[imagen por: Frida Quiñones / FCMX]
La flexibilidad laboral para mujeres se está convirtiendo en algo más que una prestación. En México, 38% considera los cuidados personales y familiares al elegir cómo trabajar. Detrás de esa decisión hay una brecha enorme: ellas dedican 21.5 horas semanales más que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
Elegir entre trabajar desde casa, ir todos los días a la oficina o tener un esquema híbrido puede parecer una discusión sobre comodidad.
Para millones de mujeres en México, no necesariamente lo es.
Es una discusión sobre tiempo.
Un nuevo análisis de WeWork y Michael Page encontró que 38.27% de las mujeres considera la gestión de los cuidados personales y familiares como una prioridad al elegir su esquema laboral. Entre los hombres, la cifra baja a 25.9%.
La diferencia es de más de 12 puntos porcentuales.
Pero el dato se entiende mucho mejor cuando se observa qué ocurre después de cerrar la computadora.
Las mujeres tienen otra jornada cuando termina la jornada
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI, las mujeres en México destinan en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados, comunitario y voluntario no remunerado.
Los hombres dedican 18.2 horas.
Son 21.5 horas adicionales cada semana.
Es prácticamente otra jornada laboral de medio tiempo.
Por eso, cuando una mujer dice que la flexibilidad importa al momento de aceptar un empleo, detrás de esa decisión puede haber algo mucho más complejo que querer pasar menos días en la oficina.
Puede significar tener tiempo para llevar a un hijo a la escuela, cuidar a un familiar, acudir a una cita médica, preparar alimentos o realizar algunas de las tareas que todavía recaen desproporcionadamente sobre ellas.
Y eso cambia la conversación sobre el trabajo híbrido en México.
El home office no arregla la desigualdad
La flexibilidad se ha convertido en una de las prestaciones más buscadas por el talento mexicano. Un estudio citado anteriormente por Fast Company México encontró que 75% de los profesionistas relaciona su felicidad laboral con la flexibilidad que tiene en su empleo. No sorprende que cada vez más empresas utilicen el trabajo flexible como herramienta para atraer y retener talento.
Pero hay una trampa. Mandar a alguien a trabajar desde casa no hace desaparecer las responsabilidades de cuidado. En algunos casos, simplemente coloca el empleo remunerado y el trabajo doméstico en el mismo espacio.
Por eso la flexibilidad no puede funcionar sola.
La OCDE ha señalado que las responsabilidades domésticas y de cuidados recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres mexicanas y pueden limitar su participación laboral. Entre sus recomendaciones aparecen los horarios flexibles, el trabajo remoto y la posibilidad temporal de trabajar medio tiempo por razones familiares.
La palabra importante, sin embargo, es corresponsabilidad.
Si una mujer utiliza con mayor frecuencia el home office para cuidar a su familia mientras sus compañeros pasan más tiempo físicamente con sus líderes, una política diseñada para ayudarla podría terminar afectando su visibilidad dentro de la empresa.
La flexibilidad funciona como herramienta de equidad solamente cuando utilizarla no significa renunciar a promociones, proyectos importantes o posibilidades de liderazgo.
No basta con contratar más mujeres
México ha avanzado en algunos indicadores.
El Global Gender Gap Report 2025 del Foro Económico Mundial colocó al país en la posición 23 mundial, diez lugares por encima del año anterior, con 77.6% de su brecha general de género cerrada.
Pero cuando el análisis llega al dinero y al trabajo, el panorama cambia.
México registra apenas 60.9% de paridad en Participación y Oportunidades Económicas, prácticamente al nivel del promedio mundial de 61%, pero todavía por debajo del 65.6% de América Latina y el Caribe.
La desigualdad tampoco desaparece una vez que las mujeres entran a una empresa. Como hemos contado en Fast Company México, más de 91% de las mujeres puede obtener evaluaciones de desempeño buenas o sobresalientes y aun así avanzar profesionalmente menos que los hombres.
Ahí está el reto para las empresas.
No se trata solamente de preguntar cuántas mujeres trabajan en la organización, sino qué necesitan hacer fuera de ella y si las reglas internas están diseñadas como si todas las personas tuvieran exactamente la misma cantidad de tiempo disponible.
La próxima batalla laboral puede ser por el tiempo
Durante décadas, las empresas compitieron por talento principalmente con salarios.
Después llegaron las prestaciones, el home office, el bienestar y la cultura corporativa.
Ahora aparece otra variable: el control sobre el tiempo.
Para las mujeres, esa discusión resulta especialmente importante porque todavía realizan una parte mucho mayor del trabajo que ocurre fuera de las oficinas y que prácticamente nunca aparece en un currículum.
La flexibilidad laboral puede ayudar a cerrar esa brecha.
Pero solamente si las empresas entienden que permitir trabajar desde casa no es lo mismo que repartir mejor los cuidados.
La verdadera transformación ocurrirá cuando cuidar a alguien deje de ser un problema que cada trabajadora tiene que resolver individualmente y comience a entenderse como una realidad que también debe considerar el diseño del trabajo.
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