[Foto: Armando Tovar/Fast Company México]
Estuve en la Farmasi Arena hace exactamente diecinueve años. Bueno, no era la Farmasi Arena. Entonces se llamaba Arena Olímpica do Rio. Luego fue HSBC Arena y Jeunesse Arena. Los patrocinios en recintos deportivos tienen esa naturaliza de ir y venir como novios de preparatoria. El punto es que en 2007 el lugar se llamaba de otra forma y yo estaba ahí cubriendo los Juegos Panamericanos, con una libreta amarilla, una cámara prestada y la convicción (completamente equivocada) de que el periodismo deportivo era lo que quería hacer el resto de mi vida.

Entonces, cuando me senté en abril de 2026 en ese mismo recinto para ver a dieciséis equipos de Counter-Strike 2 disputarse un millón de dólares ante miles de fanáticos brasileños vestidos con camisetas de FURIA, me di cuenta de que el edificio no había cambiado tanto. Los que habíamos cambiado éramos todos los demás.
Empecemos por el contexto, porque sin contexto esto es solo una nota de press trip con pretensiones literarias (que, hay que aceptarlo, es exactamente lo que es, pero al menos podemos darle algo de sustancia).
Cambia el juego pero no la pasión
El Intel Extreme Masters (IEM, para los amigos) cumplió veinte años en 2026. Nació en 2006 como una curiosidad de nicho, una especie de experimento de Intel y ESL para ver si el gaming competitivo podía funcionar como espectáculo. Y no solo funcionó: la edición de Río 2024 alcanzó más de 700,000 espectadores solo en la ciudad. América Latina representa el 10% de la comunidad gamer global. Brasil tiene el tercer mayor número de jugadores de CS:GO en el mundo.
Esos no son datos que alguien recita en una sala de juntas y a los dos segundos todo mundo olvida. Son el tipo de números que explican por qué Intel sigue invirtiendo en arenas con capacidad para 20,000 personas, en un momento en el que la empresa también apuesta fuerte por los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial.
Ah, sí. La IA. Regresamos a ella en un momento.

La Farmasi Arena tiene más historia de la que parece desde afuera. En 2016 fue sede de los Juegos Olímpicos de Río. Antes había albergado los Panamericanos de 2007. Y en el ínterin, por su escenario han desfilado Paul McCartney, Elton John, Eric Clapton, Iron Maiden, Guns N’ Roses, Radiohead, Beyoncé, Green Day, Ariana Grande, Ed Sheeran y (esto es importante para situar geográficamente el alma del lugar) RBD. También Bring Me The Horizon, Fall Out Boy, The Offspring y Rise Against. Es un recinto que ha visto de todo: atletismo olímpico, rock clásico, pop de estadio, punk emo y ahora, lógicamente, esports. La narrativa dice algo así: si lo que buscas es reunir a miles de personas que se toman muy en serio algo que el resto del mundo consideraba pasatiempo de niños, la Farmasi Arena ya tiene experiencia.
Lo cual me lleva, sin muchas vueltas, a lo que pasó ahí del 16 al 19 de abril de 2026.
La eterna carrera por el rendimeinto top
Intel nos llevó a un grupo de periodistas e influencers a Río con dos misiones paralelas: que viéramos el torneo de CS2 y que escucháramos sobre sus nuevos procesadores. En la práctica, estas dos cosas se sienten como mundos distintos (uno es caos, adrenalina, fans con banderas gigantes gritando “É o FURIA!”) y el otro son presentaciones con slides técnicos en una sala del hotel Venit Barra, servidas con café y la energía levemente maníaca de Alejandro Hoyos, el Technology Evangelist de Intel que tiene la rara habilidad de hacer que una explicación sobre eficiencia de núcleos de procesador suene como un sketch de stand-up.
Pero en realidad son la misma cosa. Y eso es lo que Intel quiere que entiendas.

Alejandro me lo explicó así, en la entrevista que le hice entre sesión y sesión, con el ruido del recinto de fondo y él con el entusiasmo intacto de alguien que genuinamente ama lo que hace: “Los gamers y los equipos te demandan siempre lo mejor. Tú como un atleta, sin importar el deporte, no quieres que el equipo que usas te frene tu desempeño. Entonces siempre hay ese empuje por el lado de los atletas de ser mejores, y eso nos empuja a trabajar con ellos, a ver qué podemos desarrollar”.
Lleva más de 20 años en ingeniería y marketing de tecnología. Creció como gamer cuando el gaming todavía era cosa de minorías —él mismo lo dice, con esa candidez desarmante que tiene: “Los gamers de hace 20 años era yo… con un poquito de pelo”. Y ahora forma parte de un engranaje corporativo que define la arquitectura de procesadores que usan millones de personas que ni siquiera saben que los están usando.
La circularidad de eso es lo que hace interesante la historia de Intel en los esports.
Un par de apuestas de Intel
Los dos productos que Intel presentó en Río son distintos en propósito pero complementarios en narrativa.
El primero, el Intel Core Ultra 200S Plus (el “Plus” fue un guiño intencional, para que los usuarios supieran sin consultar un diccionario técnico que estaban ante lo mejor de esa generación de arquitectura) es un refresh de la línea 200S que ya existía. Cuatro núcleos eficientes adicionales, frecuencias más altas en los núcleos de desempeño, velocidad de memoria aumentada a 72 megatransferencias por segundo, y una nueva herramienta de software llamada Intel Binary Optimization Tool que mejora cómo el procesador ejecuta instrucciones sin tocar el código fuente de los juegos.
Alejandro lo explicó con una metáfora: imagina que las instrucciones de un programa son una cola desorganizada. La herramienta las reorganiza para que fluyan mejor. Resultado: hasta un 8% de mejora en promedio, con algunos juegos respondiendo hasta un 15% mejor que la generación anterior.
Eso puede sonar aburrido. O puede sonar a la diferencia entre ganar y perder una ronda de Counter-Strike 2 en un torneo con un millón de dólares en juego. Depende desde dónde lo veas.
El segundo producto es Panther Lake, nombre de arquitectura de lo que Intel llama la Core Series 3 (una plataforma móvil orientada a hacer que la última tecnología sea más accesible). Y aquí es donde entra el factor Panther Lake, que es como se llama internamente la arquitectura de próxima generación que Marcelo Bertolami y Germán Loureiro presentaron en su sesión técnica con el entusiasmo de dos ingenieros que llevan meses esperando poder contarle esto a alguien.
Lo mejor de dos mundos
Bertolami, el director de Ventas Técnicas para Latinoamérica, lo resumió sin mucho preámbulo: “Tomamos lo mejor de dos mundos”. El problema con las generaciones anteriores era que o tenías eficiencia de batería (Lunar Lake, excelente en consumo pero limitada en núcleos y escalabilidad) o tenías rendimiento bruto (Arrow Lake, potente pero hambrienta de energía). Panther Lake llega a decir: ¿por qué escoger? GPU 50% más potente que Lunar Lake, hasta 16 núcleos, NPU de 50 TOPS en 40% menos espacio, plataforma completa con capacidad para 180 TOPS sumando CPU, GPU y NPU. Y, quizás lo más relevante para los gamers de laptop: conectividad Wi-Fi 7 con AI integrada que prioriza el tráfico según lo que estés haciendo. Si estás en partida, el procesador lo sabe y le da prioridad a tu juego.
Germán Loureiro, el ingeniero técnico especializado en gaming de Intel para Latinoamérica , lo puso en perspectiva mientras nos mostraba una demo en vivo: “Estamos arriba de 1080p, alrededor de 100-110 fps, en un dispositivo muy delgado y ligero. Normalmente obtienes este rendimiento en dispositivos mucho más gruesos”.
Esto es lo que el argot corporativo llama “democratización de la tecnología” y lo que el usuario común llama “quiero una laptop que no me avergüence”.
Hacer procesadores, hacer comunidades
Brett Hannath, el CMO de Intel, tiene 35 años de experiencia en computing enterprise y la cadencia de alguien que ha hablado con prensa muchas veces pero que, genuinamente, parece disfrutarlo. Lo entrevisté junto a Corey Pforzheimer, VP de Comunicaciones Globales, en el press lounge del evento, con los ruidos del torneo filtrándose por las paredes.
Hannath sobre la estrategia de Intel en gaming: “No se trata solo de lo que IEM nos permite hacer, que es mostrar el gaming a su mayor nivel de expectativas y rendimiento. Se trata del ecosistema entero”. Y Pforzheimer lo completó con algo que me pareció honesto de una forma que rara vez escuchas en eventos de marca: “Lo que más me sorprende es la cantidad de personas dentro de Intel para quienes esto es su pasión. La línea entre trabajo y vida no existe para ellos”.
Eso también explica a Alejandro Hoyos haciendo squats para mantener despierta a la audiencia durante su presentación técnica a las 8:30 am. La pasión es la pasión.
Pero más allá del entusiasmo, Brett señaló algo estructuralmente importante: Intel no compite solo en hardware. Su ventaja diferencial es el ecosistema. Microsoft. Los ISVs. Los desarrolladores de juegos. Los fabricantes de sistemas como Acer con sus torres Predator. “En este mundo de IA donde la velocidad de innovación es tremenda, no hay una sola killer app. Hay quinientas. Hay mil. Y Intel ha sido central para habilitar ese ecosistema”.
Corey agregó, con un tono que mezcla orgullo y advertencia: “El roadmap se ve increíble. Todo lo que vemos del resto de 2026 hacia 2027 y 2028 luce fantástico”. Lo cual, desde una perspectiva periodística, es exactamente el tipo de cosa que un VP de Comunicaciones dice en un evento de marca. Pero también, en el contexto de una empresa que ha tenido dos años particularmente complicados en términos de posicionamiento competitivo, suena a algo más que relaciones públicas. Suena a convicción.
IA para todos
Y luego está el tema que nadie ignoró durante esos días en Río: la inteligencia artificial.
Intel quiere estar en el centro de la infraestructura que hace posible la IA. Los centros de datos que entrenan y corren modelos de lenguaje grandes, los chips que procesan inferencias en tiempo real, la arquitectura que hace posible que millones de usuarios interactúen con sistemas de IA simultáneamente: Intel quiere ser pieza fundamental de todo eso.
Y la ironía (bonita, realmente) es que la misma filosofía que los llevó al gaming los está llevando ahí. La idea de que el hardware de alto desempeño no es un lujo para pocos: es la infraestructura que eventualmente toca a todo el mundo. En 2006, los gamers hardcore eran una minoría. Hoy, como dijo Hoyos, casi todo el mundo es gamer. La curva de la IA probablemente sigue la misma trayectoria.
Los de casa en cuarto
FURIA perdió. Eso hay que decirlo.
El equipo brasileño, liderado por FalleN (uno de los jugadores más icónicos de la historia de Counter-Strike, una leyenda viviente en su propio país) terminó en cuarto lugar. La arena lo tomó con la dignidad dolorosa que solo entienden los brasileños cuando su equipo de futbol pierde en casa, multiplicada por veinte años de comunidad gamer que convirtió este torneo en algo que va mucho más allá de un videojuego. Las pantallas gigantes mostrando el bracket. Los fanáticos con las camisetas negras y amarillas. El silencio que siguió a la eliminación, y luego el aplauso de pie que reconocía que habían llegado lejos.
El gaming tiene eso. Los estereotipos dicen que es escapismo solitario, que los gamers son personas encerradas en su cuarto sin habilidades sociales. Pero lo que vi en la Farmasi Arena fue exactamente lo contrario: miles de personas conectadas por una pasión compartida, expresando emociones colectivas, construyendo una identidad cultural. Hoyos lo dijo mejor que yo: “En eventos como estos se puede ver que la gente conecta a través de los juegos. Esto es más grande de lo que se cree”.
Y tiene razón. Porque hace diecinueve años, en ese mismo recinto, vi exactamente lo mismo: miles de personas conectadas por una pasión compartida, expresando emociones colectivas, construyendo una identidad cultural. Solo que entonces era basquetbol, y ahora es Counter-Strike 2 con un millón de dólares en juego.
El edificio es el mismo. El deporte cambió. La emoción no.

Nuevas obsesiones
Una última cosa. Una inquietud personal. Antes de regresar a la Ciudad de México yo quiero que la gente de Intel, que sí sabe qué onda, me diga cuando es momento de cambiar de computadora. “¿Cómo sabes que ya te urge cambiar tu máquina?”, le pregunté a Alejandro.
Su respuesta: “Cuando ya el procesador tarda demasiado para cargar cosas que antes eran instantáneas. Cuando el sistema operativo trae novedades que tu hardware no puede correr bien. Cuando ves lo que la tecnología nueva hace y sientes que tu equipo actual te está limitando”.
Brett, más diplomático, me dijo: “Nunca le pondría un plazo. Pero te invitaría a que vayas a sentir los nuevos dispositivos. Ver qué tan delgados son, qué tan rápidos. Una foto o texto no le hace justicia a lo que sientes cuando los tienes en la mano”.
Yo duré años con la misma computadora. Tantos, que el pudor profesional me impide revelarlos aquí. Hace unos meses finalmente estrené una MacBook Air M5, pero después de tres días en Río escuchando hablar de NPUs, AI integrada en la conectividad Wi-Fi, 180 TOPS de plataforma y renderizado en 1080p con 100 fps en un dispositivo delgado como una libreta… no sé si ya me urge cambiarla.
Gracias, Intel. Mira lo que hiciste.
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