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¿Apocalipsis u oportunidad de oro? Por qué el pánico ante la IA podría ser útil

Incluso en medio de una angustia totalmente justificada, se pueden sembrar las semillas de una vida mejor para la mayoría de las personas.

¿Apocalipsis u oportunidad de oro? Por qué el pánico ante la IA podría ser útil [Imagen de origen: Adobe Stock]

Me impactó profundamente el reportaje de The Wall Street Journal sobre la semana en que la ansiedad por la inteligencia artificial se generalizó. El pánico ante la IA puede parecer exagerado, pero no carece de antecedentes. Sin restar importancia a las preocupaciones legítimas sobre el caos que pueden causar nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la historia ofrece algunas analogías interesantes.

Históricamente, las nuevas tecnologías han generado una profunda ansiedad cuando incrementan drásticamente nuestras capacidades. Esto ha ocurrido con la velocidad, la escala y, ahora, con la autonomía. Las tecnologías disruptivas, como la IA, simplifican lo que antes era difícil o requería experiencia o habilidad. En consecuencia, también abaratan esas mismas cosas.

Al combinar estos dos fenómenos, las reglas de la vida cambian radicalmente. Como era de esperar, quienes probablemente se verán afectados negativamente protestan, los luditas nunca recuperaron su antiguo nivel de vida. Igualmente comprensible es que el resto nos preguntemos qué significa esto para nosotros. A continuación, analizo algunas de las cuestiones clave y examino analogías históricas para contextualizar.

El pánico ante la IA y la “pérdida de la capacidad de acción humana”

Quienes se preocupan por la IA como una nueva especie o entidad superinteligente plantean un riesgo particular. Esta tecnología podría, sin quererlo desde la perspectiva de su creador, desarrollar objetivos incompatibles con la supervivencia humana. Eso podría dejarnos sin capacidad para detenerla. Algunos lo denominan el “problema de la alineación”.

Analogía histórica: el teléfono y el telégrafo (finales del siglo XIX)

En 1858, un artículo de The New York Times, recuperado posteriormente por The Atlantic, argumentaba que el telégrafo hacía que la transmisión de información fuera “demasiado rápida” para la verdad. La preocupación era que las noticias telegráficas fueran superficiales, repentinas y fragmentarias. También podían acelerar la opinión pública antes de que existiera tiempo suficiente para procesar los acontecimientos. Los informes detallados y las cartas que llegaban por barco de vapor se consideraban mucho más fiables.

Cuando la velocidad de la información comenzó a preocupar

Además, con la expansión de la red telegráfica, los comentaristas de la época temieron que la humanidad estuviera perdiendo el control de la información. En 1877, The New York Times atacó con vehemencia el teléfono de Alexander Graham Bell. El periódico advertía sobre la repentina ruptura de la privacidad y las fronteras físicas.

En 1889, la revista Spectator advirtió que la difusión constante de información fragmentada a través del telégrafo estaba destruyendo el intelecto humano profundo. Una preocupación que recuerda los temores actuales sobre cuánto de nuestras funciones cognitivas estamos delegando a la IA.

La metáfora de la “fuerza demoníaca/incontrolable”

La preocupación en torno a la IA radica en que los modelos puedan reescribir de forma autónoma su propio código fuente. Bajo este escenario, podrían convertirse en una amenaza exponencial e incontrolable que considere a los humanos como una molestia o un obstáculo.

La analogía histórica: la electricidad y la red eléctrica (décadas de 1880-1890)

A medida que los cables eléctricos de alta tensión se extendían por las principales ciudades, parte de la opinión pública no veía la electricidad únicamente como una herramienta. También era percibida como una entidad indomable y depredadora. Medios populares de la época llegaron a representarla como un “demonio descontrolado”, semejante a una araña gigante que extendía una telaraña mortal sobre ciudadanos indefensos. La ansiedad pública llegó a ser tan intensa que algunos ciudadanos desecharon dispositivos de comunicación con cable. Estaban convencidos de que esas nuevas conexiones representaban un peligro.

El pánico ante la IA y el temor al desplazamiento masivo

La preocupación radica en que la automatización cognitiva se produzca tan rápidamente que la economía global no pueda adaptarse. En el escenario más extremo, esto podría provocar una implosión social y un conflicto generalizado.

La analogía histórica: volviendo a la Revolución Industrial y el ludismo (principios del siglo XIX)

Durante el auge de los telares automatizados, trabajadores y pensadores no solo temían perder sus empleos. Algunos también predecían una deshumanización de la sociedad e incluso el fin de la civilización. Economistas y críticos sociales de la Revolución Industrial escribieron con frecuencia sobre un “estado estacionario” permanente. También contemplaban un posible colapso hacia la ociosidad masiva e ineludible y la decadencia social.

Seamos claros: el nivel de vida de individuos y regiones enteras se deterioró drásticamente. Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías terminaron expandiendo la economía global y reorientando el trabajo humano hacia tareas más complejas, en lugar de eliminarlo por completo.

¿Y qué está pasando en México?

En México, esta tensión entre desplazamiento y transformación ya comienza a reflejarse en el mercado laboral. El Barómetro de la IA en el mundo laboral 2026 de PwC México encontró que durante 2025 las ofertas de empleo que exigían habilidades relacionadas con IA sumaron cerca de 35,000 nuevas vacantes. La demanda de talento especializado también continúa creciendo.

Al mismo tiempo, los datos sobre despidos relacionados con inteligencia artificial muestran un panorama más complejo que la idea de una sustitución masiva e inmediata. Algunas tareas desaparecen o se automatizan, mientras otras funciones cambian y surgen nuevas necesidades de habilidades.

La pregunta para México, por tanto, no es solamente cuántos empleos podría eliminar la IA. También importa qué tan rápido podrán trabajadores, empresas y sistemas educativos adaptarse a esa transformación. En este contexto, el pánico ante la IA también puede funcionar como una señal de alerta para acelerar la capacitación y preparar al mercado laboral para los cambios que ya están en marcha.

El precedente del “reloj existencial/del Juicio Final”

La preocupación en torno a la IA radica en que actúe como una bomba nuclear digital. Es decir, una tecnología tan poderosa que un solo mal uso o fallo estructural podría desencadenar un evento de extinción masiva.

La analogía histórica: el amanecer de la era nuclear (décadas de 1940 y 1950)

A diferencia del teléfono, las armas nucleares sí introdujeron un verdadero vector mecánico de extinción humana. Esto no era en absoluto teórico. Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki provocaron la muerte de decenas de miles de personas de manera inmediata y muchas más posteriormente. Los accidentes en instalaciones nucleares, como Chernóbil, también demostraron que los riesgos asociados a esta tecnología eran reales.

Sin embargo, los primeros tecnopesimistas predijeron que la mera existencia de la física nuclear conduciría inevitablemente a la aniquilación global absoluta en cuestión de años. En cambio, también propició la creación de marcos de gobernanza internacional, sistemas de disuasión y tratados de gran envergadura.

Cómo el pánico ante la IA podría ser realmente útil

Si bien los pánicos anteriores se centraron en herramientas utilizadas por humanos (electricidad, imprentas y máquinas de vapor) las predicciones apocalípticas sobre la IA se concentran especialmente en el concepto de intención autónoma. Parte de la discusión sobre nuestra relación con la inteligencia artificial también plantea otro riesgo: proyectar nuestros propios impulsos y deseos en máquinas pensantes. Se trata de un clásico error psicológico de antropomorfismo.

La verdadera amenaza probablemente no sea una máquina con conciencia que se “rebele”. Podría ser, más bien, la convergencia instrumental: un sistema altamente capaz que optimiza literalmente un objetivo humano mal definido. Esa rigidez puede provocar daños graves e imprevistos. Ya hemos visto esto antes.

Como describe Carlota Pérez en su libro Revoluciones tecnológicas y capital financiero: la dinámica de las burbujas y las épocas doradas, las revoluciones tecnológicas anteriores trajeron consigo tecnologías inimaginablemente dañinas. También estuvieron acompañadas por la financiarización y la desigualdad de ingresos. A esto se sumaron el empobrecimiento de sectores de la población, la inestabilidad y los disturbios políticos. Todos ellos pueden convertirse en presagios de un posible apocalipsis.

Del miedo a mejores reglas para la inteligencia artificial

El pánico ante la IA podría brindar una oportunidad excepcional para replantear cómo se gobierna esta tecnología. Esto sería especialmente relevante si se combina con una revisión de la forma en que se invierte el capital. Los responsables políticos pueden aprovechar la urgencia pública para desarrollar marcos legislativos integrales. En circunstancias normales, algunas de estas medidas enfrentarían una fuerte resistencia de los grupos de presión tecnológicos.

Además, existe un precedente. La energía nuclear obligó a buscar un delicado equilibrio entre el desarrollo de una tecnología extremadamente poderosa y la necesidad de controlarla. Algo similar podría suceder con la inteligencia artificial. La preocupación pública puede convertirse en una oportunidad para transformar el actual panorama de inversión en un entorno más estable y predecible. Esto permitiría que el capital de producción a largo plazo encuentre mejores condiciones para invertir. Como mínimo, la gran mayoría de nosotros estamos prestando atención.

Author

  • Rita McGrath

    Rita McGrath es profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, autora, asesora estratégica de empresas Fortune 500 y creadora de 'Thought Sparks', un podcast y boletín centrado en la estrategia, la innovación y los puntos de inflexión.

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Sobre el autor

Rita McGrath es profesora de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, autora, asesora estratégica de empresas Fortune 500 y creadora de 'Thought Sparks', un podcast y boletín centrado en la estrategia, la innovación y los puntos de inflexión.