[Imagen: viarami/Pixabay]
Desde la reforma energética de 2013, el gas natural se posicionó como un combustible estratégico para la generación eléctrica, lo que trajo consigo una promoción de la inversión privada en infraestructura de transportación y almacenamiento, así como la apertura a la importación y comercialización para reducir costos y dependencia con otros países. Sin embargo, esta visión no parece haber avanzado.
Datos publicados por la Administración de Información Energética (IEA, por sus siglas en inglés) del gobierno estadounidense revelan que las importaciones de dicho hidrocarburo desde Estados Unidos hacia México a finales de 2025 ascendieron a 6,668 millones de pies cúbicos diarios, es decir, un aumento de 3.4% en un año, mostrando así la dependencia que aún existe con el país del norte.
La misma dependencia muestra que de 2018 a la fecha, el incremento anual del volumen de compras de gas natural ha sido de 4.9%, en promedio, lo que significa que anualmente se agregan 261 millones de pies cúbicos por día a estas importaciones.
¿Qué perseguía la reforma energética de 2013 con el gas natural?
A pesar de que hoy el uso y desarrollo de energías renovables es un tema de debate en México y cada vez más empresas y sociedad en general las adopta, el uso de gas natural en el país continúa. Pero ¿cuáles eran los planes del gobierno hace 13 años en materia energética?
- Infraestructura y transporte. Construcción de miles de kilómetros de gasoductos (incluyendo la red CENAGAS) para conectar la red nacional con el suministro de Texas, buscando precios competitivos.
- Generación eléctrica. El gas natural se convirtió en la fuente principal para la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a través de centrales de ciclo combinado, a fin de sustituir el uso de combustóleo y diésel.
- Apertura del mercado (Upstream/Downstream). Se permitió la participación de empresas privadas en la extracción y comercialización, permitiendo a la Comisión Reguladora de Energía (CRE) regular el acceso abierto a la capacidad de transporte.
- Regulación de precios. Se buscó abaratas las tarifas eléctricas y el gas para impulsar la producción nacional de fertilizantes y el crecimiento industrial.
Gas natural: ¿solución real hacia una evolución del sector energético en México?
El riesgo de la alta dependencia del gas estadounidense, según expertos, es que en coyunturas como emergencias climáticas que merman la producción o la actual reducción global de disponibilidad de gas desde Medio Oriente (por la escalada de ataques iraníes a puntos estratégicos de la región), Estados Unidos priorizará el consumo local para su industria y el uso en hogares, y con el incremento global de precios por la creciente demanda, buscará exportar por buque su gas natural licuado a puntos de alta demanda como Europa, dejando su exportación por ducto (a la que acceden México y Canadá) como secundaria en orden de jerarquía.
Pero la dependencia con Estados Unidos no es el único problema que México tiene con respecto al gas natural.
Isabel Studer, presidenta y directora ejecutiva de Sostenibilidad Global, compartió en entrevista exclusiva con Fast Company México, que en 2013 ese hidrocarburo se veía como una alternativa, especialmente por su bajo precio y por tratarse de un recurso más limpio, lo que derivó en una inversión en gasoductos en zonas de la República Mexicana.
“Si bien el gas natural es más limpio que el combustoleo o que el diesel, desprende importantes emisiones de metano, uno de los gases de efecto invernadero más potentes y dañinos, incluso que el dióxido de carbono, ya que tiene un calentamiento 80 veces más que el CO2. La diferencia es que el metano se queda menos tiempo en la atmósfera”.
Resaltó que esa decisión de apostar por ese gas y en su infraestructura, excluyó en ese momento al país de la inversión en energías renovables.
Y aunque no cerró por completo el interés de la iniciativa privada y gobierno en invertir en energías limpias, la implementación de proyectos eólicos durante el gobierno de Felipe Calderón, no fueron de gran impacto, lo cual limitó las posibilidades para que las energías renovables se desarrollaran más rápidamente.
“Con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ese plan de regresar a las energías limpias no tuvo cabida y se señaló la intermitencia como un problema clave en su implementación, algo que sí es parte del problema, pero hoy las soluciones existen. Desde redes inteligentes hasta sistemas de almacenamiento y micro redes. Ni siquiera en su momento, hace 12 años, se podía argumentar que eran más costosas, y menos cuando sabemos que México tiene recursos eólicos y solares suficientes en el mediano y largo plazo”.
Studer dijo que es difícil que hoy alguien pueda afirmar que las energías renovables son menos competitivas, ya que ayudan a reducir las importaciones y dependencia que hay con Estados Unidos.
“Si hay una catástrofe climática en Texas, te cierran la llave. Si Trump lo quiere utilizar para negociar el T-MEC, también te cierran la llave, obstaculizando la disponibilidad del hidrocarburo. Y si tomamos en cuenta que se quiere revivir el fracking, ese es otro punto clave porque para este proceso de extracción de gas natural se necesita mucha agua, lo que implicaría un costo social, de salud y ambiental sería muy alto. Si uno le apuesta a esa infraestructura, en lugar de hacerlo con las energías renovables, sería un error”.
Energías renovables, mejor opción para la transición energética mexicana
La falta de interés que aún existe hacia las energías renovables, según Studer, está relacionada con temas políticos, además de un proyecto gubernamental de continuar con inversiones en Pemex y en la compra de gas natural y su infraestructura, acciones que, hasta ahora, no han dado resultados positivos, algo que demuestra que las energías renovables son el paso más eficiente hacia una transición energética.
“La energía solar, considerando las reglas que hoy existen en México, es la más viable para desarrollar debido a su alta demanda, sobre todo en parques industriales. Aquí veo una oportunidad. Además, las energías renovables, en general, ofrecen a las empresas una especie de seguro contra la volatilidad de precios de hidrocarburos como el gas y petróleo. Son limpias, por lo que contribuyen en la reducción de la contaminación. Y por último, pero no menos importante, hoy son un requisito para empresas que están en las cadenas de suministro globales, por lo que mejora su competitividad”.
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