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Liderar desde el cuerpo: cómo esta atleta redefine el alto rendimiento

Aquí se propone otra forma de entrenar, competir y liderar, incluso con esclerosis múltiple.

Liderar desde el cuerpo: cómo esta atleta redefine el alto rendimiento [Imagen generada con IA]

El liderazgo, en entornos de alta exigencia –ya sean laborales, académicos o deportivos–, suele asociarse con empujar más, resistir más y no detenerse. Pero hay otra forma de entenderlo: como la capacidad de ajustar la mente antes que forzar el cuerpo. Replantear cómo se toman decisiones, cómo se interpretan los límites y qué significa realmente avanzar.

Cuando Karen Panecatl Urquiza subió a recibir el Premio Mujer Tec en la categoría de Deporte y Gestión Deportiva, el reconocimiento era más que por sus medallas, una forma distinta de entender el rendimiento, el liderazgo y el lugar del cuerpo femenino dentro del deporte.

Panecatl, seleccionada nacional de kung fu Shaolin, ha construido su carrera en alto rendimiento mientras vive con esclerosis múltiple, un diagnóstico que hace 11 años comprometió su movilidad. “En ese momento no podía ni caminar”, compartió en entrevista para Fast Company México. El deporte, en ese punto, parecía fuera de la conversación. “Pensé que mi prime ya había pasado”.

No fue así. Lo que cambió fue la forma de alcanzar el mismo objetivo.

“Tuve que recalibrar mi cerebro”, explica. La lógica tradicional —intensidad constante, desgaste como indicador de progreso— dejó de ser viable. “Yo soy una persona muy desesperada y pensaba ‘si no sudé, no entrené’”, dice. Pero el proceso la obligó a incorporar otro tipo de prácticas: “movimientos lentos, pasivos, paz interior…”.

El cambio terminó siendo estructural, y además de permitirle volver al deporte, también redefinió cómo entrena.

El liderazgo que el deporte no está viendo

Desde su experiencia, uno de los principales problemas del alto rendimiento sigue siendo cultural, bajo la creencia y tradición de que poner límites es sinónimo de debilidad.

“Está muy romantizado el ‘hasta el final, hasta que te mueras, no hay descanso’”, señala.

Frente a eso, propone entender el límite como parte del rendimiento, no como su opuesto. “Decir ‘hasta aquí puedo llegar’ no significa que seas floja. Quiere decir que nadie te va a conocer mejor que tú”.

Como instructora, ese principio es central. “Si no lo están disfrutando, entonces ¿para qué estamos aquí?”, dice sobre sus alumnos. El rendimiento, desde su perspectiva, no puede sostenerse en la obligación. Debe tener sentido para quien lo practica. –Y a mi parecer esta enseñanza puede ser aplicada a cualquier ámbito de la vida, incluso para quienes no hacen deporte–.

De atleta a generadora de comunidad

El impacto de su trabajo no se limita a su carrera deportiva.

Durante los primeros años tras su diagnóstico, decidió no hablar de ello fuera de su círculo cercano. “No sé si era pena o vergüenza”, admite. Cuando finalmente lo compartió públicamente, personas en situaciones similares comenzaron a acercarse.

“Lo que yo no me alcancé a ver es que ya que estuvo afuera, empezaron a acercarse muchas personas que estaban sufriendo igual en silencio que yo”.

Ese momento detonó la creación de Ser Inmune, una plataforma donde documenta su entrenamiento, comparte herramientas y acompaña a personas con condiciones crónicas.

“Al final, más allá del dinero, lo que necesitas es alguien que te escuche… que te diga ‘ahorita está muy feo, pero todo va a estar bien’”.

Hoy, el proyecto funciona como una red de apoyo y también como la prueba de que es posible entrenar, competir y progresar con una condición crónica.

El gran problema estructural de la alta exigencia

Su experiencia también deja en evidencia que los sistemas no están diseñados para adaptarse.

“Muchas veces el proceso es así, y si tú no cabes dentro del proceso, fuera”, explica.

La alternativa, para ella, es tener más flexibilidad y más comprensión del contexto individual. “Que no les de miedo adaptarse a la persona”, dice. “Todos tenemos algo muy valioso que aportar”.

Ese cambio implica también cuestionar ciertos prejuicios. En algunos casos, cuenta, su diagnóstico fue interpretado como excusa. “No es como que me esté inventando que tengo algo… realmente lo tengo”.

El liderazgo, en ese sentido, también pasa por generar entornos donde esas condiciones se entiendan y no se invaliden.

Redefinir la excelencia

“Kung fu significa trabajo de excelencia”, explica. Pero no en el sentido de exigencia extrema, sino en algo más preciso: “es un poquito más de trabajo del que hiciste ayer”.

Esa lógica, aplicada de forma constante, es la que sostiene su entrenamiento, su recuperación y su forma de enseñar.

Ella no trata de forzar su cuerpo para alcanzar un estándar externo –y pide a sus estudiantes que tampoco lo hagan–. Se trata de construir rendimiento desde las condiciones reales.

Y ahí es donde su historia propone una forma distinta de liderar en contextos de alta exigencia.

Author

  • José Luis Noriega

    Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.

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Sobre el autor

Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.