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¿Puede la siembra de nubes combatir la sequía? La startup Rainmaker acaba de recaudar 100 millones de dólares para averiguarlo

Tras unas pruebas innovadoras en Alaska y con el apoyo de Lowercarbon Capital, Upfront Ventures y otros inversores, el fundador Augustus Doricko está listo para llevar sus drones a más lugares.

¿Puede la siembra de nubes combatir la sequía? La startup Rainmaker acaba de recaudar 100 millones de dólares para averiguarlo Augustus Doricko, fundador y director ejecutivo de Rainmaker [Foto: Rainmaker]

Rainmaker, la startup de modificación del clima centrada en generar lluvia y nieve mediante la siembra de nubes, anunció que recaudó 100 millones de dólares en una ronda de financiación Serie B. Inversores como NOA VC, Upfront Ventures, DCVC, Lowercarbon Capital y Dream Ventures participaron en la ronda.

Rainmaker declinó compartir una valoración actualizada junto con la noticia. Antes de esta ronda de financiación, la empresa había recaudado 50.3 millones de dólares en capital de riesgo.

Cómo funciona la siembra de nubes de Rainmaker

Fundada en 2023, Rainmaker desarrolló una flota de drones personalizados capaces de soportar condiciones extremas para “sembrar” precipitaciones. Durante los vuelos, los drones liberan yoduro de plata en nubes con condiciones favorables. Este compuesto funciona como núcleo de congelación y favorece la formación de cristales de hielo. Con las condiciones atmosféricas adecuadas, esos cristales pueden convertirse posteriormente en precipitación.

La tecnología forma parte de una conversación mucho más amplia sobre cómo enfrentar la escasez de agua. En México, por ejemplo, la gestión del agua requiere combinar información climática, planeación territorial e infraestructura.

Rainmaker asegura haber generado 145 millones de galones de agua

En los últimos meses, la compañía afirma haber logrado avances significativos para demostrar la eficacia de sus programas de siembra de nubes. Rainmaker asegura contar con datos que vinculan sus vuelos con 145 millones de galones adicionales de agua dulce. Sus drones siguen patrones programados durante las pruebas. Según la empresa, esto ayuda a los investigadores a diferenciar la precipitación asociada con los vuelos de aquella que habría ocurrido naturalmente.

En agosto, vuelos de prueba realizados en la península de Kenai, Alaska, produjeron, según estimaciones de Rainmaker, 19 millones de galones de precipitación en tres horas. Augustus Doricko, fundador y director ejecutivo de Rainmaker, considera que las pruebas en Alaska representan un momento decisivo. “Esa campaña de investigación supone un cambio significativo y sin precedentes en nuestra capacidad para producir agua potable a gran escala para los ecosistemas, las comunidades y las industrias que la necesitan en toda la cuenca del río Colorado, el Gran Lago Salado, el resto del árido oeste de Estados Unidos y el resto del mundo”, afirma.

La nueva financiación permitirá ampliar el equipo de investigación de Rainmaker. Este incluye meteorólogos especializados en radares, expertos en aprendizaje automático y químicos de aerosoles. Rainmaker también planea seguir colaborando con equipos de investigación externos para validar sus resultados.

La gran pregunta: ¿realmente funciona?

La validación independiente será especialmente importante. Aunque la siembra de nubes se practica desde hace décadas, medir con precisión cuánto aumenta la precipitación sigue siendo complicado. La técnica tampoco puede crear nubes desde cero. Necesita determinadas condiciones meteorológicas para funcionar.

Por eso, incluso si los resultados de Rainmaker pueden reproducirse, la tecnología sería una herramienta complementaria frente a la sequía. No reemplazaría otras estrategias de administración del agua. Ese enfoque también aparece en soluciones como la captación de agua de lluvia, que convierte techos y otras superficies urbanas en infraestructura hídrica.

México también ha experimentado con la siembra de nubes

El tema no es ajeno a México. El país ha recurrido a programas de estimulación de lluvias con yoduro de plata para enfrentar periodos de sequía. En 2023, la Secretaría de Agricultura reportó 99 vuelos de estimulación de lluvias en ocho estados. El objetivo era apoyar al sector primario y contribuir a la recarga de acuíferos.

El contexto mexicano hace especialmente relevante esta conversación. Buena parte del país enfrenta distintos niveles de estrés hídrico, mientras las ciudades buscan nuevas maneras de captar, conservar y administrar el recurso. La crisis del agua también obliga a pensar más allá de una sola tecnología. La restauración de cuencas, la reducción de fugas, la captación pluvial y una mejor infraestructura pueden funcionar en conjunto. La siembra de nubes podría sumarse a ese conjunto. Pero demostrar cuánto puede aportar sigue siendo crucial.

Rainmaker quiere ir más allá de provocar lluvia

El interés por la modificación del clima está en aumento a medida que el cambio climático introduce nuevos riesgos. Entre ellos están las sequías y las tormentas cada vez más intensas. Recast Systems, una empresa competidora de reciente creación, también está sembrando nubes. En su caso utiliza un compuesto orgánico en Texas y Nuevo México. Doricko afirma que Rainmaker solicitó patentes para varios agentes de siembra biodegradables. La compañía se prepara para probarlos este invierno.

Si Rainmaker continúa avanzando en la siembra de nubes a gran escala, Doricko ve otra oportunidad todavía más ambiciosa: mitigar fenómenos meteorológicos extremos. Granizadas, inundaciones, tornados y huracanes forman parte de esa visión. Sin embargo, esa posibilidad está mucho más lejos de demostrarse. Estados Unidos ya intentó modificar huracanes mediante yoduro de plata durante el proyecto STORMFURY.

Evaluaciones posteriores concluyeron que algunos de los aparentes resultados podían explicarse mediante procesos naturales de los propios huracanes. Las condiciones dentro de esos sistemas también hacían poco probable que la técnica funcionara como se esperaba. “Estaremos en mejor posición que nadie en la historia para llevar a cabo estas intervenciones posteriores”, afirma Doricko. Estas se enmarcan dentro de su visión más amplia de “hacer de la Tierra un lugar más habitable”.

Author

  • Ainsley Harris

    es redactora senior en Fast Company. Ha escrito sobre tecnología, innovación y finanzas durante los últimos 10 años, incluyendo cuatro historias de portada. Anteriormente, trabajó en una variedad de roles en estrategia y desarrollo de productos, después de comenzar su carrera en McKinsey & Company. Es graduada de Williams College y tiene una maestría en tecnología creativa del Interactive Telecommunications Program (ITP) de la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York (NYU)

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Sobre el autor

es redactora senior en Fast Company. Ha escrito sobre tecnología, innovación y finanzas durante los últimos 10 años, incluyendo cuatro historias de portada. Anteriormente, trabajó en una variedad de roles en estrategia y desarrollo de productos, después de comenzar su carrera en McKinsey & Company. Es graduada de Williams College y tiene una maestría en tecnología creativa del Interactive Telecommunications Program (ITP) de la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York (NYU)