[Imagen: FCMX]
El auge de los centros de datos está creando una economía física alrededor de la inteligencia artificial, y su impacto ya se siente en industrias tan inesperadas como la ropa de trabajo. Si la inteligencia artificial tuviera uniforme, probablemente no sería una sudadera de Silicon Valley. Serían unas botas con casquillo.
Boot Barn, una cadena estadounidense especializada en ropa western y de trabajo, está viendo crecer los pedidos empresariales vinculados con proyectos de centros de datos. La compañía incluso sigue el avance de estas construcciones cerca de sus establecimientos para decidir qué tipo de botas debe mantener en inventario. La señal puede parecer pequeña. El mecanismo detrás no lo es.
La inteligencia artificial tiene una economía física
Boot Barn opera cerca de 600 tiendas y acumula cinco trimestres consecutivos de crecimiento comparable en su negocio de botas de trabajo. La compañía no reveló cuánto de sus ingresos procede específicamente de la construcción de centros de datos, así que no se puede atribuir todo el crecimiento al boom de la IA. Pero la demanda está apareciendo también en otras compañías.
Brunt Workwear dijo que algunos de sus mercados con mayor demanda relacionada con centros de datos se encuentran en California y Texas. Mientras tanto, el sector estadounidense de construcción añadió 22,000 empleos en agosto, según cifras del Departamento del Trabajo de Estados Unidos. Durante años, contamos la carrera por la inteligencia artificial a través de modelos, chips y aplicaciones.
Ahora conviene mirar también las botas. La infraestructura física detrás del boom de la IA explica por qué. Un modelo necesita capacidad de cómputo. Esa capacidad necesita servidores. Los servidores requieren edificios, energía, sistemas de enfriamiento, mantenimiento, seguridad, trabajadores especializados y cadenas de suministro. La nube tiene dirección postal.
México también está entrando en esa economía
En México, este circuito ya empieza a adquirir escala. En septiembre de 2025, el Gobierno federal anunció una inversión prevista de 4,800 millones de dólares de CloudHQ para seis centros de datos en Querétaro, desarrollados sobre alrededor de 52 hectáreas. El proyecto contempla más de 7,200 empleos durante su construcción y 900 puestos permanentes, según las proyecciones anunciadas entonces.
Son estimaciones asociadas con un proyecto, no empleos ya creados. Pero muestran el tipo de efectos secundarios que acompaña al crecimiento de la infraestructura digital. Una inversión que comienza en capacidad computacional puede terminar generando demanda de concreto, equipo eléctrico, transporte, alimentos, alojamiento, servicios y ropa industrial. Las botas permiten observar el mismo fenómeno desde el otro extremo: el consumo cotidiano de quienes construyen esos activos.
No significa que las empresas de workwear se hayan convertido de pronto en compañías de inteligencia artificial. Significa algo más interesante. Cuando una transformación económica adquiere suficiente tamaño, empieza a dejar rastros en industrias que aparentemente no tenían nada que ver con ella. Los centros de datos necesitan chips. También necesitan a alguien que levante las paredes. Y esa persona necesita zapatos.
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