Foto: FCMX
Cambiar una puerta cuando el vehículo ya existe cuesta dinero real. En General Motors lo midieron en el peor momento: “nos gastamos alrededor de 300,000 dólares por programa para hacer cambios tardíos”, dijo José Elías Ruede, Director del Centro Regional de Ingeniería de Toluca (TREC) de General Motors de México.
Ese gasto no cayó del cielo. Llegaba cuando una prueba física revelaba fallas que el equipo ya debía haber “cazado” antes de fabricar herramentales y piezas. “Cualquier cambio es carísimo. Entonces nosotros fuimos los pioneros… los primeros en empezar a hacer correlación CAE (Ingeniería Asistida por Computadora)”, explicó Ruede.
En su aniversario 30, el TREC se describe como un centro de ingeniería que participa cada año “en el desarrollo y validación de más de 5,000 componentes”. Hoy opera con más de 700 profesionales. Su lógica se parece menos a un laboratorio aislado y más a una fábrica de ingeniería: toma decisiones técnicas y las convierte en tres resultados medibles.
Menos costo y menos tiempo: cuando el cambio deja de ser sorpresa
El primer resultado medible vive en la virtualización. Ruede contó que el equipo pasó de validar tarde, con prototipos y pruebas físicas, a predecir fallas antes del diseño final. “Todo esto es virtual… antes de que emitas el diseño final… tú ya sabes qué va a fallar”, dijo.
El cambio se ve en el costo del retrabajo. Con modelos reducidos y correlación entre simulación y pruebas físicas, el TREC bajó el gasto anual por cambios tardíos. “Bajamos de gastamos un millón de dólares al año a 100,000 o 150,000 dólares al año”, dijo Ruede.
La misma lógica aparece en interiores, donde el “producto” no es una pieza física dentro del edificio, sino el paquete de datos que vuelve fabricable una idea estética.
En puertas, el equipo virtual empuja la velocidad con procedimientos estandarizados a nivel global. En el TREC son Global Simulation Owners. Se encargan de escribir los procedimientos, así regiones como China, Corea, Estados Unidos se rigen por lo que aquí se escribe.
Se gana más con pruebas acreditadas
El segundo resultado medible no luce en renders. Se ve cuando un vehículo puede venderse. El laboratorio de emisiones del TREC opera con un objetivo explícito. “Lo que hacemos aquí tiene tres propósitos: desarrollo, validación y certificación”, dijo Ubardo Sánchez, responsable de los laboratorios de emisiones.
Esa certificación depende de un reconocimiento formal. En la práctica, esa validación sostiene que los productos cumplan “con las normativas mexicanas para que nuestros productos puedan ser comercializados en nuestro país”, explicó.
Y es que, en un centro que diseña componentes y software, la certificación funciona como puente entre ingeniería y mercado.
Interiores pone otra regla: lo que se ve debe poder fabricarse y debe cuidar la seguridad. Sofía Ruiz, gerente de diseño de interiores, explicó que “cuando el diseño se vuelve ingeniería, la puerta deja de ser ‘una hoja’ y se llena de piezas, interfaces y requisitos”.
Tu pantalla, cuando más la necesitas
En el área de infotainment del TREC, GM valida funciones de uso diario y de seguridad hasta tres años antes de venta. La meta es que la tecnología funcione en México.
La llamada de emergencia se ve sencilla desde el asiento del conductor. En esta área la vuelven un caso de prueba. “Vamos a simular un evento de colisión”, dijo el equipo antes de activar una llamada. La escena importa por una regla del sistema. “En una llamada que se lanza por un evento de colisión, si el usuario no puede terminar la llamada, el asesor toma el control”, explicó un miembro del equipo.
La lógica del laboratorio de infotainment no empieza con pantallas, sino con verificación. Ricardo Dávila explica que todo “empieza alrededor de dos o tres años antes de que el vehículo salga a la venta”. En ese tiempo, el grupo define qué funciones se validan en qué país.
El equipo no asume que todo aplica igual. “Tenemos que saber qué features van a vender en cada país”, explicó Dávila. “Después tenemos una fase en la cual vamos a realizar solo benches”, dijo. El motivo es que los vehículos todavía no están preparados y es mucho más rápido testearlo en un entorno controlado.
El equipo define lo que se prueba con un enfoque de interacción. “Testeamos… la parte del user interface, ¿qué ven ustedes? ¿Cómo interactúas tú con tu vehículo?”, dijo Dávila. El objetivo es reducir fricción en tareas básicas.
Ahor, Dávila reconoce que “es muy difícil que un software quede 100% perfecto a la primera. Nadie lo tiene”, y explica que por eso existe la ‘continuous improvement’. “Revisamos más de 3,000 modos de falla por cada nivel de software”, explicó.
Así, antes de que el usuario toque una pantalla o pida una ruta por voz, el sistema ya pasó por un banco de subsistema y por criterios de seguridad. En Toluca, el infotainment funciona como laboratorio de uso: “cada una de las tecnologías que ustedes reciben pasan por aquí primero”, dijo Dávila.
30 años de TREC, una fábrica que exporta métodos
GM llama al TREC “pilar de excelencia” y lo ubica como actor global. Ruede lo planteó como legado y continuidad. “Este aniversario no solo celebra nuestro pasado, sino que también reafirma nuestra dedicación”, dijo.
El TREC no es un centro donde se produzcan unidades en una línea; es más una incubadora de decisiones que se vuelven métricas. Las metas son menos retrabajo y menos costo por cambios tardíos, cumplimiento que habilita ventas con pruebas acreditadas, y un producto que integra interiores, conectividad, seguridad y software antes de llegar al cliente.
Treinta años después de su fundación en 1995, el centro muestra el tipo de ingeniería que GM empuja desde México, correlación CAE, validación anticipada, certificación para NOM y ciclos de software que ya operan con lógica de actualización continua.
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