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Latinoamérica no tiene un problema de inteligencia artificial, tiene un problema cultural

Te contamos por qué la IA no arregla empresas desorganizadas, las amplifica para bien o para mal.

Latinoamérica no tiene un problema de inteligencia artificial, tiene un problema cultural [Imagen generada con IA]

Cada mes aparecen miles de herramientas nuevas de inteligencia artificial (IA), y cada mes la conversación pública insiste en lo mismo: qué modelo es mejor, qué aplicación resuelve qué tarea, qué tan rápido cambia todo. Eduardo Vázquez, economista, estratega e infoproductor de Hotmart, afirma que el verdadero rezago de la región no está en la tecnología. Está en la cultura organizacional que la recibe.

“La IA es un componente mucho más cultural que tecnológico”, resume Vázquez en entrevista para Fast Company México durante el Hotmart Fire Sessions 2026.

Mientras las empresas discuten qué herramienta comprar, siguen sin resolver asuntos más elementales, como quién lidera la adopción, qué procesos internos existen y quién está realmente capacitado para usarla.

En las economías desarrolladas, la adopción empresarial de IA ronda el 88%. En América Latina, apenas se mueve entre el 25% y el 35%, según cifras citadas de McKinsey. La brecha es demasiado grande para explicarla solo con presupuesto, sobre todo cuando se trata de una tecnología cuyo costo de entrada es bajísimo comparado con su capacidad.

“La inteligencia artificial es ridículamente barata y supremamente inteligente”, afirma Vázquez. “Cuando una tecnología con un costo tan bajo presenta una brecha tan grande, te das cuenta de que existe un problema cultural.” Es una observación incómoda, porque desplaza la responsabilidad del acceso (algo que se podría resolver con más inversión) hacia la manera en que las organizaciones toman decisiones. Y la consecuencia estructural es que la región todavía depende casi por completo de tecnología desarrollada afuera, sin construir autonomía propia.

Eduardo Vázquez en el Hotmart Fire Sessions 2026, Medellín [Foto: Cortesía]

Adoptar no es lo mismo que lograr que funcione

Adoptar inteligencia artificial no garantiza nada. Según Vázquez, alrededor del 95% de las iniciativas de IA en empresas no logran escalar ni generar beneficios financieros reales. No es un problema de la tecnología en sí, sino de lo que la rodea, como la resistencia interna al cambio, datos desordenados, procesos que nunca estuvieron bien definidos y sistemas que simplemente no se hablan entre sí.

A ese cuadro se suma un fenómeno cada vez más común dentro de las empresas: empleados que usan herramientas gratuitas de IA por su cuenta, sin supervisión ni lineamientos corporativos. Se conoce como Shadow AI, y el riesgo no es menor, ya que implica pérdida de control sobre información sensible, huecos de privacidad y una adopción tecnológica completamente fragmentada. “Hay un caos completo. No existe gobernanza ni estrategia en la adopción”, dice Vázquez.

La conclusión que se desprende de esto desmonta uno de los mitos más repetidos sobre la inteligencia artificial: que basta con implementarla para volverse más productivo. Vázquez lo pone en términos simples: “La inteligencia artificial amplifica lo que ya estás haciendo bien.” Dicho de otro modo, también amplifica lo que haces mal. Una empresa con procesos ineficientes o equipos desalineados no encontrará en la IA una solución mágica; encontrará esos mismos problemas, pero más rápido. Por eso su metodología no arranca con automatización, sino con diagnóstico: primero generar conciencia, luego construir capacidades, después conectar la IA con procesos de negocio reales y solo al final consolidar una estrategia de largo plazo.

Donde sí hay una ventaja real: los pequeños jugadores

Si la conversación corporativa está dominada por las grandes empresas, Vázquez apunta a otro lado cuando habla de oportunidad. Para él, quienes más tienen que ganar con la inteligencia artificial son los emprendedores y los creadores pequeños, precisamente porque la tecnología democratiza capacidades que antes exigían un equipo completo. Hoy una sola persona puede generar contenido, montar campañas de marketing, diseñar una página web, producir material educativo y estructurar un proceso de ventas sin contratar a nadie más.

“Lo que antes costaba cientos o miles de dólares hoy puede hacerlo una sola persona con ayuda de inteligencia artificial”, dice. La afirmación cobra sentido dentro de la economía del conocimiento, donde plataformas como Hotmart ya habían eliminado buena parte de las barreras para vender cursos y asesorías a nivel internacional. La IA elimina la necesidad de contratar especialistas para cada área del negocio. No es casualidad, entonces, que más del 55% de las ventas de la propia academia de Vázquez (con sede en Monterrey) provengan hoy de otros países de América Latina.

El problema no son las herramientas, es cómo se habla con ellas

Ante tantas opciones disponibles, es fácil pensar que la clave está en encontrar la aplicación correcta. Vázquez cree lo contrario: “No necesitan agentes de IA; necesitan saber comunicarse con la inteligencia artificial.” En lugar de perseguir cada plataforma nueva, propone dominar algo más transferible: escribir mejores instrucciones. Para eso diseñó un esquema al que llama RAFA (Rol, Acción, Formato y Antecedentes) como estructura mínima para cualquier instrucción que se le dé a un modelo. La calidad del resultado, insiste, depende más de la claridad de quien pregunta que del número de herramientas que use.

Ese argumento conecta con que la facilidad para generar contenido con IA también ha puesto sobre la mesa preguntas incómodas sobre autenticidad. Vázquez confía en que el mercado filtrará por sí solo lo que no tiene sustancia. “La gente no la puedes engañar”, dice, y sostiene que en la Creator Economy, las reseñas, la reputación y la experiencia son el diferenciador real. La IA puede producir información en volumen, pero no puede sustituir aquello que efectivamente vuelve valioso a un creador: su comunidad, su trayectoria, su manera de conectar con otras personas. “El común denominador de los creadores que están creciendo es la autenticidad.”

Lo que preocupa de verdad

Más allá de la productividad y los modelos de negocio, Vázquez señala tres riesgos que, según él, no se discuten lo suficiente. El primero es la deshumanización que trae consigo el contenido generado íntegramente por IA. El segundo es el impacto en el empleo (anticipa que la automatización eliminará más puestos de trabajo de los que será capaz de crear, al menos en el corto plazo). El tercero es, quizás, el más difícil de medir: la erosión gradual del pensamiento crítico.

“El cerebro es un músculo. Si no lo utilizas, se atrofia”, advierte. Cuando la inteligencia artificial escribe, resume, analiza y decide en lugar de las personas, el riesgo no es que piense mejor que nosotros, es que dejemos de ejercitar las habilidades necesarias para resolver problemas complejos por cuenta propia. Por eso, sostiene, las capacidades que más valor tendrán en la próxima década serán justamente las menos automatizables como el pensamiento crítico, comunicación, creatividad, resolución de conflictos y habilidades interpersonales.

Vázquez anticipa que la IA se convertirá en una infraestructura tan común como la electricidad: todos tendrán acceso a ella, y ese acceso dejará de ser una ventaja en sí misma. “La inteligencia artificial va a ser un commodity. Tú y yo tendremos acceso a la misma IA, pero obtendremos resultados completamente distintos.” La diferencia, entonces, ya no estará en la herramienta, sino en quien la usa, su criterio, su capacidad de hacer mejores preguntas y su habilidad para convertir conocimiento en valor real.

Author

  • José Luis Noriega

    Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.

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Sobre el autor

Latinoamericanista de la Universidad Nacional Autónoma de México, especializado en cine y literatura. Quería ser escritor y se volvió periodista y marketero. Amante de la cultura pop y la era digital. Ha trabajado dirigiendo equipos editoriales y creativos en medios mexicanos como Televisa y Milenio Diario, además de Univision para Estados Unidos. Ahora es Editor de Estrategia en Fast Company México.