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El agua es potable… hasta que llega a casa

La infraestructura doméstica es el eslabón más débil en la calidad del agua en México.

El agua es potable… hasta que llega a casa [Foto: karolinagrabowska/Pixabay]

Aunque el agua que sale de las plantas en México ya es potable y cumple con la normativa, no siempre llega en las mismas condiciones a los hogares. Las fugas, las tuberías corroídas y el mal estado de cisternas y tinacos deterioran la calidad en el último tramo del sistema.

Esto ha provocado que México sea el mayor consumidor de agua embotellada del mundo. Cada persona consume entre 244 y 390 litros por año, según datos de EcoHealth.

En Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, la percepción sobre la calidad del agua ha disminuido. En Jalisco, por ejemplo, la satisfacción cayó de 62.6% a 40.7% en los últimos años.

Una infraestructura vieja y sin mantenimiento

“El agua sale en condiciones óptimas de la planta potabilizadora, pero las tuberías con décadas de antigüedad, hierro galvanizado, materiales corroídos, cemento y asbesto acumulan sedimentos y provocan filtraciones. Esto hace que la calidad del agua se deteriore antes de llegar al consumidor”, explicó Lucas Barrionuevo, cofundador de Somos PURA.

Según estimaciones de la UNAM, alrededor del 40% del agua potable se pierde por fugas antes de llegar al usuario final. Las consecuencias no son solo desperdicio. Las rupturas en las redes permiten que contaminantes externos entren en contacto con el líquido.

El punto más crítico del agua potable es el almacenamiento en casa

El mantenimiento deficiente de tinacos y cisternas también agrava el problema. En muchas viviendas, el agua puede quedar estancada durante días, lo que incrementa la presencia de bacterias, óxido y otras partículas.

“Cuando las personas dudan del agua que sale de la llave, la alternativa inmediata es el agua embotellada, con un alto costo ambiental y económico”, señaló Leandro Barrionuevo, también cofundador de Somos PURA.

El deterioro en la percepción sobre el agua potable no se origina en un solo punto. Se manifiesta al cocinar, en los residuos que deja en los vasos o en el sarro acumulado en regaderas y electrodomésticos.

Soluciones desde el hogar

Frente a la lenta renovación de la infraestructura pública, algunas personas han comenzado a instalar sistemas de purificación en sus casas. Estas tecnologías permiten eliminar contaminantes físicos, químicos y biológicos justo antes del consumo.

Además de reducir bacterias, los sistemas de purificación también filtran sedimentos, disminuyen el sarro y mejoran el sabor y el olor del agua. Con ello, también reducen la dependencia del agua embotellada.

“Hoy, la calidad del agua ya no se valida solo en una prueba de laboratorio. Se confirma —o se pierde— en el día a día, con el olor, la textura y el sabor del agua que usamos”, añadió Lucas Barrionuevo.

Hacia un consumo más circular del agua potable

La actual dependencia de México del agua embotellada responde a un modelo de consumo lineal: se extrae, se envasa, se transporta, se consume y se desecha. Recuperar la confianza en el agua que llega a los hogares podría cambiar esa dinámica.

“Este enfoque coincide con la nueva Ley General de Economía Circular, actualmente en discusión legislativa, que plantea reducir la generación de residuos, promover su recuperación y alargar la vida útil de productos y materiales”, concluyó Lucas Barrionuevo.

La purificación doméstica no reemplaza el papel del sistema público, pero permite intervenir justo en el punto final, donde hoy se concentra la mayor pérdida de calidad. En esa última milla, la confianza también se filtra.

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