[Imagen por: FCMX]
Las temperaturas extremas disparan el consumo de electricidad y ponen a prueba la infraestructura energética. La energía solar y eólica están demostrando que pueden ayudar a responder a esa presión, aunque también revelan los desafíos de construir una red más flexible y resistente.
Durante el verano, las energías renovables adquirieron un papel importante para responder al aumento de la demanda eléctrica. Millones de personas encendieron sus ventiladores, sistemas de aire acondicionado y aparatos eléctricos para hacer frente a las altas temperaturas. Detrás de esa rutina aparentemente sencilla ocurrió algo mucho más complejo: las redes eléctricas tuvieron que responder a un mayor consumo mientras el propio calor podía reducir la eficiencia de parte de la infraestructura.
En ese escenario, las energías renovables están adquiriendo un papel que va más allá de reducir emisiones. La generación solar, especialmente durante las horas de mayor radiación, puede contribuir a cubrir una parte importante del consumo eléctrico provocado por el calor. La energía eólica también puede aportar electricidad al sistema, dependiendo de las condiciones del viento.
La pregunta ya no es únicamente cuánta electricidad limpia podemos producir, sino qué tan preparada está nuestra infraestructura para aprovecharla cuando más la necesitamos. Y esa discusión resulta especialmente importante para México, donde las olas de calor, el crecimiento de las ciudades y la electrificación de distintas actividades están transformando las necesidades energéticas del país.
El verano se convirtió en una prueba de resistencia para las energías renovables
Las altas temperaturas representan un doble desafío para los sistemas eléctricos. Por un lado, aumentan la demanda de energía, principalmente por el uso de sistemas de enfriamiento. Por otro, pueden afectar el desempeño de transformadores, líneas de transmisión y algunas centrales generadoras.
La Agencia Internacional de Energía ha identificado el enfriamiento de espacios como uno de los factores relevantes para el crecimiento de la demanda mundial de electricidad. A medida que aumentan las temperaturas y más hogares incorporan equipos de aire acondicionado, esa presión puede intensificarse.
Esto significa que el desafío energético no consiste solamente en producir más electricidad. También implica contar con infraestructura capaz de distribuirla, almacenarla y responder rápidamente a los cambios en el consumo. Durante las horas más soleadas, los paneles fotovoltaicos pueden generar electricidad precisamente cuando muchos edificios, comercios y hogares necesitan enfriarse. Esa coincidencia permite que la energía solar contribuya a atender parte de la demanda diurna.
Sin embargo, hay un detalle importante: la demanda eléctrica no desaparece cuando se oculta el sol. En algunas regiones, el consumo puede mantenerse elevado durante la tarde y la noche, cuando la generación fotovoltaica disminuye. Por eso, la contribución de las energías renovables depende tanto de su capacidad de generación como de la manera en que se integran al sistema eléctrico.
El verano de 2026 dejó una señal importante
Estados Unidos ofreció un ejemplo de esta transformación durante el verano de 2026. El sistema eléctrico enfrentó una combinación de calor intenso, mayor uso de aire acondicionado y crecimiento del consumo de los centros de datos, pero la expansión de las energías renovables ayudó a cubrir parte de esa demanda. De acuerdo con un análisis publicado por Reuters, Texas fue uno de los casos más relevantes: la generación de energía limpia aumentó más de 11%, mientras la demanda total de electricidad creció alrededor de 4%. La diferencia importa porque demuestra que una mayor producción renovable puede ayudar a absorber el crecimiento del consumo sin que toda la electricidad adicional tenga que provenir de combustibles fósiles.
En California y en regiones del este de Estados Unidos también se registraron niveles récord de producción solar. Las baterías contribuyeron a extender el aprovechamiento de esa electricidad hacia las horas de la tarde y la noche, cuando los paneles solares dejan de producir.
Esto no significa que las energías renovables hayan sostenido por sí solas toda la red eléctrica. Las centrales convencionales, las interconexiones y otros recursos operativos continuaron siendo fundamentales. Lo que cambió fue la dimensión de la contribución renovable.
Las tecnologías que durante años fueron presentadas principalmente como una alternativa ambiental están asumiendo una función cada vez más importante en la operación cotidiana de los sistemas eléctricos.
Las energías renovables están cambiando las reglas del sistema eléctrico
La expansión de las energías renovables no es un fenómeno aislado. Según los datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, la energía eólica y la solar a gran escala produjeron conjuntamente alrededor de 760,000 gigavatios-hora durante 2025.
Ese volumen representó 17% de la generación eléctrica estadounidense a gran escala. Al incluir la producción solar de instalaciones pequeñas, como los paneles en techos, la participación conjunta de ambas fuentes llegó aproximadamente a 19% de la generación total.
La producción solar de grandes instalaciones creció 34% frente al año anterior, un avance que refleja la rapidez con la que esta tecnología está ganando espacio dentro de la matriz energética. Pero su importancia no se limita a cuánto produce a lo largo de un año. Una planta solar puede contribuir a reducir la cantidad de electricidad que deben aportar otras centrales durante las horas de mayor radiación. En condiciones favorables, esto permite reservar recursos de generación convencional para otros momentos del día.
La energía eólica cumple una función complementaria. Aunque su producción depende del viento y no necesariamente coincide con los momentos de mayor consumo, puede aportar electricidad durante periodos en los que la generación solar es limitada.
La combinación de distintas fuentes permite diversificar el suministro, pero también exige una operación más sofisticada. Una red con más energías renovables necesita anticipar no solamente cuánto consumirán las personas, sino también cuándo estarán disponibles el sol y el viento.
Las baterías podrían ser la pieza que faltaba
Uno de los mayores desafíos de la energía solar es que su producción disminuye al atardecer, justo cuando en algunas regiones la demanda eléctrica continúa elevada. Aquí es donde entran los sistemas de almacenamiento.
Las baterías permiten guardar parte de la electricidad generada durante las horas de mayor producción y utilizarla posteriormente. También pueden responder con rapidez a determinadas fluctuaciones del sistema, contribuyendo a mantener el equilibrio entre generación y consumo.
La Agencia Internacional de Energía, en su informe Electricity 2026, señala que la capacidad mundial instalada de baterías a gran escala alcanzó 124 gigavatios en 2024, después de incorporar 63 gigavatios durante ese año. Es una transformación significativa para una tecnología que comienza a desempeñar un papel más visible en la seguridad del suministro eléctrico.
Sin embargo, las baterías tampoco son una solución automática. Su utilidad depende de cuánta energía pueden almacenar, durante cuánto tiempo pueden suministrarla y si están cargadas cuando ocurre un pico de demanda. El almacenamiento ayuda a resolver una parte del problema, pero no sustituye la necesidad de modernizar las redes, mejorar los pronósticos de generación y contar con fuentes de respaldo.
En este contexto, comienzan a surgir nuevos modelos que buscan conectar directamente a los hogares con la infraestructura energética. Un ejemplo es el de las redes de paneles solares y baterías domésticas, que pueden funcionar como fuentes distribuidas de electricidad y ayudar a responder a las necesidades de la red.
México tiene una oportunidad con las energías renovables, pero también una tarea pendiente
La experiencia internacional deja una pregunta inevitable: ¿qué necesita México para aprovechar mejor sus recursos renovables durante los periodos de mayor demanda eléctrica?
El país cuenta con regiones de alto potencial solar y corredores con condiciones favorables para la generación eólica. Sin embargo, disponer de esos recursos naturales no garantiza que puedan convertirse automáticamente en electricidad disponible para hogares, industrias y negocios. La capacidad de transmisión, las conexiones entre regiones, el almacenamiento y la operación del sistema son factores igualmente importantes.
Una instalación solar puede generar grandes cantidades de electricidad durante el día, pero si la infraestructura de transmisión está saturada o no existe suficiente capacidad para trasladar esa energía hacia donde se necesita, parte de su potencial puede desaprovecharse.
Este desafío no es exclusivo de México. La Agencia Internacional de Energía estima que más de 2,500 gigavatios de proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes consumidores permanecen en espera de conexión a las redes eléctricas a escala mundial. La cifra muestra que la transición energética no depende solamente de instalar paneles solares o aerogeneradores. También requiere transformar la infraestructura que conecta la producción con el consumo.
Para México, esa discusión tiene consecuencias económicas. La disponibilidad de electricidad confiable influye en las decisiones de inversión industrial, la operación de los centros de datos, la competitividad de las empresas y la capacidad de las ciudades para adaptarse a temperaturas extremas.
Además, una red más flexible podría aprovechar mejor las tecnologías de generación distribuida, como los paneles solares instalados en viviendas y edificios comerciales. El avance de la energía solar en México también demuestra que su adopción no depende exclusivamente de la disponibilidad de sol, sino de superar barreras técnicas, regulatorias y de infraestructura.
El objetivo no debería ser únicamente producir más electricidad limpia, sino construir un sistema capaz de utilizarla de manera eficiente y segura.
El futuro de las energías renovables no depende de una sola fuente
El verano de 2026 mostró que las energías renovables pueden desempeñar un papel más importante durante los periodos de mayor presión sobre las redes eléctricas. También dejó claro que la confiabilidad energética no se consigue con una sola tecnología.
De acuerdo con las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, la participación de la energía solar y eólica en la generación eléctrica mundial podría pasar de aproximadamente 17% a 27% para 2030. Ese crecimiento hará todavía más importante la coordinación entre generación solar, eólica, hidroeléctrica, centrales convencionales, almacenamiento y sistemas inteligentes de administración de la demanda.
En otras palabras, el futuro de la electricidad no se definirá únicamente por la fuente que produzca más energía, sino por la capacidad de todas ellas para trabajar dentro de un sistema confiable. Para México, la lección es especialmente relevante. Las próximas olas de calor volverán a poner a prueba la infraestructura eléctrica, mientras la demanda seguirá evolucionando con la industria, las ciudades y las nuevas tecnologías. Las energías renovables ya demostraron que pueden ser parte de la respuesta. El siguiente reto es construir una red que les permita serlo incluso cuando las condiciones sean más difíciles.
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