[Imagen: envato]
Sátira política, líderes convertidos en mesías, videos estilo Lego y escenas apocalípticas generadas por inteligencia artificial. En la economía de la atención, los memes ya no son solo entretenimiento.
Los memes, que originalmente surgieron como una fuente de humor, crítica social o emociones cotidianas en forma de entretenimiento, se han convertido en una de las principales herramientas para moldear percepciones, reforzar narrativas y competir por cada segundo de nuestra atención.
Hoy, la batalla por la influencia no ocurre únicamente en los campos de conflicto, sino también en los algoritmos y pantallas que consumimos a diario. Nuestros cerebros son el verdadero objetivo en una economía en la que plataformas, creadores y gobiernos compiten por la atención de los usuarios. Cada meme, video o imagen viral representa una oportunidad para moldear percepciones y reforzar determinadas narrativas.
Ya en 1992, al menos una década antes de la masificación de las redes sociales, Neil Postman, el teórico estadounidense de la comunicación, advertía que la tecnología tiene el poder de alterar nuestra percepción de la realidad, incluyendo la violencia, las guerras y los conflictos.
Pero no fue solo Postman. Artistas, músicos y cineastas “profetizaban” sobre lo mismo. Lo hicieron Oliver Stone en Asesinos por naturaleza (1994); Roger Waters en Amused to Death (álbum lanzado en 1992,en clara referencia a otro libro de Postman: Amusing Ourselves to Death); U2 con su gira Zoo TV y el artista Michael Auder con su obra Gulf TV War en la que mostró públicamente un término que ha adquirido una connotación similar a la de una plaga: fake news.
La política convertida en espectáculo visual
Para 2018, un estudio encontró que los memes llegan diez veces más a las personas, en comparación con los visuales de marketing convencionales. Esto es algo que hoy más que nunca entienden aquellos que buscan nuestra atención.
En una de las publicaciones más polémicas de este año, Donald Trump se mostró como un salvador. La imagen, compartida en sus redes sociales, lo muestra con una túnica blanca y encima de ella una capa roja. En el cielo, las nubes se funden con la bandera de su país y es posible reconocer las siluetas de soldados, quizás arcángeles, que ascienden guiados por una figura con una corona. Alrededor del mesías hay civiles y militares. En el horizonte, los monumentos símbolo de la nación. Bajo la mano extendida del redentor, la cabeza de un hombre enfermo que será curado (¿o resucitado?) por el gobernante.
La imagen fue publicada en medio de la polémica, después de que el papa León XIV lo criticara por “justificar” el ataque a Irán como una misión divina.
Los riesgos de esta nueva fábrica de narrativas
Aunque la publicación de Trump generó controversia, no es la única que hemos visto con ese tono en nuestros feeds en medio de los conflictos globales recientes. Esto corresponde a un nuevo tipo de publicación cada vez más frecuente en redes sociales que muestra imágenes creadas con inteligencia artificial generativa para difundir una fuerte carga ideológica.
Fernando Gutiérrez Cortés, director de la División de Humanidades y Educación del Tecnológico de Monterrey y miembro del Consejo Directivo de la Media Ecology Association, sigue de cerca desde hace años la evolución de los contenidos y las narrativas dominantes en los ecosistemas mediáticos digitales a través del Observatorio de Medios Digitales del Tec.
En un texto reciente en el que analiza el modo en el que los contenidos que consumimos en redes sociales pueden “moldear” nuestra percepción en torno a conflictos internacionales, Gutiérrez identifica tres mecanismos dominantes de desinformación: el reciclaje de videos y fotos antiguas republicadas fuera de contexto, la circulación de contenido sintético creado por IA y el reetiquetado geográfico, mediante el cual se presenta un hecho real ocurrido en otro lugar como si hubiera sucedido en el centro geográfico del conflicto.
Memes y la larga herencia de la sátira
Los memes como el del gobernante redentor están en otra categoría. El académico explica: “Esta categoría ha sido identificada por algunos autores desde hace algunos años: es el tema de la sátira. Tiene antecedentes en los pasquines, en los panfletos de antes, y ahora se utiliza también en los canales digitales para poder difundir este tipo de información. Quien los hace, no los hace con esta intención de manipular la percepción, sino más bien de burlarse de la realidad”.
Al ser vistos bajo la luz de la sátira y la caricatura política, estos contenidos adquieren otro significado. No son solo ocurrencias. Tienen una agenda como lo tenían las imágenes creadas por el artista William Hogarth en Inglaterra en el siglo XVIII y que criticaban la hipocresía de los políticos y monarcas. O los cartones en publicaciones como El Ahuizote editadas ya en un México independiente que criticaban y entretenían al mismo tiempo, permitiendo a un periodista expresar verdades incómodas que la prensa tradicional callaba.
Como los memes. Aunque con una diferencia, antes la posibilidad de publicar una sátira política estaba limitada a unos cuantos que tenían acceso a un medio de comunicación con acceso a una audiencia. En el entorno digital actual, con herramientas de IA generativa a nuestro alcance, cualquiera puede crearlos, difundirlos e impactar a una audiencia de millones.
Gutiérrez agrega que “para bien y para mal se ha democratizado el rol que antes tenía el periodista. Hoy cualquier persona, incluyendo al político, recibe información, la toma, la reedita, la manipula y la vuelve a enviar. Hay un proceso de configuración y reconfiguración de la información sin precedentes”.
Entretenidos hasta el final
Los ejemplos abundan. Utilizando códigos de la cultura pop occidental (sobre todo de la estadounidense), cuentas iraníes se mofan de los mandatarios, sus secretarios, sus tropas y sus ocurrencias. Pero esto no sucede solo en las cuentas de los usuarios, sino también en las cuentas oficiales de consulados y diversos organismos.
Para Gutiérrez, por medio de esta práctica, lo que buscan es legitimar el discurso: “quienes crean esto le tratan de hablar a sus audiencias para legitimar sus propias narrativas, y dependiendo de la perspectiva con la que lo mires, están teniendo mucho éxito”.
En el fondo el objetivo siempre es el mismo: dominar la narrativa y legitimar sus actos, buscando cautivar a los usuarios de ambos bandos. Y en el proceso, servir como espectáculo en esa arena mediática descrita por Neil Postman hace más de 30 años.
Al final, entender cómo estos mecanismos de sátira y tecnología funcionan para moldear nuestras percepciones nos permite restarle fuerza a la manipulación, cuya principal ventaja consiste en camuflarse dentro de los lenguajes y tendencias culturales que dominan la conversación digital.
Es casi imposible no encontrarnos con este tipo de mecanismos cuando navegamos en las redes sociales, pero podemos hacerlo con una mirada crítica, siendo conscientes de que, tras cada video o meme, se libra una batalla silenciosa por lo único que realmente nos pertenece; y eso es nuestra capacidad de discernir la realidad en medio del espectáculo.
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