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Guillermo del Toro en el FICM: crear también es compartir

En Morelia, el cineasta celebró los 20 años de El laberinto del fauno y compartió una idea para nuevas generaciones: el proceso creativo también merece cuidado.

Guillermo del Toro en el FICM: crear también es compartir [imagen por: FCMX]

Una película que cumple 20 años todavía puede abrir caminos. Guillermo del Toro regresó a Morelia para celebrar El laberinto del fauno y convirtió el encuentro en una conversación sobre cómo se construye una mirada propia: con tiempo, trabajo compartido y oportunidades para quienes empiezan.

La participación de Guillermo del Toro en el FICM (Festival Internacional de Cine de Morelia) formó parte de la 24.ª edición del festival, que se desarrolla del 16 al 25 de octubre de 2026. Su visita reunió una clase magistral, una proyección de la película restaurada y reconocimientos a su trayectoria. El hilo entre esas actividades fue el valor de las personas que hacen posible el cine.

El proceso creativo merece tiempo

El 18 de octubre, Del Toro ofreció una clase magistral gratuita que reunió a más de mil asistentes, en su mayoría jóvenes, según la crónica del festival. En conversación con el crítico Alonso Díaz de la Vega, resumió su postura en una frase: “El proceso es lo que tenemos que atesorar”. Su preocupación ante el uso de la inteligencia artificial como sustituta de la creación se centró en lo que puede perderse al desplazar la experiencia de aprender.

La charla también aterrizó esa idea en su propia práctica. Habló de la pintura como alimento para su imaginación, del vínculo entre sus recuerdos y sus películas, y del fracaso como parte del trabajo. De más de 42 guiones escritos, explicó, sólo 13 se habían convertido en películas. El dato hace visible una parte del oficio que rara vez aparece en la celebración de una carrera: los proyectos que no llegan a la pantalla.

Para quienes dirigen equipos creativos, la conversación conecta con el reto de dar espacio a la experimentación en el trabajo. El tiempo dedicado a probar una solución también permite desarrollar criterio para elegir la siguiente. Mostrar ese recorrido, con sus decisiones y tropiezos, vuelve el proceso más comprensible y compartido.

La emoción tiene un lugar central en esa búsqueda. Antes del estreno de Frankenstein, Del Toro ya había explicado la dimensión personal de su adaptación al hablar de los vínculos entre padres e hijos. Esa atención a la experiencia humana ayuda a entender por qué sus criaturas permiten conversar sobre afectos, recuerdos y formas de relacionarnos.

Un clásico renovado por cientos de manos

El aniversario de El laberinto del fauno, estrenada en 2006, dio una expresión material a esas ideas. Su versión restaurada se presentó en 3D, después de una conversión que requirió meses de trabajo y más de 1,300 personas, según explicó Del Toro. El director destacó el carácter manual de ese proceso, realizado para que el público pudiera volver a descubrir la película.

La función en el Teatro Mariano Matamoros estuvo acompañada por el Premio a la Excelencia Artística del FICM. Junto al realizador estuvieron la productora Bertha Navarro, el cinefotógrafo Guillermo Navarro y la actriz Ivana Baquero. Reunir a parte del equipo original permitió reconocer los distintos saberes detrás de una obra que suele identificarse, ante todo, con el nombre de su director.

Ahí aparece una pregunta útil para cualquier proyecto creativo que quiera durar: ¿cómo conservar lo que le da identidad y, al mismo tiempo, explorar nuevas maneras de presentarlo? En este caso, la actualización de la experiencia visual ofreció otra oportunidad de encuentro entre una película y sus espectadores.

Conservar también abre posibilidades

Del Toro recibió el 18 de octubre la Medalla Filmoteca UNAM, una distinción vinculada con las aportaciones al patrimonio cinematográfico. La presea tiene una conexión física con ese trabajo: se elabora con plata recuperada durante el revelado en los laboratorios de la Filmoteca. La memoria del cine adquiere, literalmente, una forma nueva.

Durante la conferencia, el director señaló los obstáculos que enfrenta la preservación cinematográfica, desde la pérdida de materiales hasta las dificultades para rastrear derechos. También destacó la confianza y la lealtad entre colaboradores, y la responsabilidad de abrir espacios para que nuevas generaciones desarrollen su curiosidad. Conservar las películas y compartir cómo se hicieron conecta ambas tareas.

La lectura que deja su paso por Morelia es alentadora para la comunidad creativa mexicana: una trayectoria puede convertirse en una oportunidad de aprendizaje colectivo. Una clase abierta, un equipo que vuelve a reunirse y una película disponible para nuevas miradas son formas concretas de compartir el oficio. El siguiente proyecto empieza también con aquello que otros permiten ver.

Author

  • Frida Quiñones

    Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.

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Sobre el autor

Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.