| News

La efeméride más incómoda del calendario ya es una industria de 100,000 mdd

Nació del empeño de un concejal brasileño en 2006. Dos décadas después, el Día del Orgasmo Femenino se cruza con una categoría que pasó del sex shop al pasillo de Walmart, y con una brecha de placer que ninguna innovación ha cerrado todavía.

La efeméride más incómoda del calendario ya es una industria de 100,000 mdd [Imagen por: Frida Quiñones]

El 8 de agosto es, oficialmente, el Día del Orgasmo Femenino. Su origen no está en una cumbre de la ONU ni en una campaña global de salud pública, sino en Esperantina, un municipio de unos 40,000 habitantes en el estado brasileño de Piauí. En 2006, el concejal José Arimateia Dantas Lacerda impulsó la fecha tras conocer un estudio de la Universidad Federal de Piauí según el cual cerca de 28% de las mujeres de la región no alcanzaba el orgasmo. Su argumento fue menos escandaloso de lo que sugiere el titular: lo planteó como un asunto de salud pública.

La prensa amplificó la anécdota, los grupos feministas se apropiaron de la fecha y las redes hicieron el resto. Hoy el Día del Orgasmo Femenino se replica de México a España con un componente que a Esperantina probablemente no se le ocurrió: un mercado.

¿Por qué el Día del Orgasmo Femenino se celebra el 8 de agosto?

La llamada “brecha orgásmica” es el indicador que da sustento a la fecha. Los estudios más citados en Estados Unidos muestran que alrededor de 95% de los hombres heterosexuales reporta llegar al orgasmo habitualmente en sus encuentros sexuales, frente a cerca de 65% de las mujeres heterosexuales: una diferencia de 30 puntos porcentuales. El detalle relevante para quien quiera entender la categoría es cuál es la variable que la explica.

No es la biología. Entre mujeres lesbianas la cifra sube a alrededor de 86%. La brecha se estrecha o desaparece según el tipo de estimulación y el guion sexual, no según la anatomía. Es decir: es un problema de información y de prácticas. Y los problemas de información son, casi por definición, oportunidades de producto.

El mercado que creció alrededor del placer femenino

El Día del Orgasmo Femenino llega a su vigésima edición con una industria detrás. El mercado global de bienestar sexual se estima en torno a los 100,000 millones de dólares (mdd) y las proyecciones más agresivas lo colocan por encima de los 270,000 millones hacia 2035. El femtech (tecnología y productos de salud enfocados en mujeres) se mueve en cifras comparables, con estimaciones que rondan los 40,000 a 50,000 mdd y crecimientos anuales de doble dígito. Conviene leer estos números con pinzas: las consultoras difieren mucho entre sí porque cada una define la categoría a su manera.

Lo que sí es verificable es la distribución. Dame, la marca neoyorquina fundada por mujeres, superó las 2,000 puertas de retail en Estados Unidos tras entrar a Walmart. PlusOne llegó a Ulta Beauty este año. Target, CVS y Walgreens ya tienen anaquel de productos de intimidad. Sephora abrió una selección de bienestar sexual en línea desde 2022. En el mundo hispanohablante, Platanomelón construyó desde Barcelona un negocio de decenas de millones de euros combinando e-commerce con educación sexual como contenido de marca, y desembarcó en México en 2020.

El cambio no es que existan los productos. Es que dejaron de venderse en la trastienda para competir por espacio de anaquel junto al sérum facial.

La barrera real es la publicidad

Si hay un cuello de botella en esta categoría, no es la demanda ni el capital: son las plataformas y los medios. Dos casos lo ilustran mejor que cualquier estudio de mercado.

En 2019, la Autoridad Metropolitana de Transporte de Nueva York rechazó la campaña de Dame en el metro. La marca demandó, señalando que la misma MTA aprobaba anuncios de disfunción eréctil y de apps de citas con imágenes sugerentes. Dame había gastado unos 150,000 dólares reformulando la campaña antes del rechazo definitivo. El litigio duró casi tres años y terminó en un acuerdo: en noviembre de 2021 la marca estrenó “Get in Touch with Yourself” en los vagones del metro neoyorquino.

Ese mismo año, el CES retiró el premio Innovation Award que ya había otorgado al dispositivo Osé de Lora DiCarlo, alegando que podía considerarse “obsceno”. La feria había exhibido muñecas sexuales y stands de realidad virtual pornográfica en ediciones previas. Tras la presión pública, la Consumer Technology Association restituyó el premio en mayo de 2019 y ajustó sus reglas.

El patrón se repite en Meta, TikTok y Google: los productos de salud sexual masculina circulan con relativa libertad, los femeninos chocan con políticas de contenido “para adultos”. Por eso las marcas de la categoría dependen tanto del contenido educativo orgánico, de las colaboraciones con sexólogas y de las efemérides. El Día del Orgasmo Femenino es, para ellas, una de las pocas ventanas en las que la conversación se vuelve editorial y no publicitaria.

Qué mirar

La lección para cualquier marca, no solo las de esta industria, es que un tabú suele ser un mercado con fricción regulatoria y reputacional, no un mercado inexistente. Quien invierte en resolver esa fricción, con litigio, con pedagogía o con distribución, se lleva la categoría.

En 2006, un concejal de un pueblo de Piauí leyó que 28% de las mujeres de su región no llegaba al orgasmo y decidió que eso era un problema de salud pública. Dos décadas, miles de millones de dólares y una industria entera después, la brecha sigue en 30 puntos.

Es un dato que conviene analizar: significa que el crecimiento de una categoría no equivale, por sí solo, al cierre de una desigualdad. Se puede construir un mercado enorme alrededor de un tabú sin haberlo roto. Y mientras la conversación siga necesitando una fecha en el calendario para existir sin fricción, el Día del Orgasmo Femenino seguirá haciendo falta.

Author

Author

Sobre el autor