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Diseñar la salida: por qué las mejores marcas están construyendo puertas, no loops

La VP de Creatividad Global de Pinterest argumenta que la Gen Z no rechaza la tecnología, sino el loop algorítmico diseñado para retenerla. Su propuesta para las marcas: inspirar, activar y liberar.

Diseñar la salida: por qué las mejores marcas están construyendo puertas, no loops [Imagen: envato]

Dos cambios profundos están chocando entre sí y, lejos de anularse, están reescribiendo las reglas. Por un lado, está el gran movimiento de desconexión. La Gen Z está limitando su tiempo frente a las pantallas, comprando teléfonos básicos por decisión propia y pagando retiros de desintoxicación digital donde, literalmente, les confiscan el smartphone. Una generación que creció conectada está intentando recuperar una vida que no se sienta dominada por el scroll infinito.

Por el otro, está la inteligencia artificial: la adopción tecnológica más rápida que muchos de nosotros veremos en nuestra vida. En apenas unos años, estas herramientas han pasado de ser una novedad a convertirse en infraestructura. Hoy, la IA forma parte de cómo buscamos información, planificamos, escribimos, diseñamos, compramos, organizamos nuestras agendas… prácticamente de todo.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Estamos huyendo de la tecnología o corriendo hacia ella? Creo que la respuesta es: ambas. Porque el teléfono básico y un prompt de IA no representan fuerzas opuestas. Son la misma necesidad expresándose en dos direcciones distintas. Ambos dicen lo mismo: ayúdame a dejar el ruido atrás. Ayúdame a volver a mi vida.

El problema es el loop, y fue diseñado intencionalmente

Lo que la gente está rechazando no es la tecnología. Lo que está rechazando es el loop. Todos lo conocemos: el algorítmico. Ese que fue diseñado, de forma deliberada, por personas muy inteligentes para mantenernos dentro de una aplicación, en lugar de ayudarnos a hacer aquello para lo que la abrimos.

Entramos a buscar una receta y terminamos viendo, sin saber muy bien cómo, a alguien limpiando la entrada de su casa en un video que acumula millones de reproducciones. Nosotros no elegimos eso, el loop lo eligió por nosotros.

Y lo más difícil es que, incluso cuando el contenido es inofensivo, terminamos dejando el teléfono con una sensación de vacío. No siempre porque hayamos visto algo terrible, sino porque acabamos de invertir tiempo sin llegar a ninguna parte. Es como una resaca sin haber ido a la fiesta.

Esa sensación no es un accidente. Es una decisión de diseño y la consecuencia de toda una industria que lleva años optimizando las métricas equivocadas: tiempo de permanencia, engagement, stickiness o capacidad de retención.

La industria se ha vuelto experta en capturar nuestra atención. Pero, al mismo tiempo, parece haberse acostumbrado a no responder una pregunta evidente: ¿Atención para qué?

La IA no es lo contrario de desconectarse. Es la prueba de lo que la gente realmente quiere

Pensemos en cómo usamos la IA cuando realmente funciona. No la utilizamos para quedarnos más tiempo. La utilizamos para llegar antes.

Llevamos nuestras vidas reales (desordenadas, específicas y profundamente humanas) y pedimos ayuda: “Planea un itinerario de cinco días por Kioto con un niño pequeño”. “Tengo arroz, huevos y todo lo que queda en mi congelador. Ayúdame a preparar la cena”. “Ayúdame a escribir ese correo electrónico que llevo días evitando”.

En su mejor versión, la IA es un atajo que elimina la fricción. Es una herramienta que dice: “No tienes que atravesar diez páginas llenas de ruido para encontrar una respuesta. Aquí la tienes. Ahora ve y sigue con tu día”.

En otras palabras, la IA confirma exactamente la misma necesidad que lleva a la Generación Z a desconectarse. La gente no es adicta a la tecnología. Está agotada del loop.

Las marcas que ganarán serán las que diseñen la salida

Aquí va una idea sobre la que creo que todo líder de marca debería reflexionar: lo más importante que una marca puede hacer hoy es lograr que las personas dejen de mirarla y salgan a hacer algo.

Preparar esa receta. Terminar esa presentación. Reservar ese viaje. Pintar esa habitación. Aprender ese idioma. Probar ese nuevo estilo. Empezar ese hobby. Finalizar ese proyecto.

“Diseñar la salida” significa crear experiencias que no atrapen a las personas dentro de un feed, un funnel o un carrusel infinito de opciones, sino que construyan un camino claro entre la inspiración y la acción.

Esto no es una postura anti tecnología. Es una apuesta por los resultados.

Y tampoco significa construir una marca “más amable” o menos comercial. Al contrario: acelera el negocio. Porque cuando ayudas a alguien a lograr aquello para lo que acudió a ti, no solo consigues una transacción. Ganas confianza, fidelidad y el deseo de volver.

Diseñar la salida ya está ocurriendo, aunque pase desapercibido

Una vez que identificas este patrón, empiezas a verlo en todas partes.

Herramientas creativas que convierten la exploración en creación en cuestión de segundos: menos tiempo buscando y más tiempo haciendo.

Plataformas para aprender idiomas que utilizan mecanismos de hábito, sí, pero con un objetivo concreto en el mundo real: hablar con alguien, pedir una cena, vivir una experiencia distinta.

Dispositivos físicos que introducen deliberadamente pequeñas barreras en nuestros hábitos automáticos para obligarnos a tomar decisiones conscientes.

Marcas y retailers que construyen campañas alrededor de proyectos que las personas pueden hacer en casa (manualidades, bricolaje o cocina) y facilitan tanto el proceso como la compra de todo lo necesario.

Lo que une a todos estos ejemplos no es la categoría. Es su forma de entender el problema.

En lugar de preguntarse “¿cómo hacemos para que permanezcas aquí?”, se preguntan “¿a dónde quieres llegar y cómo podemos ayudarte a conseguirlo?”.

Un marco para diseñar la salida: Inspirar, activar y liberar

Si eres un líder de marca con objetivos trimestrales por cumplir, la idea de “hacer que la gente deje el teléfono” puede sonar inspiradora sobre un escenario, pero insuficiente en una sala de juntas. Por eso propongo una versión mucho más práctica: tres verbos, lo bastante simples como para escribirlos en una nota adhesiva y llevarlos al próximo briefing.

  1. Inspirar. Muestra a las personas una versión de su vida más grande que la que viven hoy. No les vendas tu producto. Muéstrales su potencial.
  2. Activar la intención. Elimina la fricción. Dales las herramientas, la claridad, la confianza o los pasos necesarios para actuar.
  3. Liberar. Déjalas ir. No las atrapes. Pon su vida por delante de tu marca.

Ese último punto es el más difícil. Y será el que defina la próxima década. Porque si los últimos veinte años consistieron en construir el bucle, los próximos diez consistirán en construir la puerta. Cada vez más, la cultura está enviando el mismo mensaje: “Sáquenme del loop y devuélvanme a mi vida”.

La próxima etapa del crecimiento de las marcas será para quienes inspiren más acción; para quienes ayuden a las personas a cerrar la aplicación, abandonar el feed y salir a hacer algo real. Las marcas que entiendan esto no solo conseguirán impresiones. Conseguirán confianza. Lealtad. Recomendación. Y, sí, amor. Así que esta es mi idea, y la sostengo plenamente: dejen de construir para el loop. Empiecen a diseñar la salida.

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Sobre el autor

es VP de Creatividad Global de Pinterest.