[Ilustración base: Adobe Stock]
Como si no tuvieras ya suficientes preocupaciones: resulta que estresarte por el dinero podría tener un efecto duradero en tu cerebro.
Un nuevo estudio, publicado en Innovation in Aging, analizó datos recopilados de 2,759 personas a lo largo de más de siete décadas, en lo que se conoce como la cohorte de nacimiento británica de 1946. El Estudio Nacional de Salud y Desarrollo del Consejo de Investigación Médica del Reino Unido recopiló la información de los participantes mediante cuestionarios y visitas a domicilio y a clínicas.
Los orígenes del estudio se remontan a la década de 1930, una época de gran tensión financiera, cuando una recesión económica global y la Gran Depresión en Estados Unidos tenían a la gente preocupada por sus finanzas, incluido el costo de tener hijos. La encuesta inicial registró el nacimiento de 5,362 bebés.
El nuevo estudio sobre envejecimiento analizó a más de 2,700 participantes de la cohorte que seguían con vida a los 69 años (quienes siguen vivos hoy cumplieron 80 en marzo). Y lo que encontraron los investigadores es fascinante: las dificultades económicas persistentes se relacionaron con un envejecimiento cerebral más acelerado.
“La mayoría de los estudios sobre envejecimiento cognitivo analizan las dificultades financieras en un solo momento”, dijo el investigador Jacques Wels en un comunicado de prensa. “Nuestro estudio, que utiliza datos de varias décadas, nos permite ver que es la acumulación de dificultades a lo largo de muchos años lo que se relaciona con los peores resultados en la salud cognitiva, y no los episodios ocasionales de adversidad”.
Menos dinero, peor salud cerebral
Los investigadores encontraron que los miembros de la cohorte que crecieron enfrentando problemas económicos constantes, o que tuvieron ingresos bajos siendo adultos jóvenes, no obtuvieron tan buenos resultados en las pruebas cognitivas a los 53 años.
También revisaron resonancias cerebrales y encontraron que las personas con menores ingresos tenían peor salud cerebral, incluyendo mayor atrofia cerebral entre los 69 y 71 años. Los resultados tomaron en cuenta factores como la capacidad cognitiva en la infancia, el nivel educativo y las desventajas vividas durante la niñez.
“La adversidad financiera persistente afecta el desempeño cognitivo en la mediana edad y la atrofia cerebral en etapas posteriores de la vida, con efectos mayores en hombres, personas de infancias desfavorecidas e individuos con mayor riesgo genético”, concluyó el estudio, y añadió que “apoyar a los adultos en edad laboral que son financieramente vulnerables podría ayudar a prevenir la demencia en una población que envejece”.
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