[Ilustración: Shutterstock]
En lo que respecta al éxito —independientemente de cómo se defina— el esfuerzo importa. También la habilidad, la experiencia, la perseverancia y la disposición de hacer lo que otros no hacen. Igual influye tener un poco de suerte.
Un estudio publicado en Physics and Society encontró que, si bien cierto grado de talento es necesario para tener éxito en la vida, “casi nunca las personas más talentosas alcanzan las cimas más altas del éxito, siendo superadas por individuos mediocres pero sensiblemente más afortunados”.
Trabajar más, pensar mejor y durar más que otras personas definitivamente mejorará tus probabilidades de éxito, pero aun así: necesitas un poco de suerte.
Afortunadamente, no toda la suerte es necesariamente aleatoria. Según el neurólogo James Austin, en su libro Chase, Chance, and Creativity: The Lucky Art of Novelty (Persecución, azar y creatividad: el arte afortunado de la novedad), existen cuatro tipos básicos de suerte, y tres de ellos se controlan, al menos parcialmente:
1. Suerte ciega
Oportunidad, o resultado, sin esfuerzo. Imprevisto y, lo más importante, incontrolable.
2. Suerte por acción
Por actuar, intentar cosas. Por hacerlas. Como cuando le escribí un correo electrónico a alguien para decirle que admiraba su trabajo. —Lo cual, aunque no lo podía predecir ni pretendía que sucediera, terminó consiguiendo uno de mis trabajos de escritura fantasma más lucrativos y gratificantes—.
No puedes tener suerte para conocer a la persona adecuada a menos que conozcas a varias personas; cuantas más conozcas, más probabilidades tendrás. La “suerte” para conocer a la persona adecuada es solo una forma de suerte en movimiento. Porque la suerte se encuentra a menudo, pero casi nunca se encuentra desde tu sillón.
3. Suerte que surge de la consciencia
Detectar y aprovechar las oportunidades. Tener la suerte de reconocer una oportunidad es una cosa; solo se es verdaderamente afortunado si también se poseen las habilidades, la experiencia, los recursos, etc., necesarios para aprovecharla. Aunque tuve la suerte de vivir al lado de un cofundador de Rosetta Stone, no tuve la previsión ni el dinero para invertir.
Aun así, según un experimento descrito por Richard Wiseman en The Luck Factor, las personas que se consideran afortunadas tienden a detectar y aprovechar más oportunidades que las personas que se consideran desafortunadas.
Curiosamente, creer que se tiene suerte es causal. En el experimento, quienes se consideraban afortunados detectaron una oportunidad mucho más rápido —en algunos casos, quienes se consideraban desafortunados nunca la detectaron— y también creyeron más rápido que realmente era una oportunidad y la aprovecharon.
La diferencia fue la autopercepción, no el acceso a las oportunidades. La clave está en prestar atención y creer que prestar atención marcará la diferencia.
Porque lo hará.
4. Suerte derivada de la singularidad
Austin afirma que esto implica “aficiones, estilos de vida y comportamientos motores distintivos, si no excéntricos”.
Recuerda que no hace falta ser un poco excéntrico para ser único. Soy bastante mediocre en todo. Pero el hecho de saber mucho de Fórmula 1, fútbol australiano, construcción y las seis esposas de Enrique VIII convirtió un encuentro casual en la sala VIP de un aeropuerto en una conversación de una hora que dio origen a una relación profesional y personal mutuamente beneficiosa que durará décadas.
Fue en parte pura suerte encontrarme con esa persona. Pero también estaba en movimiento. Y enseguida me di cuenta de que era un conversador fascinante. Y el hecho de que compartiéramos una mezcla de intereses bastante esotéricos nos hacía distintos, al menos entre nosotros.
En resumen, si quieres tener más suerte, conoce más gente. Haz más cosas. Prueba más cosas. Prueba cosas más inusuales. Sé generoso, sobre todo con las felicitaciones y los elogios.
Y cuando veas una oportunidad, no tengas miedo de preguntar. La suerte a veces surge cuando la persona adecuada dice que sí: a tu idea, a tu startup, a tu presentación, a tu propuesta, a tu solicitud.
Pero nadie dice que sí a menos que se lo pidas. Como dijo Steve Jobs: “La mayoría de la gente nunca pregunta, y eso es lo que, a veces, distingue a quienes hacen cosas de quienes solo las sueñan”.
No puedes controlar la suerte ciega. Pero sí puedes, hasta cierto punto, controlar otras formas de suerte. Lo que sí puedes controlar es cómo respondes al azar o a las circunstancias.
Y lo más importante, la frecuencia con la que te pones en una posición en la que puedes tener suerte.
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