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Los olivares guardan el secreto para fabricar envases biodegradables activos que mantienen frescos los alimentos

El plástico derivado del petróleo todavía domina el mercado del envasado. Pero los restos de la poda de olivo podrían ayudar a la transición de envases amigables con el ambiente.

Los olivares guardan el secreto para fabricar envases biodegradables activos que mantienen frescos los alimentos [Imagen: Freepik]

¿Sabías que casi un tercio de la comida termina en la basura? Muchos productos se estropean antes de llegar a nuestras manos. Este desperdicio impacta gravemente al planeta y a la economía por la pérdida de recursos que conlleva.

No basta con cultivar más frutas y verduras cada año. Debemos aprender a utilizar mejor los recursos que ya tenemos. Una solución innovadora consiste en utilizar los desechos del campo para crear envases activos. Estos ayudan a que los alimentos duren más tiempo, reduciendo así el desperdicio de comida.

El gran reto de conservar los recursos

El plástico derivado del petróleo todavía domina el mercado del envasado. Entre sus ventajas destaca que es un material muy barato y fácil de fabricar en masa. Sin embargo, da lugar a gran cantidad de residuos que dañan la naturaleza.

Tirar comida también supone desperdiciar el agua usada en el riego, la energía empleada en el transporte y el esfuerzo de los agricultores. El coste ambiental de producir alimentos que nadie consume es altísimo y reducir estas pérdidas es ahora una prioridad mundial. Además, necesitamos alternativas al plástico que no contaminen los océanos ni los suelos. Ante este gran reto, los materiales naturales aparecen como la mejor respuesta.

De las hojas del olivo al hogar

Los restos de la poda del olivo suelen considerarse simples desechos. Tras la cosecha, miles de toneladas de hojas quedan sin reutilizar. En una investigación reciente hemos propuesto dar una segunda vida a este material vegetal.

Las hojas del olivo albergan sustancias antioxidantes y antimicrobianas que evitan que los alimentos se alteren. Es por ello que estos componentes son ideales para proteger la carne, las frutas y las verduras. Mediante técnicas específicas, es posible extraerlos e incluirlos en los materiales de envasado, dotando al nuevo material de sus beneficios.

Un escudo activo y natural

Una vez obtenidos, los extractos se incorporan a una película biodegradable hecha con fuentes naturales, como el almidón de maíz o ácido poliláctico, para dar lugar a un envase. La lámina libera gradualmente los compuestos activos, que retrasan los cambios que dañan los alimentos y prolongan su frescura.

Así, los envases activos no solo protegen físicamente los alimentos sino que, además, los mantienen en buen estado mientras permanecen envasados.

Al ser biodegradable, el material se descompone de forma natural una vez lo desechamos. Así se reduce el impacto ambiental y se aprovechan mejor los residuos agrícolas.

Un método seguro y sin necesidad de disolventes

Para introducir los extractos en el envase se usa una técnica limpia: dióxido de carbono sometido a una presión muy alta. En este estado especial, el fluido se comporta como si fuera un líquido y un gas a la vez.

Este fluido penetra en el material natural y lo impregna de los compuestos activos. No hace falta usar disolventes químicos que puedan ser peligrosos o tóxicos, por lo que es un método muy seguro para la salud de las personas.

Al terminar el proceso, el gas recupera su forma original sin dejar ningún tipo de residuo extraño en el envase final. Esta tecnología permite controlar con exactitud la calidad de cada pieza fabricada.

Una tecnología viable para producción industrial

Demostrar que el envase funciona en laboratorio no basta. Por eso utilizamos una planta piloto para fabricar láminas más grandes, similares a las que requiere la industria para producir envases a gran escala. Esto permite comprobar que la distribución del extracto es uniforme y que la calidad se mantiene.

El color verde del extracto sirve como indicador visual. Así, podemos detectar zonas con menor concentración y ajustamos el proceso, logrando una distribución homogénea de las sustancias activas. Esto asegura que cada parte del envase cumpla su función protectora.

De esta forma, la tecnología pasa de ser experimental a viable para producción industrial.

El camino hacia la economía circular

Este avance impulsa un modelo de economía circular donde nada se pierde y todo se transforma: los restos de una cosecha ayudan a proteger la cosecha siguiente. Así se cierra un ciclo que imita a la propia naturaleza.

De esta forma, se reduce la necesidad de utilizar nuevas materias primas y se genera menos basura en las ciudades y en los campos. Es un ejemplo claro de cómo la ciencia mejora nuestra vida diaria.

Las empresas que adopten estos envases serán mucho más competitivas y modernas. Estas generarán menos impactos negativos en el medio ambiente y responderán a clientes que valoran cada vez más los productos sostenibles. Es una inversión con beneficios para la sociedad y para el futuro.

Beneficios para todos

El consumidor final es el gran beneficiado de esta tecnología verde. Al comprar los productos en envases activos, los alimentos durarán mucho más tiempo frescos. Esto ayuda a organizar mejor las compras y a ahorrar dinero.

También ganamos en salud al consumir alimentos con menos aditivos químicos. La protección viene de la propia naturaleza, en este caso de las hojas de olivo.

El futuro de la alimentación empieza con estos pequeños cambios en el campo. Cada envase biodegradable es un paso hacia un mundo mucho más limpio y que genera menos basura.


Lourdes Casas Cardoso es catedrática de Universidad, Universidad de Cádiz; Cristina Cejudo Bastante, Profesor Titular de Universidad del área de Tecnologia de Alimentos de la Universidad de Cádiz, Universidad de Cádiz; Lidia Verano Naranjo, Investigadora posdoctoral, Universidad de Cádiz y Noelia Daiana Machado, Personal docente investigador en Ingeniería Química, Universidad de Cádiz

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lee el original.

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