[Imagen impulsada por IA]
Cada 14 de febrero, México respira amor… y logística. Lo que para el consumidor es un ramo perfecto con listón rojo, para el sector logístico es una operación acelerada que arranca semanas antes: sensores monitoreando temperatura, vuelos cargados de rosas, transportistas sorteando aduanas, algoritmos reacomodando rutas y centros de distribución operando al límite.
México produce flores a gran escala, en 2023 fueron 4,173 millones de flores, con el Estado de México concentrando 75.6% del total nacional. Rosas, crisantemos, gerberas y liliums salen por toneladas de invernaderos mexiquenses para alimentar los mercados y florerías del país.
Si bien nuestro país es prácticamente autosuficiente, no deja de existir un componente de importación, con flores provenientes de Guatemala, Colombia, Ecuador y Países Bajos; que en conjunto obligan a una carrera contrarreloj de cadena de frío, coordinación aduanal y transporte terrestre.
Antes de que el repartidor toque el timbre: los verdaderos retos en logística
Cuando se habla de logística, solemos imaginar únicamente la última milla: motos, bicicletas y repartidores contra el reloj, pero el mayor drama ocurre antes.
Las flores que llegan desde el exterior viajan por carga aérea en cadenas de frío estrictas. Las empresas de carga aumentan sus frecuencias semanales desde enero y agregan aeronaves y camiones externos para absorber la demanda. En estas fechas, un retraso de horas puede arruinar cargamentos enteros.
Flores y alimentos son productos sensibles: requieren inspecciones, sellos fitosanitarios, revisiones de plagas y control de humedad. Un proceso lento en aduanas puede descomponer un contenedor completo, lo que obliga a coordinar aduanas + aerolíneas + transportistas terrestres casi como orquesta. Monitoreo IoT, sensores de temperatura y reporteo de estado se han vuelto estándar para evitar disputas y asegurar la frescura, especialmente en mercancía de alto valor por kilo.
La logística previa a la última milla vive su propio “14 de febrero” en bodegas: el flujo de carga se duplica o incluso se triplica; se requiere reempacar flores, rehidratar tallos y volver a enfriar; además, se reorganizan rutas mayoristas hacia mercados, florerías, autoservicios y plataformas de venta en línea. La planeación es obsesiva: inventario, disponibilidad, temperatura, humedad, rotación. Un error genera pérdidas instantáneas.
Tecnología: el nuevo Cupido operativo
La logística de San Valentín ya no se entiende sin tecnología. La explosión de demanda obliga a que IA, sensores y plataformas de transporte trabajen al mismo ritmo que las flores se marchitan. No es solo delivery: toda la cadena, desde aeropuertos hasta mercados, recibe un apoyo tecnológico y digital.
Plataformas logísticas digitales, algo así como “Uber para camiones”, son ahora esenciales. Estas plataformas conectan en minutos a empresas de carga con transportistas para poder incrementar su capacidad de carga. También existen opciones que permiten a mayoristas, florerías y operadores logísticos, resolver la falta de capacidad en temporada pico.
IA para pronóstico y asignación. Las empresas que modelan picos con machine learning anticipan inventarios por zona, ajustan horarios de personal y entienden en qué colonias se dispara la compra de último minuto. Casi la mitad decompradores mexicanos adquieren regalos por ecommerce, agregando presión digital a la cadena.
Optimización avanzada. El día clave, las empresas de entrega registran aumentos de casi el doble tanto en entregas como en flota disponible, las empresas que utilizan herramientas para optimizar rutas distribución son las que pueden mantener un índice superior a 90% en entregas exitosas. La capacidad de adaptación no sería posible sin enrutamiento dinámico, lectura en tiempo real del tráfico y redistribución automática de cargas.
Sensores y cadena de frío inteligente. Data loggers, GPS y sistemas de alerta reducen mermas y permiten actuar antes de que los tallos sufran. Lo que antes era intuición ahora es telemetría.
San Valentín es la prueba de estrés favorita de la logística mexicana: romántica por fuera y obsesiva por dentro. Si los negocios quieren conquistar a clientes impacientes, no basta con rosas rojas; necesitan datos, algoritmos y hielo seco. Y, sí, un poco de suerte para que el tráfico los deje llegar a tiempo.
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