[Imágenes: Meta, guteksk7/Adobe Stock]
Hace cinco años, el inversionista ángel tecnológico Chris Adamo y algunos amigos se sumaron a una tendencia en auge en el mundo de los activos digitales: utilizaron un agente inmobiliario virtual para comprar 23 parcelas en un metaverso llamado The Sandbox. No recuerda con exactitud cuánto gastaron, pero fueron alrededor de 200,000 dólares entre todos.
Cabe aclarar que los inmuebles consistían en parcelas pixeladas en “vecindarios” virtuales “modernos” y “de moda”, un activo que los entusiastas de las criptomonedas y la Web3, como Adamo, veían como el futuro de la tecnología y la inversión digital. En un momento dado, su valor se multiplicó por 10. Adamo no fue el único. En las cuatro principales plataformas de metaversos, las ventas de propiedades superaron los 500 millones de dólares (mdd) en 2021.
No fueron solo inversionistas especializados quienes apostaron por esta estrategia. Quizás el caso más conocido sea el de Mark Zuckerberg, quien apostó fuerte por el metaverso. Lo denominó “el sucesor de internet móvil”. Convencido de que 1,000 millones de personas lo usarían eventualmente, invirtió 80,000 mdd en el proyecto y, en una de las señales más evidentes de esa apuesta, renombró Facebook como Meta.
Adamo y su grupo se sumaron a esa visión. “Cuando surgieron los mundos del metaverso y los NFT, nuestro grupo de amigos quiso empezar a aprender y a experimentar en el proverbial arenero”, dice Adamo. “Como todos ya teníamos muchos NFT, para familiarizarnos con ese mundo, la propiedad de terrenos parecía la siguiente prueba de fuego lógica”.
Pero las grandes promesas a los inversionistas dieron paso a un desempeño financiero débil y a un bajo número de usuarios, y muchas empresas de metaversos han tenido dificultades en los últimos años. The Verge informó en 2023 que el metaverso de 1,000 mdd de Decentraland llegó a tener tan solo 38 usuarios activos en un día cualquiera. Animoca Brands, propietaria de The Sandbox, recortó 50% de su personal y cerró todas sus oficinas en el mundo el año pasado. Quizás lo más grave fue que Mark Zuckerberg anunció el mes pasado que Meta cerraría Horizon Worlds en junio. Todos sus empleados fueron despedidos y el presupuesto del metaverso se redujo en 30%, ya que la empresa se centró en dispositivos portátiles como sus gafas de IA y RA, que se hicieron virales.
En cuanto a Adamo, le comentó a Fast Company que el dinero que su grupo invirtió en bienes raíces en Sandbox se ha amortizado como un costo hundido, uno que ha aceptado que no generará ganancias a corto plazo. Intentaron vender y asumir la pérdida, pero “no había nadie que las comprara”, afirma. Por ahora, se aferran a ellas, en parte con la esperanza de que los activos se recuperen, y en parte, como bromea Adamo, como una especie de reliquia histórica.
“Desde el principio, sabíamos que iba a ser un fracaso total o un gran éxito si despegaba”, dice a través de un mensaje directo de Instagram. “Lamentablemente, la tecnología y su adopción fueron demasiado lentas y perdieron impulso cuando terminó la pandemia y la gente retomó sus actividades en el mundo real”.
Cómo funciona la economía inmobiliaria del metaverso
El proceso de búsqueda de vivienda en el metaverso refleja en gran medida el del mundo real. Los terrenos se pueden comprar en subasta o a precio fijo. Una vez que un comprador adquiere una parcela, paga con criptomonedas y recibe las claves como un token no fungible (NFT). Los propietarios pueden entonces construir lo que deseen: una mansión, un bungalow, incluso una réplica a escala del Epcot Center. Pueden instalarse en su Comunidad Experimental Prototipo del Mañana pixelada o, de forma más realista, intentar venderla al siguiente comprador. Surgieron empresas enteras para dar soporte a este ecosistema, incluyendo agencias inmobiliarias como Metaverse Property y diseñadores que ofrecían la decoración digital de viviendas virtuales.
Las parcelas que Adamo compró estaban en una zona codiciada de The Sandbox, cerca del popular complejo NFT Bored Ape Yacht Club y de un terreno propiedad de Adidas. Se negó a revelar la cantidad exacta que perdió su grupo, que se hacía llamar MetaCollective DAO, pero los precios dan una idea de lo que estaba en juego. En aquel entonces, las propiedades de Sandbox comenzaban en alrededor de 1 ETH, aproximadamente 3,000 dólares. Una parcela cerca de la de Adamo se vendió por aproximadamente 42 ETH, o casi 130,000 dólares, en 2022.
No se trataba de una simple inversión pasiva; Adamo y su grupo tenían grandes planes para el terreno. “Intentamos crear una universidad virtual, la primera metaversidad, pero lamentablemente nunca llegó a despegar”, comenta Adamo. Su visión era un programa completo, con cursos sobre criptomonedas, construcción de cadenas, colaboraciones, captación de fondos, comunicación y mucho más.
No eran los únicos que invertían grandes sumas en el mundo virtual. Snoop Dogg vendió una parcela en The Sandbox por 450,000 dólares. A principios de 2022, MetaMetric Solutions informó que las ventas de bienes raíces en el metaverso superaron los 85 mdd solo en enero. Matt Upham, creador de contenido en TikTok sobre IA, tecnología y programación, también compró un terreno por 15,000 dólares en 2021 y posteriormente perdió dinero con la inversión. Cinco años después, les dijo a sus seguidores que se arrepentía.
“Tenía unos 25 años y fue la decisión financiera más tonta de mi vida”, dijo en un video publicado en marzo tras el anuncio del cierre. “El concepto de metaverso está completamente acabado. Meta cierra Horizon Worlds —su metaverso— y apuesto a que los demás harán lo mismo”.
Hrish Lotlikar, CEO de la plataforma inmobiliaria virtual SuperWorld, aún ve un futuro. Su empresa vende 64,800 millones de parcelas de terreno en todo el mundo como NFT, transformando el mundo real en un mercado digital estratificado donde los usuarios pueden anunciar productos y servicios vinculados a ubicaciones específicas, algo parecido a Groupon pero basado en criptomonedas. Hoy, afirma, una parcela tiene un valor aproximado de 20 dólares, o 0.01 ETH en Base.
Lotlikar argumenta que el enfriamiento del metaverso siempre fue parte del ciclo. “Creo que la clave aquí es que este no es el fin del metaverso, sino el fin de un enfoque específico”, declara a Fast Company. “Ahora estamos viendo un cambio hacia la utilidad en el mundo real, como las gafas de realidad aumentada e inteligencia artificial de Meta, y la integración en el mundo real”.
Lotlikar cree que el problema principal del metaverso radicaba en su adopción. “Creo que Meta apostó fuerte por un mundo virtual totalmente inmersivo”, afirma. “Como un videojuego con avatares. Y eso requería un cambio de comportamiento radical. Es difícil, ¿verdad? Sobre todo después del COVID, la gente dice: ‘Quiero conocer gente en persona’”.
Considera que los dispositivos portátiles de realidad aumentada integrados, como las gafas Ray-Ban de Meta, son un puente entre el mundo físico y un futuro Web3 más extendido. En su opinión, la premisa fundamental sigue vigente: que cada centímetro del planeta puede estar a la venta diez veces, en capas económicas digitales que lo envuelven como una película protectora.
“Si pensamos en Airbnb, revelaron un secreto que quizás antes de Airbnb mucha gente no había considerado: la habitación de tu apartamento o casa podría ser una habitación de hotel”, concluye. “Antes de Airbnb, la mayoría de la gente no podía imaginarlo. La idea que introdujo Uber era que tu coche pudiera ser un taxi. Ese es el secreto que revelamos en SuperWorld: que en todo lo que ves a tu alrededor hay billones de dólares en transacciones comerciales que se realizan en ubicaciones del mundo real; en realidad, puedes convertirte en un participante en esas ubicaciones”.
Pero Lotlikar es un optimista en un mar de gente dispuesta a dejar atrás este capítulo. Muchos otros actores han decidido seguir adelante. Por ejemplo, cuando Fast Company contactó con la empresa inmobiliaria virtual Metaverse Property para obtener comentarios, el correo electrónico estaba inactivo, y todos los ejecutivos del grupo mencionados en su sitio web han cambiado de puesto en su perfil de LinkedIn.
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