[Imagen por: FCMX]
Cuando hacemos una pregunta a una inteligencia artificial, la experiencia parece casi inmaterial.
Escribes unas palabras. Esperas segundos. Aparece una respuesta.
Pero detrás de esa experiencia existe una infraestructura completamente física. El agua en centros de datos de Google se ha convertido en una pieza clave para refrigerar los servidores que sostienen Gemini, Search, la nube y otros servicios.
Una de las formas más eficientes de mantener esos servidores funcionando sigue involucrando agua.
Google reconoce esa tensión.
La compañía admite que el enfriamiento mediante agua puede disminuir alrededor de 10% el consumo energético de un centro de datos frente a ciertos sistemas refrigerados por aire. Pero ese ahorro energético tiene otra consecuencia: aumenta la presión sobre los recursos hídricos de las comunidades donde se instala la infraestructura. Ahora Google está intentando poner dinero detrás de esa responsabilidad.
Google destina 500 millones al agua de sus centros de datos
En junio, Google anunció nuevos compromisos para los lugares donde construye y opera centros de datos. Además de pagar por el agua que consume, la compañía asegura haber comprometido ya más de 500 millones de dólares para desarrollar y modernizar sistemas de agua potable, aguas residuales y reúso junto con proveedores locales.
El objetivo es que el crecimiento de sus centros de datos no obligue a las comunidades vecinas a absorber todos los costos de modernizar la infraestructura necesaria. También busca reponer más agua dulce de la que consume en sus instalaciones para 2030.
En 2025, sus proyectos devolvieron aproximadamente 7,700 millones de galones, unos 29,000 millones de litros, equivalentes a 78% del agua dulce utilizada por Google durante ese año. La empresa opera actualmente 165 proyectos de gestión hídrica en 97 cuencas. Cuando todos estén operando, Google calcula que podrían reponer más de 19,000 millones de galones anuales en 2030.
Es una cifra enorme.
También revela qué tan físico se volvió el negocio de la inteligencia artificial.
La nube no vive en la nube
La carrera por construir modelos de IA cada vez más grandes está convirtiendo los centros de datos en infraestructura crítica. En Estados Unidos consumieron alrededor de 183 teravatios-hora de electricidad en 2024, más de 4% de toda la electricidad del país, y la demanda podría más que duplicarse hacia 2030. El agua forma parte del mismo problema.
Un centro de datos de gran escala puede consumir millones de litros diariamente dependiendo de su diseño, ubicación, fuente eléctrica y sistema de refrigeración. Por eso hablar de cuánta agua consume una consulta de IA solamente cuenta una parte de la historia.
También importa la electricidad que alimenta los servidores, la infraestructura construida alrededor de ellos y el estrés hídrico específico de cada región. La huella ambiental de los centros de datos ya no puede separarse de la conversación sobre IA.
Y México debería estar mirando
La discusión tiene especial relevancia para México. Querétaro concentra buena parte de la infraestructura de data centers del país. La entidad combina ese crecimiento tecnológico con una dificultad incómoda: también enfrenta un nivel elevado de estrés hídrico. Para 2030, la industria mexicana de centros de datos podría alcanzar alrededor de 1,500 MW de capacidad, mientras Querétaro ya alberga por lo menos 30 instalaciones, según datos recopilados por Expansión.
El año pasado, CloudHQ anunció una inversión de 4,800 millones de dólares para seis centros de datos en Querétaro, proyectos que contemplan sistemas de refrigeración sin agua. La inversión es parte de un boom que ya describimos como una carrera que se mide no solo en modelos o descargas, sino en hectáreas de infraestructura. La discusión, entonces, está cambiando.
Durante los primeros años de la IA generativa preguntamos cuánto costaba entrenar un modelo. Ahora estamos empezando a preguntar algo mucho más incómodo: ¿quién paga la electricidad, el agua y la infraestructura que necesita para seguir creciendo? Google parece haber entendido que la respuesta no puede ser simplemente: las comunidades.
La IA tiene sed.
Y las tecnológicas comienzan a descubrir que el agua también forma parte de la factura.
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