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Piensa en tu creatividad como un jardín de alto rendimiento: si te centras solo en la cosecha visible (resultados) y nunca permites que la tierra permanezca baldía (espacio liminal) ni que las abejas deambulen libremente (jueguen), el suelo acabará agotándose. El aburrimiento es la señal de que la tierra necesita reponerse, lo que garantiza que tu próxima temporada de trabajo sea un éxito en lugar de una lucha.
En nuestra actual “adicción al trabajo”, hemos llegado a glorificar el ajetreo, priorizando excesivamente el rendimiento y descuidando el bienestar que lo impulsa. Tratamos el ocio y el descanso como placeres culpables en lugar de pausas sagradas. Sin embargo, la verdad de la Era de la Imaginación es esta: nuestro mejor trabajo a menudo ocurre cuando no estamos trabajando visiblemente. Para prosperar en un mundo de tecnología omnipresente y agotamiento sin precedentes, debemos dejar de trabajar arduamente y empezar a cultivar lo que yo llamo los “puntos atractivos” de la productividad: el aburrimiento, el juego y el mágico intermedio del espacio liminal.
El aburrimiento: una invitación a crear
A menudo nos reprochamos el aburrimiento, pero el aburrimiento no es un comportamiento que debamos reprimir, sino una invitación. Sirve como una señal neurológica para encontrar nuevas fuentes de estimulación. Cuando nos permitimos aburrirnos en lugar de recurrir a una distracción digital, activamos la red neuronal por defecto (RND), la parte del cerebro que “crea significado” y conecta puntos, encuentra patrones y sintetiza información cuando no estamos completamente concentrados en tareas externas. Actúa como una “lavadora” para nuestras ideas, tomando información profundamente sentida y dándole sentido.
Al considerar el aburrimiento como un detonante de la curiosidad, nos alejamos de una mentalidad mecánica de productividad “1 + 1 = 2” y nos acercamos a una mentalidad de cultivo, donde valoramos lo que está evolucionando en el reino latente e invisible.
Consideremos las siguientes ideas esclarecedoras provenientes de la neurociencia y la investigación en el lugar de trabajo.
La divagación mental es tu ventaja competitiva. Aunque pasamos el 47% de nuestras horas de vigilia pensando en algo distinto a lo que estamos haciendo, la divagación mental no es una distracción. Es un mecanismo de supervivencia que, al canalizarse, facilita momentos de revelación para la resolución de problemas. Soñar despierto está científicamente vinculado a un aumento de las ondas alfa en la corteza frontal del cerebro, un patrón directamente asociado con un mayor pensamiento divergente y creatividad.
Sin embargo, la estamos reprimiendo sin descanso. Aquí es donde se vuelve urgente: según una publicación del blog Linearity de noviembre de 2023, 80% de las personas cree que impulsar la creatividad es fundamental para el crecimiento económico. Sin embargo, 75% de los encuestados en un estudio de Thrive My Way afirmó sentirse presionado para ser “productivo” —orientado a la producción— en lugar de creativo en el trabajo. Estamos bloqueando sistemáticamente las vías neuronales que impulsan la innovación.
Aquí tienes algo que puedes hacer para dedicar tiempo a la creatividad en el trabajo: Establece “horas de reflexión” en tu calendario, un tiempo reservado —aunque solo sean 30 minutos diarios— donde se anima a los miembros del equipo a alejarse de las pantallas sin agenda. Un estudio de Tork de 2021 reveló que 9 de cada 10 empleados afirmaron tener más probabilidades de quedarse en una empresa donde la dirección fomentaba los descansos. Eso no es teatro de bienestar; es una estrategia de retención con una tasa de éxito del 90%.
Así que, considera este tiempo reservado explícitamente como trabajo creativo, no como procrastinación. Mide el impacto en la generación de ideas en tu próximo sprint o ciclo de proyecto.
El poder del juego y la metacognición
Para desenvolvernos en los complejos sistemas actuales, debemos reintroducir el juego, que el diseñador de juguetes Brendan Boyle define simplemente como “participación”. Lo opuesto al juego no es el trabajo; lo opuesto al juego es el aburrimiento. Integrar el juego en el trabajo, ya sea mediante la creación de prototipos o la gamificación de reuniones, eleva la moral y estimula habilidades cruciales de liderazgo ejecutivo como la empatía, la negociación y la capacidad de improvisar.
Esta mentalidad lúdica se ve reforzada por la metacognición: la práctica de reflexionar sobre el propio pensamiento. Al practicar lo que llamo “retrospección” —reflexionar sobre experiencias pasadas para comprender las habilidades adquiridas—, construimos un inventario de valentía. Esta autoindagación nos permite reconocer que nuestras dificultades, más nuestras ganancias, equivalen a nuestros activos, lo que nos proporciona la base sólida necesaria para lanzarnos a lo desconocido.
Los datos al respecto son sorprendentes y desafían todo lo que creemos saber sobre la eficiencia.
Ese mismo estudio de Thrive My Way demostró que la capacitación en creatividad genera un retorno de la inversión del 350%. Los grupos capacitados en herramientas y principios de creatividad generaron un 350% más de ideas, y estas fueron un 415% más originales, que los de los grupos sin capacitación. Esto no es una métrica de habilidades blandas. Es innovación medida en las ideas que impulsan el progreso de su negocio.
Pero nos enfrentamos a una crisis de compromiso. En 2024, solo 20% de los empleados estaban comprometidos, lo que marca el nivel más bajo de compromiso laboral jamás registrado. Nos esforzamos más mientras nuestros equipos se desconectan. La correlación es clara: hemos optimizado el compromiso fuera del trabajo por completo.
Puedes evitar una crisis de compromiso en tu empresa lanzando una “auditoría de juego” en tu próxima sesión de estrategia. Identifica dos reuniones imprescindibles al mes que se rediseñen en torno al juego. Podrían ser ejercicios de improvisación, Lego Serious Play o resolución de problemas físicos. Monitorea las puntuaciones de compromiso y la calidad de las ideas antes y después. Probablemente descubrirás que los desafíos estratégicos más importantes se resuelven cuando tu equipo deja de tomárselos tan en serio.
Involucrando el espacio liminal en medio de la distracción
Vivimos en una era de “enfoque robado”, donde el trabajador del conocimiento promedio cambia de tarea cada 47 segundos. El cambio es asombroso: en 2004, el trabajador del conocimiento promedio cambiaba de tarea cada tres minutos. Esto representa una reducción del 73% de la capacidad de atención en menos de dos décadas.
Una investigación de la experta en distracciones Gloria Mark indica que pasamos aproximadamente el 47% de nuestras horas de vigilia pensando en lo que no está sucediendo, un tipo de divagación mental a menudo asociada con la infelicidad. Este cambio constante de tareas agota los recursos cognitivos y eleva los niveles de cortisol, creando un estado neurológico diseñado para la respuesta a las crisis, no para la creatividad.
El antídoto es involucrarnos intencionalmente en el espacio liminal, esa fase de transición entre dos mundos donde el crecimiento ocurre bajo la superficie. La liminalidad puede ser física, como un viaje al trabajo, o metafórica, como el tiempo de inactividad entre ciclos de proyectos. En lugar de llenar cada espacio con una pantalla, deberíamos abrazar la ambigüedad restauradora, donde nos sentimos expectantes y en paz en lo desconocido.
El costo financiero de ignorar esto es sustancial y es algo que todos debemos escuchar.
El síndrome de burnout es una crisis económica que se disfraza de un problema personal. El estrés laboral no es solo un problema personal, sino un problema económico de gran magnitud, que cuesta a las industrias estadounidenses más de 300,000 millones de dólares anuales en ausentismo, rotación de personal y disminución de la productividad. Alrededor del 71% de los trabajadores del conocimiento informaron haber experimentado burnout al menos una vez en 2020. Los empleados con burnout se tomaron un 60% más de bajas por enfermedad y tuvieron 2.6 veces más probabilidades de buscar otro empleo.
Muchos de nosotros estamos generando productividad en lugar de generarla. La presión por parecer ocupados es omnipresente: el 83% de los trabajadores estadounidenses a tiempo completo admitieron haber adoptado “conductas laborales performativas” —teatro de la productividad— durante el último año. En realidad, sus equipos no son más productivos, simplemente se les da mejor parecer ocupados mientras se les acaba el tiempo.
Ya sea un descanso breve o una semana sabática, las pausas alivian la carga cognitiva del neocórtex. Valorar la inactividad tanto como el crecimiento transforma el trabajo en experiencias de aprendizaje cultivadas. En este sistema operativo, el descanso no es un beneficio. Es un derecho humano fundamental y una herramienta crucial para un liderazgo sostenible e innovador.
Intenta mapear la velocidad de cambio de tareas de tu organización. ¿Con qué frecuencia se programan reuniones consecutivas? ¿Cuántos canales se espera que monitoricen los equipos? Implementa “bloques sin reuniones”, similar a lo que hizo Zapier al implementar una semana dedicada a “hacer las cosas”. Estos podrían ser periodos de dos horas semanales sin reuniones. Define estos periodos como un espacio liminal donde las personas pueden realizar trabajo profundo o simplemente pensar. Monitorea las métricas de retención y productividad durante un trimestre. Probablemente verás un aumento en ambas.
El resultado final
Nos encontramos en una encrucijada. Podemos seguir agotando a nuestros equipos mientras generamos ideas cada vez mejores, o podemos cultivar organizaciones que prioricen el aburrimiento, la diversión y la pausa estratégica como pilares de la innovación sostenible. La decisión parece sencilla hasta que nos damos cuenta de que requiere redefinir radicalmente el significado de “productividad”.
Las organizaciones que superarán a la competencia en los próximos cinco años no serán las que eliminaron el tiempo de inactividad. Serán las que tengan la valentía de incorporarlo. Serán las líderes que comprendan que la creatividad no es un lujo, sino una infraestructura. Y serán las empresas que atraigan y retengan al mejor talento porque respetan algo mucho más valioso que el teatro de la productividad: la capacidad humana de prosperar.
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