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Shakira construyó una ciudad temporal que ya sabe cómo desaparecer

Macondo Park recibe a más de 50,000 personas por concierto, tiene cientos de árboles y pabellones culturales, pero fue diseñado para desaparecer después de la residencia de Shakira en Madrid.

Shakira construyó una ciudad temporal que ya sabe cómo desaparecer [Imagen: FCMX]

Macondo Park ocupa 185,000 metros cuadrados, recibe a decenas de miles de personas y tiene árboles, caminos, pabellones, gastronomía, arte y literatura. Lo extraño no es que Shakira haya construido una especie de ciudad en Madrid. Es que fue diseñada desde el principio pensando en el día en que dejará de existir.

La mayoría de las ciudades se construyen intentando sobrevivir durante décadas. Macondo Park nació con fecha de caducidad. Hasta el 11 de octubre, un enorme terreno en Villaverde, al sur de Madrid, funciona como una ciudad temporal creada alrededor de la residencia española de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour. Después del último concierto, comenzará a desaparecer.

No metafóricamente. Las estructuras serán desmontadas. Los componentes podrán utilizarse en otros proyectos. Los materiales tendrán una segunda vida y los más de 500 árboles colocados dentro del recinto regresarán a viveros locales una vez que termine el evento. La desaparición, en otras palabras, forma parte del diseño.

Eso convierte a Macondo Park en algo más interesante que otro gigantesco escenario construido alrededor de una estrella del pop: es un experimento sobre cómo diseñar infraestructura cultural capaz de aparecer, recibir a cientos de miles de personas y retirarse sin convertirse automáticamente en desperdicio.

Macondo Park convirtió un concierto en una ciudad

Macondo Park ocupa alrededor de 185,000 metros cuadrados dentro del recinto Iberdrola Music de Madrid y rodea el estadio temporal diseñado para los conciertos de Shakira. El espacio tiene capacidad para más de 50,000 asistentes y albergará la residencia de 12 presentaciones que se extiende del 18 de septiembre al 11 de octubre. El propio Bjarke Ingels Group detalla las dimensiones y funcionamiento del proyecto.

El complejo fue diseñado por Bjarke Ingels Group (BIG), en colaboración con Komodo y Vampire, como una alternativa al estadio tradicional: no simplemente un enorme contenedor al que las personas entran para ver un concierto y abandonan inmediatamente después. Aquí el espectáculo comienza antes de que Shakira suba al escenario. Una red de plazas, caminos de colores y pabellones convierte el espacio en una mezcla entre festival cultural, parque y pequeña ciudad. Música, gastronomía, moda, cine, literatura y distintas experiencias rodean el escenario principal.

El concepto toma su nombre de Macondo, el pueblo imaginado por Gabriel García Márquez en Cien años de soledad. Sin embargo, BIG evitó construir una réplica literal. El proyecto utiliza esa referencia como punto de partida para crear un paisaje cultural temporal que mezcla elementos latinoamericanos y españoles.

Es una lógica similar a la que impulsa distintas formas de arquitectura efímera: intervenciones concebidas para transformar un espacio sin asumir que todo lo construido necesita permanecer ahí para siempre. La diferencia aquí está en la escala.

La infraestructura de Macondo Park también es arquitectura

Lo más curioso de Macondo Park está escondido debajo de sus colores. Sus estructuras temporales fueron construidas a partir de elementos habituales en conciertos y festivales: sistemas de andamios modulares, textiles ligeros y componentes reutilizables. BIG decidió tratarlos como arquitectura.

De acuerdo con el estudio, el parque se construyó en apenas 10 días utilizando estos sistemas y evitando una intervención permanente considerable sobre el terreno. Más de 500 árboles tropicales y mediterráneos se distribuyen por el espacio para producir sombra y generar áreas de descanso. (BIG)

Los caminos codificados por colores también cumplen una función práctica: ayudan a orientar a miles de visitantes entre los diferentes destinos y pabellones del complejo. La idea demuestra que las instalaciones de un festival no necesariamente tienen que comportarse como simples estructuras de servicio. Con suficiente planeación, también pueden convertirse en parte de la experiencia espacial del evento. En México ya existen experimentos en esa dirección. En EDC México, por ejemplo, una estructura modular de madera reutilizable ha permitido reducir materiales de un solo uso y recuperar elementos de ediciones anteriores.

Macondo Park fue diseñado empezando por el final

La parte más interesante del proyecto probablemente comenzará cuando Shakira termine de cantar. Desde sus primeras etapas, Macondo Park fue concebido pensando en su desmontaje. Eso cambia una de las preguntas básicas del diseño. En lugar de pensar únicamente “¿cómo construimos esto?”, el proyecto también tuvo que preguntarse “¿qué ocurrirá con cada pieza cuando ya no la necesitemos?”.

Después de la residencia, las estructuras temporales serán desmontadas y sus componentes estarán destinados a reutilizarse o encontrar nuevos usos en otros lugares. Los más de 500 árboles instalados en el recinto también serán retirados y enviados nuevamente a viveros locales, según la documentación del proyecto publicada por ArchDaily. Es una diferencia aparentemente pequeña, pero importante.

Durante décadas, buena parte de la infraestructura temporal de grandes eventos siguió una lógica relativamente simple: producir, construir rápidamente, utilizar durante unos cuantos días y desmontar. La economía circular intenta modificar esa ecuación.

El objetivo es que los materiales mantengan valor después de que termine su primera función. En México, la industria del entretenimiento también explora este enfoque mediante reutilización de escenografía, manejo de residuos y estructuras modulares en festivales masivos. Macondo Park lleva esa conversación a una escala particularmente visible.

Un concierto que quiere ocupar más horas de tu día

También existe una explicación de negocios detrás de esta arquitectura. Los grandes espectáculos están dejando de competir únicamente por las dos o tres horas en que un artista permanece sobre un escenario. Cada vez más, promotores y marcas intentan ampliar la experiencia alrededor del concierto. En Macondo Park, un asistente puede recorrer pabellones, comer, visitar instalaciones culturales o permanecer en diferentes espacios antes de que comience el show. El fenómeno forma parte de una transformación más amplia del entretenimiento presencial.

Los festivales han descubierto que las experiencias y activaciones alrededor de la música pueden convertirse en una parte fundamental del evento. Las marcas ya no compiten solamente por colocar un logotipo frente a miles de personas; quieren construir espacios donde esas personas decidan permanecer.

El proyecto de Shakira lleva esa lógica casi hasta su conclusión literal: si el concierto es el centro de toda una experiencia, ¿por qué limitar esa experiencia a las gradas de un estadio? ¿Por qué no construir una ciudad alrededor?

Temporal no significa automáticamente sustentable

Sin embargo, existe una distinción importante. Que una estructura pueda desmontarse y reutilizarse no significa que todo el evento sea automáticamente sustentable. Mover a decenas de miles de asistentes implica transporte. Los escenarios necesitan energía. Existen alimentos, mercancía, iluminación, producción, seguridad y una enorme operación logística alrededor de cada concierto. La arquitectura desmontable resuelve solamente una parte del impacto.

Por eso, la pregunta más interesante de Macondo Park no es si representa una “ciudad sustentable”, sino algo mucho más concreto: ¿puede la arquitectura de un evento gigantesco dejar de asumir que todo aquello que construye tiene que convertirse después en basura? Ese cambio modifica desde el inicio las decisiones sobre materiales, sistemas constructivos y logística. Y podría importar mucho más allá de los conciertos de Shakira.

Los festivales, exposiciones, ferias comerciales, eventos deportivos e incluso algunas instalaciones corporativas comparten el mismo problema: necesitan construir una enorme cantidad de infraestructura para utilizarla durante muy poco tiempo. Diseñar pensando también en el desmontaje puede convertir esa aparente debilidad en una ventaja.

Una ciudad diseñada para saber cuándo irse

Hay algo apropiado en que una ciudad inspirada en Macondo tenga una existencia limitada. Durante unas semanas habrá caminos, árboles, música, gastronomía, pabellones, multitudes y una enorme infraestructura funcionando alrededor de una comunidad temporal. Después llegará el último concierto. Se apagarán las pantallas. Los asistentes se irán. Los árboles serán transportados. Los pabellones comenzarán a desmontarse. Y buena parte de las piezas que hicieron posible esa ciudad podrán iniciar otra vida en otro lugar.

En arquitectura solemos medir el éxito de un edificio por cuánto tiempo permanece en pie. Macondo Park plantea una posibilidad distinta: quizá una estructura también puede demostrar que fue bien diseñada por la inteligencia con la que sabe desaparecer.

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