[Foto por: Va por Mi Cuenta]
Lo que comenzó con la idea de invitar a un niño a comer se convirtió en un movimiento que reúne a miles de personas. Ivonne Madrid, directora de Fundación Alsea, comparte la historia que transformó su manera de entender el hambre y por qué alimentar también significa cuidar, acompañar y abrir oportunidades.
Hay una expresión que todos hemos utilizado alguna vez al sentarnos a comer con alguien: “Va por mi cuenta”. Es una forma sencilla de decir que nosotros invitamos, que nos encargamos de pagar la cuenta. Pero ¿qué pasaría si esa invitación pudiera llegar también a alguien que no está sentado en nuestra mesa? Esa es precisamente la idea detrás de Va por Mi Cuenta.
Desde 2012, el movimiento impulsado por Fundación Alsea trabaja para fortalecer la seguridad alimentaria en México.
En entrevista exclusiva con Fast Company México, Ivonne Madrid, directora de la fundación, explica que el nombre representa el espíritu de compartir y hacer algo por los demás. “Mientras tú en el restaurante estás consumiendo, estás invitando también a un niño a comer”, explica.
Catorce años después, Va por Mi Cuenta conecta restaurantes, organizaciones y comunidades. Lo que comenzó con el sueño de alimentar a 200 niños hoy forma parte de una red de programas que, según Fundación Alsea, beneficia a más de 1.4 millones de personas al año.
Pero detrás de las cifras existe una historia profundamente personal: la de una mujer que encontró en su experiencia como madre una razón todavía más profunda para ayudar.
La historia que transformó su manera de entender el impacto social
Desde sus años universitarios, como estudiante de Relaciones Internacionales, Ivonne Madrid comenzó a interesarse por las distintas realidades sociales que la rodeaban. Con el tiempo, esa inquietud la llevó a trabajar directamente con comunidades y conocer a familias que buscaban mejores oportunidades para sus hijos.
Durante una de esas visitas conoció a una abuela de aproximadamente 70 años que cuidaba a su nieto de apenas cuatro meses.
La imagen de aquella mujer dándole al bebé un biberón con café soluble que había sobrado de un velorio la noche anterior marcó profundamente a Ivonne, especialmente porque su propio hijo tenía prácticamente la misma edad.
Al preguntarle por su situación, la mujer solamente pudo responder: “Porque es lo único que tengo. No tengo nada más que ofrecerle”. Aquellas palabras fortalecieron su convicción de que era necesario acompañar a las familias de manera constante.
La maternidad había transformado su sensibilidad. Su primer hijo nació prematuramente, a los ocho meses de embarazo, con un peso de apenas 1.4 kilogramos. Aquella experiencia la llevó a reconsiderar sus prioridades y a comprender desde otra perspectiva las necesidades de otras madres.
El encuentro con aquella abuela terminó por convertir esa sensibilidad en una decisión concreta.
El proyecto comenzó con una idea escrita en una servilleta durante una conversación en un café: abrir un comedor para 200 niños. “Este sueño empezó literal en una servilleta”, recuerda. Lo que parecía una idea sencilla terminaría conectando a miles de personas alrededor de una misma causa.
Va por Mi Cuenta: un comedor donde alguien descubre cuánto vale

Con el paso de los años, Va por Mi Cuenta amplió su modelo de atención. Actualmente, el movimiento trabaja con 28 comedores infantiles, de acuerdo con las cifras compartidas por Ivonne.
Sin embargo, uno de sus aprendizajes más importantes no tiene que ver únicamente con la cantidad de alimentos entregados, sino con lo que ocurre alrededor de una mesa. “Va por Mi Cuenta no es solamente dar un plato de comida”, explica Ivonne. “Hay todo un tema de seguimiento con los niños, de cariño, de cuidado, de dignificación de las personas”.
Durante los primeros años del proyecto conocieron a niños que no estaban acostumbrados a que los llamaran por su nombre, sino por algún apodo. Algunos ni siquiera sabían con precisión cuántos años tenían.
Aquella experiencia les mostró que alimentar también significa acompañar. “Los comedores son espacios como oasis de paz en donde ellos se sienten tranquilos, seguros, donde hacen amigos”.
La seguridad alimentaria está relacionada con el desarrollo físico, el aprendizaje y las oportunidades de crecimiento, pero también importa el entorno donde ocurre. “Les enseña que pueden comer en un espacio digno, les enseña que pueden estar en un lugar en paz, que merecen ser tratados con cariño”.
Con el tiempo, el movimiento desarrolló comedores rurales, proyectos escolares y espacios adaptados a distintas comunidades, además de incorporar educación nutricional y alianzas con organizaciones especializadas.
Porque alimentar también significa reconocer el potencial de cada niño.
El verdadero impacto se construye con los años
Desde su creación, Va por Mi Cuenta ha servido cerca de 10 millones de comidas nutritivas, según cifras de la organización. En 2026, Fundación Alsea reporta un alcance anual superior a 1.4 millones de personas mediante sus programas y alianzas.
La campaña de 2025 consiguió una recaudación de 62.3 millones de pesos, pero, para Ivonne, el resultado más importante aparece cuando se observa lo que sucede después.
Algunos niños han recibido apoyo durante casi 15 años. Otros, conforme crecen, pueden acceder a programas de educación, capacitación y empleabilidad impulsados por la fundación y sus aliados. Esto significa que un niño que comenzó asistiendo a un comedor puede, años después, recibir herramientas para continuar sus estudios o incorporarse al mundo laboral. Esa continuidad cambia la manera de comprender el impacto social.
Ivonne tiene claro cuál sería el mayor logro del movimiento: que las familias cuenten con herramientas suficientes para construir su propio futuro. “Para mí, la forma de acabar con el hambre es, en el largo plazo, que la gente tenga un empleo digno y que no necesite a la fundación”. Es una visión que conecta la alimentación con la educación y las oportunidades laborales.
Una comida puede cambiar el día de un niño. Una oportunidad puede cambiar la dirección de su vida.
Aprender a confiar también es una forma de liderar
Durante sus primeros años, Va por Mi Cuenta trabajó estrechamente con Comedor Santa María, una institución con amplia experiencia en alimentación infantil. Con el tiempo decidieron ampliar su red y abrir una convocatoria para conocer a otras organizaciones que también pudieran contribuir a la causa. Ivonne reconoce que fue una decisión que le generó incertidumbre, pues significaba confiar en nuevos equipos. El resultado fue una red más diversa.
En 2026, Fundación Alsea reporta apoyo a 22 proyectos de alimentación, cuyas organizaciones también comparten experiencias y mejores prácticas.
Para Ivonne, ese proceso le enseñó que liderar también significa reconocer las capacidades de los demás. “No todos podemos dar lo mismo”. Algunas personas aportan recursos económicos; otras, tiempo, conocimientos o productos. Cada contribución tiene un lugar. “Somos gente cuidando a más gente”.
Una frase que representa el verdadero valor del movimiento: las personas que lo mantienen vivo.
Cuando innovar significa encontrar nuevas formas de ayudar
Conforme Va por Mi Cuenta creció, Ivonne y su equipo comprendieron que también existían nuevas maneras de ampliar su alcance. Comenzaron a colaborar con bancos de alimentos, organizaciones especializadas y proyectos de investigación. A través del Premio Alsea, la fundación ha reconocido propuestas relacionadas con la seguridad alimentaria, incluidas herramientas tecnológicas y proyectos de recuperación de alimentos.
Durante la entrevista, Ivonne recuerda una iniciativa desarrollada en Yucatán para recuperar variedades vegetales que estaban dejando de producirse y consumirse. También menciona soluciones que utilizan inteligencia artificial para analizar la inseguridad alimentaria.
Es una conversación que conecta con la innovación agroalimentaria en México y las soluciones para reducir el desperdicio de comida. Para Ivonne, innovar también significa conectar conocimientos y personas para que una buena idea pueda llegar más lejos.
Pedacito: el personaje de Va por Mi Cuenta que explica por qué todos podemos hacer algo
Hacia el final de nuestra entrevista, Ivonne nos muestra a un pequeño peluche llamado Pedacito, que representa una idea sencilla: no necesitamos hacer algo enorme para generar un cambio. “Pedacito es chiquito por fuera, pero tiene un corazón gigantesco”.
Actualmente, más de 29,000 colaboradores realizan aportaciones voluntarias y periódicas, desde un peso hasta cantidades mayores, según sus posibilidades. “Cada quien puede poner un pedacito”.
Para Ivonne, esa es una de las fortalezas de Va por Mi Cuenta: cualquiera puede contribuir desde lo que tiene a su alcance, ya sea dinero, tiempo, conocimientos o ayudando a compartir la causa.
Va por Mi Cuenta: tu próxima comida también puede sumar un pedacito
Después de escuchar la historia de Ivonne surge una pregunta inevitable: ¿cómo podemos participar?
La campaña de recaudación 2026 se realiza del 1 de octubre al 30 de noviembre y permite hacer aportaciones en establecimientos participantes de Starbucks, Domino’s, Vips, Burger King, Chili’s, Italianni’s, P.F. Chang’s y The Cheesecake Factory. Este año también se incorporaron Corporación Mexicana de Restaurantes y Fundación CMR, mediante la participación de Olive Garden, Wings y Sushiitto.
Otra manera de ayudar es a través de los productos con causa. Al comprar alimentos o bebidas seleccionados, las marcas destinan parte de la venta a los programas de Fundación Alsea. La sección de productos con causa de Va por Mi Cuenta permite consultar las opciones disponibles. La vigencia de cada producto puede confirmarse en los establecimientos participantes.
También es posible realizar donaciones directamente a Va por Mi Cuenta, conocer sus programas de voluntariado o compartir información sobre sus actividades.
A veces, pasar la voz es el primer paso.
La niña que quería ser maestra
Hacia el final de nuestra conversación, le preguntamos a Ivonne qué le diría a la niña que fue si pudiera contarle todo lo que ha vivido. Su respuesta nos lleva a una imagen completamente distinta de los comedores y las reuniones de trabajo.
De niña, Ivonne quería ser maestra. Recuerda cómo acomodaba a sus muñecos sobre la cama para darles clases. Los arropaba, los bañaba, les daba de comer y jugaba a cuidarlos. “Siempre he sido muy maternal”, nos cuenta. Aquella niña difícilmente habría imaginado que, años después, participaría en la construcción de espacios donde miles de niños encontrarían alimento, acompañamiento y nuevas oportunidades.
Hay algo simbólico en esa historia. La niña que quería enseñar terminó dedicando buena parte de su vida a aprender de otras personas: madres, abuelas, comunidades y niños que le han mostrado distintas maneras de comprender el cuidado.
Hoy Ivonne es madre de dos hijos y, aunque sus responsabilidades han cambiado, hay algo de aquella niña que permanece intacto: la convicción de que cuidar también significa ayudar a crecer.
Esa sensibilidad aparece cuando habla de las madres que ha conocido en los comedores de Va por Mi Cuenta. Le emociona pensar en la tranquilidad que encuentran al saber que sus hijos están bien alimentados y en los vínculos que construyen dentro de sus comunidades.
En ocasiones, cuenta, son las propias madres quienes comienzan a ayudarse entre sí. Esos gestos le recuerdan que el impacto del movimiento también está en las relaciones que se construyen entre las personas. “Poderme ir a dormir y tener la satisfacción de que hoy le ayudamos a alguien” es una de las cosas que más valora de su trabajo.
Y cuando piensa en aquella niña que jugaba a ser maestra, su respuesta no gira alrededor de un cargo o una cifra. Piensa en todas las personas que han hecho posible el movimiento. “Yo al final he recibido mucho más de lo que creo que he dado”.
No necesitas hacer algo enorme para cambiar algo importante

Al terminar nuestra conversación, volvemos a aquella servilleta, al encuentro con una abuela y su nieto, y a una mujer que encontró en su experiencia como madre una razón todavía más profunda para involucrarse.
La historia de Ivonne Madrid y Va por Mi Cuenta nos recuerda que las grandes transformaciones no siempre comienzan con grandes decisiones. A veces empiezan con una conversación, alguien que escucha o una persona que decide compartir lo que tiene.
Una comida puede significar tranquilidad para una familia. Un comedor puede convertirse en un espacio donde un niño descubre que merece ser tratado con cariño. Y una oportunidad educativa o laboral puede abrir caminos que antes parecían lejanos.
No tienes que hacer algo extraordinario para formar parte de un cambio extraordinario. Tal vez no puedas cambiarlo todo. Pero puedes aportar tiempo, compartir una historia, elegir un producto con causa o poner un pequeño pedacito de lo que tienes.
Y cuando muchos hacemos lo mismo, ese pedacito comienza a convertirse en algo mucho más grande.
Porque una comida puede cambiar una vida. Una oportunidad, su futuro. Y quizá el próximo pedacito que haga la diferencia pueda ser el tuyo.
![[Imagen por: FCMX]](https://fc-bucket-100.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/10/19234638/Ola-de-calor-sobre-la-ciudad.png)
![[Imagen: FCMX]](https://fc-bucket-100.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/10/19185226/Collage-de-escucha-urbana-y-esperanza.png)
![[Foto por: Databricks]](https://fc-bucket-100.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2026/10/19183248/1792339370704.jpg)