[Imagen: FCMX]
Una inversión de casi 24.5 millones de dólares impulsará tecnologías de inteligencia artificial para adultos mayores que buscan ayudarles a conservar su independencia, mejorar su bienestar y recibir atención sin abandonar su hogar. El reto será demostrar que estas herramientas funcionan fuera del laboratorio.
Envejecer en casa, rodeado de espacios familiares y conservando la mayor independencia posible, es el deseo de millones de personas. Sin embargo, enfermedades crónicas, dificultades de movilidad y padecimientos como el Alzheimer pueden convertir ese objetivo en un desafío para las familias y los sistemas de salud.
La Universidad de Massachusetts Amherst y Mass General Brigham anunciaron el 20 de octubre de 2026 una nueva inversión federal de $24,499,836 USD, destinada a desarrollar y evaluar tecnologías que utilizan inteligencia artificial para mejorar el cuidado de los adultos mayores. Los recursos, otorgados por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (NIA), financiarán durante cinco años la continuidad del Massachusetts AI and Technology Center for Connected Care in Aging & Alzheimer’s Disease (MassAITC).
La apuesta va más allá de crear dispositivos inteligentes. Busca responder una pregunta: ¿puede la tecnología permitir que las personas envejezcan en el lugar que elijan, sin comprometer su seguridad, autonomía y calidad de vida?
Inteligencia artificial para adultos mayores: del cuidado al hogar
De acuerdo con la investigación citada por UMass Amherst, más de 90% de los adultos mayores estadounidenses preferiría permanecer en su hogar conforme envejece. Pero hacerlo requiere servicios de salud, acompañamiento y sistemas capaces de detectar necesidades antes de que se conviertan en emergencias.
Desde su creación en 2021, MassAITC ha recibido aproximadamente 20 millones de dólares en financiamiento federal y ha respaldado 53 proyectos de investigación, muchos desarrollados mediante colaboraciones entre universidades y empresas.
Estas iniciativas exploran tecnologías como modelos de lenguaje, sensores portátiles, monitoreo remoto, realidad virtual y robótica, aplicadas a problemas relacionados con el riesgo de caídas, la salud cardiometabólica, el deterioro cognitivo, el diagnóstico temprano de demencias y el apoyo a cuidadores. La idea es utilizar información del entorno y de los hábitos cotidianos para reconocer cambios que podrían pasar inadvertidos durante una consulta médica convencional.
Por ejemplo, un sensor podría registrar modificaciones en la manera de caminar de una persona, mientras que un dispositivo portátil podría aportar información sobre sus patrones de sueño. Estas aplicaciones todavía necesitan demostrar su precisión y utilidad clínica. Detectar una señal mediante un algoritmo no equivale necesariamente a diagnosticar una enfermedad ni a prevenir una complicación.
El desafío de la inteligencia artificial para adultos mayores es convertir esa información en decisiones oportunas y útiles para pacientes, familiares y profesionales de la salud.
Del laboratorio a la vida cotidiana
La nueva etapa de MassAITC ampliará el alcance de sus investigaciones hacia viviendas particulares y comunidades de cuidado, con una red nacional de colaboradores para desarrollar proyectos piloto.
Benjamin Marlin, profesor de informática en UMass Amherst y codirector del centro junto con Deepak Ganesan y Sudeshna Das, explicó que la renovación permitirá ampliar los recursos de investigación y fortalecer la colaboración entre instituciones.
Uno de los proyectos respaldados es Only Human, desarrollado por Socratic Sciences, una plataforma que utiliza inteligencia artificial para facilitar el apoyo social y emocional a familiares que cuidan a personas con demencia. Su inclusión refleja una dimensión importante del problema: el envejecimiento no solo requiere atender la salud de quien recibe cuidados, sino también las necesidades de quienes lo acompañan.
La investigación sobre inteligencia artificial aplicada a la salud empieza a explorar cómo anticipar necesidades médicas, organizar información clínica y apoyar decisiones de atención. Sin embargo, el valor de estas herramientas no puede medirse únicamente por su capacidad tecnológica. También importa que reduzcan cargas de trabajo, sean comprensibles para sus usuarios y puedan integrarse a los servicios de salud existentes.
Retos de la inteligencia artificial para adultos mayores
La expansión de dispositivos inteligentes plantea nuevas oportunidades, pero también exige pruebas rigurosas. Para que estas soluciones se conviertan en herramientas confiables, deberán demostrar que pueden funcionar en condiciones reales, con personas de distintas edades, capacidades físicas y niveles de familiaridad tecnológica.
Esto implica evaluar al menos cuatro aspectos fundamentales: su capacidad para detectar problemas de manera precisa, su utilidad para mejorar resultados de salud, la protección de los datos personales y su facilidad de uso. Un sistema que detecta posibles caídas, por ejemplo, debe minimizar tanto las alertas falsas como los eventos que no identifica. También necesita establecer quién recibe las notificaciones y qué debe suceder cuando se presenta una emergencia.
La privacidad representa otro desafío. Las tecnologías que recopilan información sobre movimientos, rutinas y condiciones médicas pueden ofrecer datos relevantes, pero requieren mecanismos claros de consentimiento, seguridad y control por parte de los usuarios.
También existe una cuestión de autonomía. Una herramienta diseñada para cuidar a una persona no debería convertir su hogar en un espacio de vigilancia permanente ni desplazar su capacidad para tomar decisiones.
Estas preocupaciones son especialmente importantes cuando la tecnología se utiliza con personas que viven con deterioro cognitivo. En el fondo, el éxito de la IA en el cuidado de adultos mayores dependerá menos de cuántos datos recopile y más de cuánto mejore la vida de quienes la utilizan.
México también necesita prepararse para envejecer
La investigación estadounidense ofrece una referencia relevante para México, donde el envejecimiento de la población empieza a transformar las necesidades de atención médica y cuidados de largo plazo. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2024, presentada por el INEGI en abril de 2026, el país contaba con aproximadamente 32 millones de personas de 50 años y más.
Entre esta población, 41.5% vivía con hipertensión, 25.5% con diabetes y 9.3% presentaba al menos una limitación para realizar actividades cotidianas, como preparar alimentos, hacer compras o administrar su dinero. Estos datos permiten dimensionar la importancia de desarrollar nuevas soluciones de cuidado, pero también muestran que la tecnología tendrá que adaptarse a realidades económicas, familiares y de infraestructura muy diferentes.
La brecha digital es una de ellas. Según la ENDUTIH 2025, solo 30% de las personas de 75 años y más utilizaba internet en México. Por eso, cualquier estrategia de cuidado apoyada en IA deberá considerar dispositivos accesibles, interfaces sencillas y mecanismos que no dependan exclusivamente de una conexión permanente. La inteligencia artificial aplicada a la salud en México también exige mantener el juicio de los profesionales médicos como parte central de la atención, especialmente cuando se trata de diagnósticos y decisiones clínicas.
El futuro del cuidado no consiste en reemplazar a las personas
La renovación de MassAITC representa una oportunidad para acelerar investigaciones sobre inteligencia artificial para adultos mayores que podrían transformar la manera de acompañar el envejecimiento. También abre una discusión sobre el diseño de los sistemas de cuidado del futuro.
La tecnología podría ayudar a reconocer señales de riesgo, facilitar la comunicación con profesionales de salud y ofrecer apoyo adicional a familiares y cuidadores. Pero todavía es necesario demostrar qué soluciones producen beneficios sostenidos y cuáles funcionan únicamente en condiciones experimentales.
El siguiente paso no será llenar los hogares de sensores o asistentes inteligentes, sino crear herramientas que respeten la independencia de sus usuarios y respondan a necesidades concretas.
Porque envejecer en casa con apoyo de inteligencia artificial no debería significar depender más de la tecnología, sino tener más posibilidades de vivir con autonomía, seguridad y dignidad.
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