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Una generación pide futuro: ¿qué está encendiendo las protestas en Europa?

El pasado fin de semana, las redes sociales se inundaron de imágenes de disturbios en varios países, incluyendo coches calcinados y escaparates destrozados.

Una generación pide futuro: ¿qué está encendiendo las protestas en Europa? Manifestantes en París el 17 de octubre de 2026. [Foto: Geoffroy Van Der Hasselt/AFP vía Getty Images]

De Francia a Portugal, miles de jóvenes participan en las protestas en Europa. Educación, vivienda y costo de vida parecen problemas distintos, pero comparten una misma pregunta: ¿cuánto cuesta construir un futuro?

Durante el fin de semana, las redes sociales se inundaron de imágenes de autos calcinados y escaparates destrozados en Francia, mientras cientos de miles de manifestantes salían a las calles.

Pero detrás de las imágenes más violentas hay una historia más amplia. Las protestas en Europa están movilizando a jóvenes en distintos países, desde Francia hasta Bélgica, España y Portugal, alrededor de problemas que, aunque parecen diferentes, terminan conectándose: educación, vivienda, salarios y un costo de vida que hace cada vez más difícil imaginar el futuro.

Las precarias condiciones que enfrentan estudiantes de secundaria en Francia fueron uno de los detonantes. Sin embargo, las manifestaciones se expandieron hasta convertirse en un movimiento mucho mayor. El precio de la vivienda, los alimentos y el combustible ha alimentado un descontento que cruza fronteras y generaciones.

La discusión resulta especialmente relevante porque no es completamente ajena a México. El costo de vida también presiona a los hogares mexicanos y, para muchos jóvenes, acceder a una vivienda se ha convertido en uno de los grandes desafíos de comenzar una vida independiente.

Las protestas en Europa comenzaron en las escuelas francesas

Junto con sus profesores, los estudiantes franceses de secundaria exigen mayor inversión en educación ante la escasez de docentes, que ha provocado que algunos alumnos pierdan clases por ausencias que no consiguen cubrirse.

Las protestas comenzaron a finales de septiembre y crecieron rápidamente. Para el sábado, cerca de medio millón de personas se habían sumado a las movilizaciones en Francia, mientras también se registraban marchas en Bélgica, Portugal e Italia.

La inconformidad dejó entonces de estar concentrada únicamente en las aulas. Uno de los principales sindicatos franceses respaldó las protestas y sumó demandas relacionadas con precios, pensiones y salarios.

El movimiento también consiguió algunas respuestas concretas: el gobierno francés anunció el despliegue de 3,000 docentes sustitutos adicionales para enfrentar la escasez y descartó algunos aumentos previstos en las cuotas de inscripción universitaria.

Lo que comenzó como una demanda educativa terminó conectándose con una inquietud mucho más grande: la sensación de que estudiar, trabajar y avanzar ya no necesariamente garantiza una vida asequible.

Bélgica: la educación también llevó el descontento a las calles

En Bélgica, las protestas siguieron una lógica similar. 150 personas fueron arrestadas en Bruselas durante el fin de semana después de que una manifestación contra los recortes en la educación francófona derivara en disturbios.

De acuerdo con la policía de Bruselas, 118 de las detenciones fueron administrativas y 32 judiciales. Entre estas últimas había 15 menores de edad.

Aunque los episodios violentos han concentrado buena parte de la atención, las demandas originales vuelven a colocar a la educación en el centro de una conversación más profunda sobre las oportunidades disponibles para los jóvenes.

Protestas en Europa: Portugal y España enfrentan la crisis de vivienda

En Portugal, la vivienda se convirtió en el símbolo más visible de esa presión.

Cientos de personas se congregaron en el centro de Lisboa para exigir medidas frente al aumento del costo de la vivienda. Los precios de las casas en Portugal aumentaron 124% entre 2015 y 2024, aproximadamente el doble que el promedio de la Unión Europea.

El impacto es particularmente duro entre los jóvenes, especialmente en Lisboa, donde conseguir una vivienda asequible se ha convertido en un desafío creciente.

La escena recuerda a las recientes manifestaciones en España. En septiembre, decenas de miles de personas salieron a las calles de Madrid después del desalojo de una mujer de 87 años de la vivienda donde había vivido durante décadas, luego de que un fondo de inversión buscara aumentar su renta 230%.

La crisis ha dado lugar a campamentos y nuevas movilizaciones que reclaman congelar alquileres, detener desalojos de personas vulnerables y regular los arrendamientos temporales y por habitación.

La dificultad de acceder a una casa tampoco resulta distante para los lectores mexicanos. El problema de la vivienda y el encarecimiento de las rentas se ha convertido en una conversación cada vez más visible en las principales ciudades del país.

Italia: el costo de vida amplía las protestas en Europa

Una tensión similar llegó a Italia. Durante el fin de semana, una marcha en Milán contra el aumento del costo de vida comenzó pacíficamente, pero terminó en enfrentamientos con la policía y daños a establecimientos.

El lunes, algunas tiendas de lujo del centro de Milán cerraron o protegieron sus escaparates ante el temor de nuevos disturbios, mientras las autoridades se preparaban para reforzar la seguridad. La tensión en Milán continuó después de las protestas del fin de semana.

Pero, nuevamente, quedarse únicamente con las imágenes de los disturbios corre el riesgo de perder la señal más importante.

El problema no es solo cuánto cuesta vivir, sino cuánto cuesta empezar

Francia protesta por sus escuelas. Bélgica, por los recortes educativos. España y Portugal, por la vivienda. Italia, por el costo de vida. Las causas inmediatas cambian, pero detrás de ellas aparece una preocupación compartida: para muchos jóvenes europeos, construir una vida independiente se está volviendo cada vez más difícil.

Ahí está probablemente la parte más relevante de esta historia.

La Generación Z está cuestionando reglas heredadas en el trabajo, el consumo y la manera de relacionarse con las instituciones. Ahora, en distintas ciudades europeas, parte de esa inconformidad también está llegando a las calles.

Y aunque Europa parezca distante, la conversación tiene ecos claros en México. La presión económica tampoco termina cuando baja la inflación: 63% de los mexicanos encuestados por la Brújula 2026 de Tala dijo no haber logrado ahorrar debido a gastos inesperados, mientras 47% señaló las emergencias económicas como el principal motivo para utilizar dinero que habría destinado al ahorro. La dificultad para ahorrar en México forma parte de esa misma conversación sobre cuánto margen queda para construir el futuro.

Las protestas en Europa muestran que esta preocupación no pertenece a un solo país ni se limita a una generación. La educación, el acceso a una vivienda y los salarios son parte de una discusión más amplia sobre las oportunidades que tendrán quienes están comenzando su vida adulta.

Quizá por eso estas movilizaciones importan más allá de los autos incendiados y los escaparates rotos. Lo que está apareciendo en las calles europeas es una pregunta que muchos jóvenes, dentro y fuera del continente, comienzan a hacerse: ¿qué pasa cuando estudiar, trabajar y hacer todo “bien” deja de ser suficiente para poder independizarse?

Author

  • Frida Quiñones

    Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.

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Sobre el autor

Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.