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La fachada de este edificio es infinitamente adaptable

En un complejo urbano de uso mixto en China, los inquilinos fueron cambiando mientras el proyecto tomaba forma. La solución fue diseñar una fachada adaptable que pudiera evolucionar con ellos.

La fachada de este edificio es infinitamente adaptable [Foto: StudioSZ/Justin Szeremeta/cortesía de KPF]

La fachada adaptable del proyecto Westlake 66, en Hangzhou, China, responde a un problema cada vez más común en los grandes desarrollos urbanos: el edificio seguía diseñándose mientras lo que ocurriría dentro de él continuaba cambiando.

Concebido como un complejo de uso mixto que reúne oficinas, comercios, un hotel, espacios públicos y otros servicios dentro de seis torres y varios bloques, Westlake 66 abarca más de 194,000 metros cuadrados. Sin embargo, durante el desarrollo del proyecto, la combinación exacta de usos cambió repetidamente.

En lugar de intentar fijar esas decisiones desde el principio, los arquitectos hicieron algo distinto: diseñaron una fachada capaz de seguir cambiando.

[Foto: Blackstation/cortesía de KPF]

El estudio de arquitectura Kohn Pedersen Fox (KPF), con sede en Nueva York, convirtió esa incertidumbre en una de las ideas centrales del proyecto. Toda la planta baja está revestida con una fachada modular que puede reconfigurarse dependiendo de las actividades que ocurran detrás de ella.

Esta fachada adaptable permite crear configuraciones muy distintas: desde amplios ventanales que dejan entrar luz a una sala de exposición hasta ventanas estrechas y tintadas para un bar con iluminación tenue o rejillas destinadas a la ventilación de los sistemas mecánicos.

Si los usos interiores cambian, el exterior también puede hacerlo. Es una lógica que conecta con una conversación más amplia alrededor de la arquitectura capaz de adaptarse con el tiempo: edificios concebidos menos como objetos terminados y más como sistemas que pueden evolucionar.

[Foto: StudioSZ/Justin Szeremeta/cortesía de KPF]

Diseñar alrededor de un programa de usos incierto forma parte de la realidad de emprender grandes proyectos de uso mixto, explica Jeff Kenoff, director de diseño de KPF.

“En cualquier momento, puede ser un hotel, un restaurante, un atrio o cualquier otra cosa. Eso cambiaba constantemente durante el proceso de diseño e incluso durante el de arrendamiento”, afirma Kenoff. “Uno de los edificios estaba destinado a la hostelería, pero en su lugar apareció una universidad que quería construir un edificio urbano como parte de su sistema universitario. Así que, de repente, lo que era un edificio de oficinas se convirtió en una escuela y un laboratorio”.

“Se trata de un conjunto de respuestas de fachada muy diferente”, añade.

[Foto: StudioSZ/Justin Szeremeta/cortesía de KPF]

Una fachada adaptable diseñada para la incertidumbre

Para resolver un proyecto que seguía cambiando, los diseñadores de KPF buscaron inspiración en algo que tampoco permanece estático: la naturaleza.

“Analizamos la biología y las estructuras celulares, pensando en cómo se podría desarrollar un sistema de paredes que pudiera cambiar durante el proceso de diseño y luego a lo largo de la vida útil del edificio”, explica Kenoff.

[Imagen: KPF]

El resultado fue el sistema de fachada adaptable de KPF, compuesto por celdas de aproximadamente 1.8 metros de altura capaces de adoptar diferentes configuraciones según las necesidades del edificio.

Las fachadas modulares no son nuevas, pero aquí la diferencia está en su capacidad de adaptación. La disposición y composición de las celdas se definieron principalmente de acuerdo con los usos previstos, aunque KPF también analizó la ubicación de cada elemento respecto a su contexto urbano y distintas condiciones ambientales.

El diseño del complejo recurrió al modelado computacional para evaluar variables como exposición solar, sombras, iluminación natural y vistas.

Es una manera de diseñar que depende menos de una única solución estática y más de sistemas capaces de analizar numerosos escenarios, algo que también está transformando la innovación en el diseño arquitectónico.

El análisis identificó más de 2,800 condiciones particulares que las celdas debían resolver. En vez de diseñar miles de módulos diferentes, el equipo consiguió reducir esa complejidad a un sistema con solo siete tipos de apertura y diferentes orientaciones alrededor del edificio.

[Imagen: KPF]

Las siete aperturas van desde configuraciones estrechas hasta módulos prácticamente abiertos. Para hacerlas intercambiables, cada celda comparte las mismas dimensiones generales y puede fabricarse utilizando apenas 21 componentes distintos.

Algunas piezas incorporan revestimientos de terracota de colores que añaden profundidad y sombra, pero también conectan la arquitectura con el contexto de Hangzhou. KPF utilizó cinco tonos inspirados en la tradición local del material, convirtiéndolos además en una herramienta de orientación dentro del complejo.

La elección de materiales locales no funciona solamente como decoración. Forma parte de una conversación dentro de la arquitectura contemporánea que busca reconectar edificios, territorio y experiencia urbana.

[Imagen: KPF]

Otra ventaja de esta fachada adaptable está en el tamaño relativamente pequeño de cada celda, de aproximadamente 1.8 por 0.9 metros. Eso permitió fabricarlas como módulos rectilíneos y montarlas después siguiendo ligeras curvas.

El resultado es una fachada que se curva y se ensancha a nivel de calle, transformando la relación entre el edificio y el espacio público. “Realmente se empieza a crear espacio público en las calles. Se empiezan a crear plazas, accesos, entradas”, explica Kenoff. “Fue este juego de fuerzas lo que comenzó a dar un programa vertical al propio muro”.

[Foto: StudioSZ/Justin Szeremeta/cortesía de KPF]

La fachada termina funcionando tanto como elemento visual como una conexión entre los edificios y quienes los utilizan. El desarrollo contempla oficinas, comercios, espacios educativos, un hotel y áreas públicas conectadas por zonas verdes.

Esa relación con el entorno importa. Cada vez más proyectos están cuestionando la idea de que la arquitectura termina en los límites físicos del edificio y empiezan a pensar en cómo puede contribuir al espacio público y la vida de las ciudades.

[Foto: StudioSZ/Justin Szeremeta/cortesía de KPF]

Al menos esa es la configuración que contempla actualmente el proyecto. Probablemente no será la última.

Los usos del complejo pueden volver a cambiar y la fachada también podría modificarse. Kenoff señala que una reconfiguración importante sería más probable ante la llegada de nuevos inquilinos o un cambio sustancial en las actividades del edificio.

“La clave para que esto sea a prueba de futuro es que no sabemos qué sucederá dentro de cinco años”, afirma.

[Foto: StudioSZ/Justin Szeremeta/cortesía de KPF]

Ahí está quizá la idea más interesante detrás de Westlake 66. Durante décadas, buena parte de la arquitectura se diseñó alrededor de una pregunta aparentemente sencilla: ¿para qué servirá este edificio?

Este proyecto parte de otra: ¿qué pasa si todavía no lo sabemos? Para KPF, la fachada adaptable es también una lección sobre cómo diseñar frente a la incertidumbre, no solamente en grandes complejos de uso mixto, sino en cualquier espacio que probablemente tenga que evolucionar durante décadas.

“Este es un momento sin retorno”, dice Kenoff. “No sé cómo se podría volver a una forma antigua de abordar un problema como este”.

En un momento en el que las ciudades, las empresas y la manera en que utilizamos los espacios cambian cada vez más rápido, quizá los edificios mejor preparados para el futuro no sean los que intenten adivinarlo, sino los que estén listos para cambiar cuando llegue.

Author

  • Nate Berg

    Nate Berg es escritor en Fast Company, donde escribe sobre diseño, arquitectura, desarrollo urbano y diseño industrial. Ha escrito para publicaciones como el New York Times, Los Angeles Times, The Atlantic, Wired, The Guardian, Dwell, Wallpaper y Curbed.

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Sobre el autor

Nate Berg es escritor en Fast Company, donde escribe sobre diseño, arquitectura, desarrollo urbano y diseño industrial. Ha escrito para publicaciones como el New York Times, Los Angeles Times, The Atlantic, Wired, The Guardian, Dwell, Wallpaper y Curbed.