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Energía nuclear: la clave de China para transitar a una red eléctrica totalmente renovable

China construyó 27 reactores nucleares en una década. Estados Unidos, solo dos. Pero esa es apenas la mitad de la historia.

Energía nuclear: la clave de China para transitar a una red eléctrica totalmente renovable [Foto: liuliming/Getty Images]

Entre finales de 2016 y agosto de 2026, China conectó 27 nuevos reactores nucleares a su red eléctrica. En el mismo periodo, Estados Unidos conectó dos. Como me dice Jacopo Buongiorno, profesor de ciencia e ingeniería nuclear y director del Centro de Sistemas Avanzados de Energía Nuclear del MIT, “China es el líder mundial en construcción de plantas de energía nuclear (NPP, por sus siglas en inglés)”.

Es un dato impresionante por sí solo, pero al considerar el panorama completo resulta aún más notable. Esas plantas nucleares representan solo una pequeña fracción de la capacidad energética total de China, pero son el eje de la generación eléctrica del país. La razón es que los ingenieros chinos diseñaron una red eléctrica que depende en gran medida de las renovables (y que busca eventualmente ser 100% verde). Pero, dado que la generación eólica y solar fluctúa mucho, necesitan una gran cantidad de generación nuclear para mantener estable y en pleno funcionamiento su red eléctrica. Sin ese suministro constante, las fluctuaciones harían colapsar la red.

El apetito eléctrico de Beijing se remonta a las políticas de “Reforma y Apertura” de Deng Xiaoping, lanzadas en diciembre de 1978, que encaminaron a China hacia una rápida industrialización, liberalización de mercado y urbanización que ha continuado por casi cinco décadas. Esa transformación impulsó un aumento en la electrificación, originalmente alimentada por carbón y, en años recientes, cada vez más por energía renovable.

“Estamos en una carrera increíble para añadir suficiente capacidad de generación eléctrica en China para cubrir lo que equivale a sumar una Alemania extra de consumo eléctrico nuevo cada año”, declaró recientemente David Fishman, socio de la consultora energética The Lantau Group, al South China Morning Post.

Las cifras cuadran: el consumo eléctrico de China superó los 10 billones de kilowatt-hora –10,000 terawatt-hora (TWh)– en 2025, impulsado por la manufactura avanzada y la inteligencia artificial. La demanda eléctrica de China creció 503 TWh solo ese año. El consumo eléctrico bruto de Alemania, de todas las fuentes combinadas, se estimó en aproximadamente 517 TWh en el mismo periodo, lo que significa que China añadió casi el equivalente al consumo de una Alemania completa en un solo año.

Casi nada de ese crecimiento se está cubriendo con energía nuclear. El carbón sigue aportando la mayor parte de la electricidad de China, pero las renovables están cerrando la brecha rápidamente: la energía eólica y solar subió a 22% de la generación nacional en 2025, desde 18% el año anterior, y para la primera mitad de 2026 la participación del carbón había caído por debajo del 50% de la generación total por primera vez en la historia. La nuclear, mientras tanto, se mantiene estable en alrededor del 5% de la mezcla energética.

Si el enorme crecimiento eléctrico está impulsado casi por completo por la energía eólica y solar, ¿por qué es tan importante la nuclear para el diseño de la red eléctrica china? Diseñar una red no es cuestión de construir plantas de energía y conectarlas a ciudades y fábricas de la misma forma en que conectas tu tostadora al enchufe. La producción de energía fluctúa, y cada nodo de una red nacional necesita ser controlado y equilibrado para que toda la red no colapse (véase lo que ocurrió durante el apagón español el año pasado, donde las renovables producen ahora la mayor parte de la energía, pero no está bien equilibrada).

Para evitar una situación desastrosa como la española, China ha hecho dos cosas durante cerca de dos décadas. Primero, construir un “tren bala para la electricidad“: la red de ultra alto voltaje más extensa del mundo, que transporta electricidad desde los parques eólicos y solares del oeste hasta los centros industriales de la costa, equilibrando la oferta y la demanda en todo el país en tiempo real. Segundo, construir una flota nuclear que suministre energía sin importar el clima, la velocidad del viento o la hora del día. Ahí es donde entra la energía nuclear.

LA CLAVE ATÓMICA

La energía nuclear aporta a la red eléctrica lo que se conoce como generación base continua (baseload). Una red construida abrumadoramente sobre generación intermitente necesita un piso fijo que la sostenga, y la nuclear es el piso que Beijing eligió en su carrera hacia una energía de cero emisiones de carbono.

China opera actualmente 64 reactores comerciales que producen 63.9 gigawatts, la segunda flota más grande del mundo después de la de Estados Unidos. Empresas nacionales están construyendo 37 unidades más, con un total de 38.5 gigawatts. El Consejo de Estado ha aprobado 10 o más reactores anualmente desde 2022, incluyendo ocho unidades en cuatro proyectos aprobados el 31 de julio de 2026, con un valor de 25,000 millones de dólares, en el camino hacia 110 gigawatts de capacidad nuclear instalada para 2030 y una mezcla energética con 50% de fuentes no fósiles.

La asombrosa velocidad de construcción de reactores nucleares proviene, en primer lugar, de la estandarización. China construye casi exclusivamente dos diseños de reactores de agua a presión: el Hualong One, de tercera generación y desarrollo doméstico, y el CAP1000, adaptado de un diseño estadounidense creado por Westinghouse.

“Toda la cadena de suministro está construida en torno a esta estandarización”, dijo Victor Nian, del Centro de Recursos y Energía Estratégica, al South China Morning Post. Los proveedores nacionales ahora fabrican casi todos los componentes que necesita un reactor nuevo. Esa repetición comprime el tiempo de construcción a cerca de cinco años por unidad, mientras que en Occidente se invierte una década o más.

Se podría pensar que China está omitiendo pasos de seguridad, pero el hecho es que no es así, me dice Buongiorno. La flota existente del país, prácticamente toda de reactores refrigerados por agua, ya opera de forma segura y confiable, afirma, y “no hay razón para creer que las NPP que se están construyendo ahora, que son esencialmente idénticas, vayan a desempeñarse de manera diferente”. Señala que China, como todo país que opera plantas nucleares, pertenece a la Asociación Mundial de Operadores Nucleares, que realiza revisiones e inspecciones periódicas a las flotas de sus miembros. “China no opera estas NPP de forma aislada”, puntualiza.

El otro elemento detrás de esta velocidad es el financiamiento estatal, que comprime la curva de costos de la misma forma en que la estandarización comprime el cronograma. Según el SCMP, los desarrolladores obtienen préstamos a tasas de interés tan bajas como 1.5%, lo que sitúa el costo nivelado de la electricidad para un reactor de 1 gigawatt en alrededor de 42 dólares por megawatt-hora, cerca de la mitad de lo que costaría un proyecto occidental comparable con un financiamiento similar.

Buongiorno plantea esto como un enfoque probado, no improvisado. “El financiamiento respaldado por el Estado y las políticas energéticas estables son una buena manera de asegurar que estos proyectos de gran capital y larga duración puedan llevarse a cabo con mínimas perturbaciones”, dice, señalando el desarrollo nuclear de Francia en las décadas de 1970 y 1980, y a India, Rusia y Corea del Sur en la actualidad, como ejemplos previos del mismo modelo.

El modelo de Beijing tiene un límite físico importante: China solo permite reactores comerciales en la costa, donde los sitios adecuados tienen un tope de aproximadamente 163 reactores. Beijing suspendió las aprobaciones de reactores tierra adentro tras el colapso de Fukushima en 2011. “China físicamente se quedará sin sitios adecuados en algún momento”, dijo Fishman al SCMP. Levantar esa moratoria abriría 77 sitios a nivel nacional con espacio para 345 reactores.

Sin embargo, Buongiorno no ve el eventual traslado hacia el interior como una nueva categoría de riesgo. “Hay reactores tierra adentro operando en decenas de países alrededor del mundo”, me dice. “Su perfil de riesgo depende de las particularidades del sitio: sismicidad, acceso al agua, densidad poblacional, etc. Nada nuevo aquí”.

Author

  • Jesús Díaz

    es guionista y productor, cuyo trabajo más reciente incluye la miniserie documental Control Z: The Future to Undo, el diario futurista Novaceno y el libro The Secrets of Lego House.

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    es guionista y productor, cuyo trabajo más reciente incluye la miniserie documental Control Z: The Future to Undo, el diario futurista Novaceno y el libro The Secrets of Lego House.

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Sobre el autor

es guionista y productor, cuyo trabajo más reciente incluye la miniserie documental Control Z: The Future to Undo, el diario futurista Novaceno y el libro The Secrets of Lego House.