la vida real? Como médicos que estudiamos los ciberataques y su impacto en la atención al paciente, hemos visto muchos de los mismos sucesos representados en The Pitt desarrollarse en el mundo real.
Estos ataques tienen graves consecuencias clínicas. En un desafortunado caso de ficción que imita la realidad, la trama del ciberataque de la serie comenzó el mismo día en que el Centro Médico de la Universidad de Mississippi sufrió la misma suerte, lo que provocó el cierre repentino de más de 30 clínicas afiliadas en todo el estado, además de la interrupción del único centro de traumatología de nivel I de Mississippi.
La atención médica moderna depende fundamentalmente de tecnologías digitales, como los registros médicos electrónicos, los equipos de laboratorio y las plataformas de radiología, que se desconectan cuando las redes hospitalarias se interrumpen. Perder el acceso a estas herramientas durante períodos prolongados pone en grave riesgo la vida de los pacientes.
¿Qué está en juego?
Los ciberataques más graves contra hospitales en la vida real involucran ransomware, un tipo de software malicioso que cifra datos y bloquea computadoras y redes, exigiendo grandes sumas de dinero a cambio de la promesa de una solución. Desafortunadamente, estos eventos no son raros. Comparitech, una empresa de investigación en ciberseguridad, registró 445 ataques de ransomware contra hospitales y clínicas en 2025, un nuevo récord tras varios años de aumentos anuales.
Estos ataques son especialmente peligrosos para pacientes con emergencias críticas como accidentes cerebrovasculares, ataques cardiacos o sepsis, pero afectan los resultados hospitalarios en general. Por ejemplo, un análisis de datos de Medicare de 2026 reveló que los pacientes hospitalizados tenían 38% más de riesgo de morir durante un ataque de ransomware.
Además, las consecuencias del ransomware para la salud no se limitan a los hospitales atacados. El caso de The Pitt ilustra claramente este fenómeno en episodios anteriores. Cuando Westbridge, otro hospital de la comunidad, fue el primero en sufrir el ataque, una oleada de pacientes que llegaban en ambulancia saturó la ya saturada sala de emergencias del Centro Médico de Traumatología de Pittsburgh, lo que provocó retrasos en la atención y sobrecargó a un personal clínico ya sobrecargado. Nuestro equipo descubrió que un ciberataque hospitalario reduce las probabilidades de sobrevivir a un paro cardiaco sin daño cerebral devastador en casi 90% en hospitales cercanos, no solo en el atacado.
E incluso cuando se restablecen los sistemas informáticos de un hospital y se reanuda la atención normal, un ciberataque deja enormes pérdidas económicas. Las demandas colectivas, la facturación fragmentada y las elevadas multas regulatorias por violaciones de la privacidad del paciente y otros problemas suelen resultar en pérdidas de decenas o cientos de millones de dólares.
En los casos más graves, hospitales y clínicas en zonas rurales se han visto obligados a cerrar sus puertas, dejando a sus comunidades con un lugar menos para recibir atención médica y agravando la escasez de servicios de salud ya existente.
La atención médica moderna depende de las tecnologías digitales, lo que deja a los hospitales vulnerables a ciberataques devastadores.
Proteger la infraestructura cibernética
No dudamos de que el doctor Robby movilizará a su equipo para, en última instancia, evitar los ciberataques maliciosos contra su hospital en The Pitt. Pero, ¿cuál es el panorama para el resto de nosotros, en el mundo real?
La buena noticia es que se están realizando diversas iniciativas para mejorar la ciberseguridad del sistema de salud estadounidense.
El gobierno federal de Estados Unidos ha reconocido el riesgo particular que corren los hospitales rurales y de acceso crítico, y ha identificado el aumento de la inversión en tecnologías de ciberseguridad como uno de los objetivos del Programa de Transformación de la Salud Rural, un paquete de 50,000 millones de dólares distribuido entre los 50 estados.
Varios estados, incluidos Nueva York y Connecticut, han tomado medidas adicionales, promulgando nuevas leyes en 2025 y 2026 que obligan a los hospitales a desarrollar planes específicos de ciberseguridad para proteger a los pacientes. Además, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ahora evalúa la ciberseguridad de los nuevos dispositivos médicos antes de su comercialización y puede ordenar el retiro del mercado de aquellos que presenten vulnerabilidades significativas.
La ciberseguridad sigue siendo uno de los pocos temas bipartidistas en el Capitolio. Un proyecto de ley sobre ciberseguridad en el sector salud, copatrocinado por los senadores Bill Cassidy (republicano por Luisiana) y Mark Warner (demócrata por Virginia), presentado en diciembre de 2025, exigiría a los hospitales adoptar prácticas de seguridad, como la autenticación multifactor y el cifrado de datos, asignar subvenciones adicionales para hospitales y clínicas, y fortalecer la formación de profesionales de ciberseguridad en el sector salud, entre otras disposiciones.
Sin embargo, este problema persiste. La inteligencia artificial y la expansión de la atención médica remota y virtual brindan a los ciberdelincuentes herramientas sofisticadas y mayores oportunidades para atacar a los hospitales. Los investigadores como nosotros tendremos que encontrar nuevas formas de prevenir los ciberataques siempre que sea posible y de proteger a los pacientes cuando estos se produzcan, algo que inevitablemente sucederá.
Jeffrey Tully es profesor clínico asociado de Anestesiología en la Universidad de California, San Diego.
Christian Dameff es profesor asociado de Servicios Médicos de Emergencia en la Universidad de California, San Diego.
Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia de Creative Commons. Lee el original.
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