[Fotos: Marina de EE. UU., Jake Roxen/ Unsplash]
Los océanos del mundo alcanzaron una vez más una temperatura récord en 2025, almacenando más calor que durante cualquier año anterior desde que comenzaron los registros modernos.
Ese calor es tan extremo que se calcula en zettajulios, una medida equivalente a un sextillón de julios. Solo en 2025, el calor del océano aumentó 23 zettajulios, o 23 trillones de julios de energía. Esa cifra es intimidante de comprender. A modo de comparación, la bomba atómica de Hiroshima explotó con una energía de unos 63 billones de julios.
Esto significa que en 2025 la cantidad de calor que absorberán los océanos equivaldrá a más de 365 millones de bombas atómicas, o, como dice el profesor de ciencias térmicas John Abraham, “a 12 bombas de Hiroshima detonadas cada segundo, cada minuto, hora y día durante todo el año”.
Dicho de otro modo, 23 zettajulios equivalen aproximadamente a 37 años de consumo mundial de energía primaria —según cifras de 2023—. Es más de 200 veces el consumo mundial total de electricidad.
El calentamiento global es en realidad el calentamiento de los océanos
La cifra sobre el calentamiento de los océanos proviene de un nuevo análisis publicado en la revista Advances in Atmospheric Sciences, realizado por más de 50 científicos de 31 instituciones de investigación globales.
Es importante prestar atención al calor del océano, ya que es un barómetro del cambio climático. El océano actúa como un disipador de calor para nuestras emisiones.
Cuando los seres humanos emitimos gases de efecto invernadero a la atmósfera, estos retienen el calor en nuestro planeta. Pero el océano absorbe la mayor parte de ese calor: más del 90%.
“Dado que la gran mayoría del calor del calentamiento global termina en los océanos, me gusta decir que el calentamiento global es en realidad calentamiento de los océanos”, afirma Abraham, quien ayudó a realizar el análisis.
La elevación de la temperatura oceánica también genera impactos climáticos, como el aumento del nivel del mar. De igual forma intensifica las olas de calor y empeora fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes.
El aumento de la temperatura oceánica también perjudica la vida marina, provocando el blanqueamiento de los corales y alterando las cadenas tróficas. A medida que los seres humanos emiten más dióxido de carbono, este CO2 también se disuelve en el océano, volviéndolo más ácido.
Una tendencia que dura décadas
El océano se ha estado calentando con más fuerza desde la década de 1990. En lo que respecta a las temperaturas de la superficie del mar —que afectan específicamente los patrones climáticos en todo el mundo, como lluvias más intensas y ciclones tropicales más fuertes—, 2025 fue el tercer año más cálido registrado.
Las temperaturas del océano han establecido un nuevo récord en cada uno de los últimos nueve años, señala Michael Mann, director del Centro de Ciencia, Sostenibilidad y Medios de Comunicación de Penn, y otro autor del análisis.
“Esto es indicativo del calentamiento constante de nuestro planeta”, afirma, “que aumentará hasta que cesen la quema de combustibles fósiles y las emisiones de carbono generadas por los seres humanos”.
El análisis de este aumento de las temperaturas oceánicas se produce poco después de que la administración Trump retirara a Estados Unidos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, un tratado histórico.
Las preocupantes políticas climáticas de Trump
“Que Trump rompa lazos con el tratado climático más antiguo del mundo es otro intento despreciable de permitir que los intereses corporativos de los combustibles fósiles dirijan nuestro gobierno”, declaró Jean Su, directora de justicia energética del Centro para la Diversidad Biológica. “Es absurdo y absolutamente letal que Trump le dé la espalda a la devastación climática que azota a Estados Unidos y al mundo”.
La administración Trump también ha recortado recientemente cientos de millones de dólares destinados a la investigación sobre energía climática, incluso para el Centro Nacional de Investigación Atmosférica y el Laboratorio Nacional de Energía Renovable —que Trump nombró en diciembre como Laboratorio Nacional de las Montañas Rocosas—.
Estos recortes harán que Estados Unidos sea aún más vulnerable a los impactos climáticos, dicen los expertos.
“La investigación es importante para ayudarnos a planificar ante el nuevo clima”, afirma Abraham. “Esta investigación nos ahorra dinero a largo plazo y también nos ayuda a prepararnos para fenómenos meteorológicos extremos como huracanes, sequías e inundaciones”.
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