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La obesidad en Latinoamérica no depende solo de “fuerza de voluntad”, también es un problema social

El problema también está en los factores sociales, culturales, genéticos y económicos que rodean a millones de personas.

La obesidad en Latinoamérica no depende solo de “fuerza de voluntad”, también es un problema social [Imagen generada con IA]

La obesidad no puede seguir tratándose como un problema de voluntad individual. Ese fue uno de los mensajes más insistentes durante el Congreso Internacional de Investigación sobre Obesidad 2026 del TEC de Monterrey, donde investigadores del instituto dedicado a este tema defendieron una idea incómoda pero cada vez más respaldada por la evidencia: comer menos y hacer ejercicio no bastan para explicar ni resolver una de las crisis de salud más complejas de América Latina.

“Es una problemática que no debemos atender de manera individual o solos. La suma de colaboradores es fundamental”, señaló una de las líderes del instituto durante la apertura del encuentro, que este año llevó como lema “de evidencia a acción”.

La apuesta es construir un enfoque multidisciplinario que conecte genética, nutrición, ingeniería, medicina, políticas públicas y ciencias sociales para entender por qué la obesidad se comporta distinto en México y Latinoamérica frente a otras regiones del mundo.

El problema de copiar datos de Europa y Estados Unidos

Uno de los puntos que más se repitió en el congreso fue la falta de información científica regional. Rocío Díaz de la Garza, líder de la Unidad de Biología Integrativa, explicó que gran parte de las bases de datos genómicos utilizadas actualmente provienen de Europa o Estados Unidos.

“Queremos atacar ese hueco que hay de información ómica de México y Latinoamérica”, explicó. “Todos los bancos de datos vienen de Inglaterra, vienen de Estados Unidos… y ya sabemos que el componente genético y ambiental nos afecta de manera diferente”.

Según los investigadores, los modelos de riesgo y los tratamientos desarrollados con datos anglosajones podrían no reflejar con precisión cómo evolucionan las enfermedades metabólicas en poblaciones latinoamericanas.

Gerardo García Vivas, líder de la Unidad de Medicina Experimental y Terapias Avanzadas, puso un ejemplo concreto: “El mexicano con no tanto peso, pero que acumula grasa particularmente en cintura, tiene un riesgo altísimo de enfermedad renal crónica”. Ese comportamiento, explicó, no necesariamente coincide con los parámetros usados en otras poblaciones.

Por eso el instituto ha comenzado a construir redes regionales con universidades y centros de investigación de Chile, Colombia, Argentina y Brasil. Entre ellas, una iniciativa llamada “Latidos”, enfocada en enfermedades cardiovasculares y metabólicas en América Latina.

La obesidad ya no se explica solo por comida y ejercicio

Quizá la declaración más contundente del encuentro fue el rechazo abierto a simplificar la obesidad como una consecuencia exclusiva de malos hábitos.

“Cada vez la comunidad científica está más de acuerdo en que limitarlo a comer menos y hacer más ejercicio simplifica demasiado el problema”, advirtió García Vivas.

Los investigadores insistieron en que existen factores sociales, económicos, culturales y ambientales que condicionan la enfermedad: acceso a alimentos saludables, seguridad en los espacios públicos, calidad del sueño, salud mental, estrés y hasta urbanismo.

“Genes responden un 5%, pero a lo mejor los determinantes sociales, el acceso a la alimentación o tener espacios seguros para hacer actividad física son mucho más importantes”, explicó.

Ese enfoque también está cambiando la manera en que el instituto trabaja con niños y adolescentes. Carmen Hernández, líder de la Unidad de Alimentos Saludables y Nutrición Clínica, explicó que actualmente colaboran con pediatras y grupos deportivos para estudiar cómo el entorno familiar, la actividad física y la salud emocional impactan en la obesidad infantil.

En un estudio con niños físicamente activos que practican futbol americano, encontraron algo que llamó particularmente la atención: aunque algunos presentaban parámetros metabólicos de riesgo, los niveles de ansiedad y depresión eran considerablemente bajos.

“Todo ese acompañamiento alrededor de ellos puede mejorar el problema de salud”, señaló Hernández.

El boom de los medicamentos para bajar de peso también preocupa

Otro de los temas inevitables fue la explosión de medicamentos para pérdida de peso que hoy dominan conversaciones en redes sociales y clínicas privadas.

Aunque los investigadores reconocieron que estos tratamientos sí funcionan para reducir grasa corporal y disminuir riesgos cardiovasculares, también alertaron sobre el riesgo de convertirlos en una solución mágica.

“El problema es cuando se vuelven masivos”, dijo García Vivas. “El paciente pierde gran cantidad de peso, pero también pierde músculo”.

Según explicó, muchos pacientes abandonan los tratamientos en menos de dos años y recuperan el peso rápidamente, pero con una peor composición corporal. “Suben otra vez de peso, con menos músculo y eso tiene un impacto definitivamente peor”.

La postura del instituto no es anti-fármacos. De hecho, parte de su investigación está enfocada precisamente en nuevas moléculas terapéuticas y dispositivos médicos. Pero sí cuestiona el uso aislado de estos medicamentos sin acompañamiento nutricional, psicológico y de cambio de hábitos.

“No va a haber una pastilla mágica”, resumió. “Un problema multifactorial requiere soluciones multifactoriales”.

Diseñar comida saludable (que la gente sí quiera comer)

La conversación también tocó uno de los grandes dilemas de la industria alimentaria: cómo desarrollar productos más saludables sin sacrificar sabor ni elevar costos.

Hernández explicó que uno de los trabajos del TEC consiste en rediseñar alimentos para eliminar sellos nutrimentales negativos y mejorar su perfil nutricional.

“Muchos de los alimentos saludables son caros”, reconoció. “Necesitamos desarrollar ingredientes accesibles y que aporten nutrición”, pero “el sabor no se puede comprometer, porque de otra manera los hábitos no van a cambiar”.

La investigadora señaló que el instituto busca formar nuevas generaciones de ingenieros en alimentos, médicos y nutriólogos capaces de trabajar de manera conjunta, algo que históricamente no siempre ocurre. “Son mundos que generalmente no se hablan tanto”, admitió.

La ciencia quiere llegar más rápido a las políticas públicas

En varios momentos del congreso apareció una tensión constante: el desfase entre la velocidad de la investigación científica y la lentitud con la que se transforman las políticas públicas.

Ante cuestionamientos sobre por qué muchos hallazgos no terminan convirtiéndose en acciones gubernamentales, los investigadores defendieron que todavía falta construir evidencia clínica sólida y generar proyectos piloto antes de impulsar cambios regulatorios a gran escala. Aun así, reconocen que el reto de comunicación es enorme.

“Tenemos que cambiar el discurso”, señalaron. “El paciente no siempre es culpable”.

Ese quizá fue el mensaje más importante del congreso: la obesidad dejó de ser vista únicamente como una decisión individual y comenzó a entenderse como el resultado de sistemas complejos que mezclan biología, economía, urbanismo, educación, industria alimentaria y salud pública.

Author

  • José Luis Noriega

    Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.

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Sobre el autor

Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.