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Ere Perez: el “clean beauty” global con raíces mexicanas

Orgánico, sustentable y a la medida: así son los productos que ofrece la marca de “clean beauty” fundada en Australia.

Ere Perez: el “clean beauty” global con raíces mexicanas [Foto: cortesía Ere Perez]

“Muchas veces me preguntan si yo soñé con tener una beauty brand y la verdad es que no fue así”, confiesa Eréndira Pérez cuando le pregunto de dónde surgió la idea de crear su marca de cosméticos clean beauty. “Empecé con una necesidad personal muy concreta: encontrar una máscara que no me irritara”.

Esta misma necesidad, compartida por miles de mujeres, sumada al conocimiento que adquirió de su hogar y del conocimiento tradicional, hizo que fundara Ere Perez, una empresa presente en 44 países a 24 años de su nacimiento. Mucho tiempo antes de que el concepto de clean beauty (productos cosméticos y de cuidado personal formulados sin ingredientes tóxicos y sintéticos, además de ser respetuosos con la piel, la salud y el medioambiente) se pusiera de moda por allá de 2010.

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Con ingredientes como manzanilla, maíz, zanahoria, coco, moringa, ciprés azul australiano, betabel, leche de avena, árnica, papaya, entre otros, Ere logró crear mascaras, blushes, bálsamos, correctores, bases… además de rutinas de skincare pensadas en pieles grasas, mixtas, maduras… sin olvidar las pastillas de agua micelar, pensadas para que reutilices la botella que se acaba de terminar. “Todo ha venido de esa mezcla entre intuición, necesidad, sensibilidad, creatividad, disciplina y una historia personal muy marcada por lo natural, por México y por las ganas de hacer las cosas de otra manera”.

Antes del trend

Con Ere Perez, su fundadora no buscaba capitalizar un trend, sino suplir una necesidad a través de los conocimientos. Desde su niñez, Ere viajaba mucho entre Nuevo León y Chihuahua, en donde sus abuelos tenían acceso a muchos ingredientes orgánicos. “Ellos construyeron su casa, hacían composta y vivían de una manera muy conectada con la tierra. Mi mamá sigue igual; en realidad, nada ha cambiado”, comenta. Este conocimiento no solo eran saberes tradicionales, sino que sus abuelos paternos eran químicos, mientras que sus abuelos maternos tenían un laboratorio.

Tras estudiar su carrera en nutrición, Ere migró a Australia con su marido en 1999 y comenzó el proceso de validar su título en el país, el cuál duraría dos años. Mientras tanto buscó una forma de generar ingresos. “La profesión que aprendí desde muy joven en Monterrey eran las ventas. Mi padre sufrió un accidente cuando yo tenía 15 años”, recuerda. Para ayudar en casa, salió con su madre y aprendió a vender. “Desde entonces entendí cómo conectar con la gente y cómo crear una necesidad a través de una conversación persuasiva”.

A la par de vender diferentes productos y trabajar como mesera, notó que en Australia no existían máscaras para pestañas diseñadas para ojos sensibles, ya que el país, hasta la fecha, tarda mucho en recibir marcas internacionales. “Entonces decidí hacer una máscara para mis ojos”, cuenta Erendira. “Ahí apareció toda la influencia de mi familia. Mi abuelo era químico. Mi mamá siempre recurría a la miel, al aceite de oliva, a lo básico. En mi casa se usaban alimentos en la piel: jitomate, avena, cáscara de plátano, fruta. Yo aprendí desde muy pequeña a utilizar cosas naturales para el cuidado personal”.

A su regreso a México, junto con su abuelo y un ingeniero con quien hasta la fecha trabaja, creó una mascara de almendras, el producto estrella que lanzó la marca en 2002.

Emprender desde cero

En México, Ere mandó “a hacer mis primeras piezas; empecé con muy poco. Compré un empaque sencillísimo, conseguí un cepillito, armé mis cajitas, hice mis cuentas en una libreta y decidí sola que mi máscara iba a costar 24 dólares australianos”.

Con sus primeras mascaras en la maleta empezó a venderlas en las tiendas de Bondi Beach, donde vivía. Ahí encontró el escaparate perfecto para su producto natural: negocios que vendían huevos orgánicos, leche orgánica, granola, carne orgánica. “Estamos hablando de 2002. Era rarísimo”, recuerda. Ahí logró vender el producto luego de probarlo. “Mi lógica era muy sencilla: si vendía suficientes máscaras a la semana, podía trabajar medio tiempo y ganar lo mismo o más que siendo mesera. Así nació el producto. No era una marca; era un producto. Se llamaba The Natural Almond Mascara”.

Además, la apertura de Virgin Airlines en 2001 permitió que viajara dentro de Australia a Melbourne, Brisbane y otras ciudades. “Iba tienda por tienda, vendiendo solo ese producto. No tenía software, sistema o programa. Todo era manual. Llamaba para preguntar cuántas piezas les quedaban y les mandaba otra cajita. Al año hice mis primeros 50,000 dólares, que era más o menos el sueldo anual de una mesera. Mi esposo, que trabajaba en una oficina, poco a poco me empezó a ayudar por las noches con las facturas. Y así nació la empresa”, platica Ere.

Pronto, la demanda creció por otros productos que también fueran beauty clean, desde labiales, bronceadores, polvo de arroz. Todo inspirados en looks bronceados, neutros y naturales. “Por eso, cuando empecé a crear más cosméticos, mis primeras tiendas fueron esas pequeñas de productos orgánicos. Ahí fue donde me abrieron la puerta por su visión de fórmulas más limpias y funcionales”.

De producto a la marca Ere Perez

Tiene 15 años que Ere Perez llegó a México. Fue la primera exportación real y en menos de un año, la empresa creció hasta alcanzar el tamaño que la de Australia había tardado tantos años en conseguir. Pero, al principio, no la presentó como una marca mexicana. Venía todo en inglés y francés. “Mis amigas en Australia, muchas de ellas trabajando en marketing, fueron quienes me dijeron que le pusiera mi nombre: Ere Perez. Yo jamás pensé que eso tendría éxito; para mí sonaba como un nombre demasiado común. Pero ellas me convencieron”.

En 2015, una sus amigas le ayudó a repensar la marca. “Ella venía del mundo del branding y me dijo algo muy importante: ‘Ere, tú eres mexicana. Tu nombre es Pérez. Hay que poner eso al frente’. Entonces le quitamos el francés a las cajas, metimos el español, rehicimos el branding y abrazamos mucho más la identidad mexicana de la marca”.

En México, durante mucho tiempo, la marca siguió presentándose como “la marca que viene de Australia”. Y eso funcionó en su momento. Pero después llegó un cambio importante. Con la pandemia por Covid, muchos mexicanos comenzaron a apreca más el país, a valorar lo que tenemos cerca, a ver que aquí hay cosas hermosas, y que no todo está afuera. “En ese momento también empecé a impulsar con más fuerza el concepto de clean”.

Respetuoso y pensado para todos

Otro de los grandes activos de Ere Perez es la sustentabilidad. Desde un inicio se caracterizaron por empaques sencillos y fáciles de reciclar. Hoy, la emoresa es carbono neutral, no usa empaques de plástico y comenzó a buscar acreditaciones veganas y revisiones internacionales rigurosas, mucho antes de que la sustentabilidad fuera parte de una marca. Esto incluyó las Clean Talks.

“Hacíamos eventos verdes que en ese momento eran rarísimos: reuniones de 200 o 300 personas para hablar de hábitos, sustentabilidad, bienestar, cosmética limpia. Vinieron muchas personas que hoy son referentes en esos temas. Y, a partir de ahí, empezamos a impulsar también el skincare“, comenta Ere.

Ahora, en 2026, el enfoque ya está muy puesto en la sustentabilidad. “El tema de fórmulas limpias lo siento resuelto desde hace mucho; para mí esa conversación ya pasó por la marca hace años. Hoy estoy más concentrada en cómo hacer productos funcionales, limpios y además verdaderamente sostenibles”, comenta.

Hoy, la marca tiene una línea compacta pero muy pensada: alrededor de 10 productos de skincare, 10 herramientas ecológicas y unas 80 variaciones en maquillaje dentro de unas 18 piezas base. Su permanencia en el mercado hace que hoy no solo se esté en las tiendas que inicialmente les abrieron las puertas, sino en departamentales e incluso siendo contenido para maquillistas famosos en sus redes sociales. Además, busca compartir su experiencia con otras empresas con consultorías.

“Todo ha venido de esa mezcla entre intuición, necesidad, sensibilidad, creatividad, disciplina y una historia personal muy marcada por lo natural, por México y por las ganas de hacer las cosas de otra manera”, finaliza.

Author

  • Marissa Espinosa

    es editora de Fast Company México. Ha trabajado en National Geographic Traveler, TV Azteca y Business Insider México. También ha colaborado en títulos como Fortune en Español.

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    es editora de Fast Company México. Ha trabajado en National Geographic Traveler, TV Azteca y Business Insider México. También ha colaborado en títulos como Fortune en Español.

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Sobre el autor

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