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Desde hace tiempo, Sheryl Sandberg llama la atención sobre el cambio cultural que representa el auge del contenido sobre las tradwives (mujeres que promueven roles domésticos tradicionales) y la manosfera. “El problema con la visión romantizada de la tradwife es que les transmite a las mujeres que, para ser buenas esposas, parejas o madres, tienen que dedicarse a ello de tiempo completo”, escribió en marzo.
La realidad es que la mayoría de las mujeres no puede darse el lujo de dejar de trabajar. Además, Sandberg cree que las ideas de estos influencers pueden perjudicar profundamente a las madres trabajadoras, al hacerlas sentir culpables por trabajar fuera de casa o tener ambiciones. “Me preocupa que la idealización de la tendencia tradwife corra el riesgo de devolver esa culpa a las mujeres: una culpa que muchas hemos trabajado mucho y durante años para dejar atrás”, añadió.
Pero hay otros daños para las trabajadoras conforme estos movimientos cobran fuerza y reviven nociones anticuadas sobre quién pertenece al liderazgo o a la fuerza laboral. Una investigación de Lean In, la organización feminista de Sandberg, realizada entre personas adultas de Estados Unidos, revela que el conjunto de podcasters e influencers masculinos que integra la manosfera ha promovido ideas que ya están entrando al trabajo.
Casi la mitad de los hombres encuestados por Lean In sostuvo que los hombres deberían ser los principales proveedores de sus familias. Más de un tercio considera que las mujeres son demasiado emocionales para empleos exigentes, mientras que 42% cree que los hombres encajan mejor en puestos de liderazgo.
Estas creencias no son nuevas. Lean In vincula el aumento de las posturas conservadoras y abiertamente sexistas en internet con sus efectos en el trabajo, donde las mujeres han conseguido avances con mucho esfuerzo durante el último medio siglo.
Los desafíos persisten: desde una carga desproporcionada de cuidados en casa hasta el debilitamiento del compromiso empresarial con la diversidad, la equidad y la inclusión. Las mujeres siguen estando muy poco representadas en los niveles más altos de las empresas estadounidenses, y la brecha salarial de género continúa arraigada.
La investigación de Lean In indica que el contenido de la manosfera y las tradwives se está volviendo omnipresente: nueve de cada diez adultos lo encontraron durante el último año. También puede influir de forma insidiosa incluso cuando los hombres no están de acuerdo con lo que ven. Las mujeres, en cambio, resultan menos influidas, aun cuando lo consumen con frecuencia.
Según Lean In, los hombres que interactúan frecuentemente con ese contenido tienen tres veces más probabilidades de compartir opiniones sexistas. Incluso quienes no son especialmente receptivos tienen el doble de probabilidades de coincidir con las ideas que promueve.
Aproximadamente seis de cada diez empleados encuestados dijeron haber visto estas ideas en su vida profesional. Esto sugiere que la reacción contra el feminismo en internet influye activamente en cómo los hombres perciben a las mujeres en el trabajo. Quienes dijeron haber recibido comentarios sexistas también reportaron evaluaciones de desempeño marcadas por el género: por ejemplo, que eran demasiado emocionales o carecían de cualidades de liderazgo.
Elementos de la manosfera llegan al trabajo de distintas maneras. Algunos responsables de recursos humanos han detectado términos como “alfas” y “betas”, que clasifican a los hombres según estereotipos de masculinidad. Expresiones aparentemente más inocuas, como “liderazgo alfa” o body count para referirse a despidos, se vuelven más comunes en plataformas como LinkedIn.
Líderes como Mark Zuckerberg han hablado abiertamente de devolver la “energía masculina” al trabajo y de que los programas de diversidad habrían “castrado culturalmente” al mundo corporativo, una postura que expresó en el popular pódcast de Joe Rogan. Sandberg, por supuesto, pasó 14 años como directora de operaciones de Meta y tuvo un papel importante en su cultura.
Lean In pide a los altos directivos, especialmente a los hombres, denunciar el sexismo y dar ejemplo de equidad al contratar, aumentar sueldos, ascender y evaluar. Pero cuesta creer que los líderes puedan y quieran hacerlo cuando, durante años, las empresas estadounidenses han debilitado las iniciativas creadas para atender estos problemas. Incluso quienes mantienen sus programas de inclusión y cultura laboral están menos dispuestos a hablar públicamente de ellos.
Quizá el consejo más pertinente sea el que Lean In ofrece a las trabajadoras: conserven las pruebas.
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