[Imagen generada con IA]
Durante años, la conversación sobre inteligencia artificial (IA) giró alrededor de empresas estadounidenses con modelos entrenados en inglés y usuarios con perfil técnico.
Los datos más recientes de OpenAI Signals cuentan otra historia.
Seis meses después de abrir una cuenta, los usuarios envían 50% más mensajes diarios que en su primer mes. También duplican el número de tareas para las que usan ChatGPT (redactar, planear un viaje, aprender un idioma, resolver un problema técnico), repartidas en 53 categorías distintas.
Este dato marca el paso de una herramienta que se prueba a una que se integra a la rutina de trabajo, y a la manera de aprender y de resolver problemas cotidianos. Ahí es donde probablemente se libre la próxima disputa entre los grandes laboratorios de IA, no tanto en quién entrena el modelo más potente, sino en quién logra volverse indispensable en el día a día de las personas.
El crecimiento ya no viene de donde se esperaba
Desde julio de 2023, ChatGPT ha crecido en todos los continentes. Pero el ritmo más rápido no está en Silicon Valley ni en Europa, sino en África y Asia, con América del Sur como una región que ya supera tanto a Europa como a Norteamérica.
El patrón se repite si se mira por nivel de desarrollo: los países con menor Índice de Desarrollo Humano son los que más suman usuarios activos, empujados en buena medida por los planes gratuitos y de bajo costo.
Durante la era de las telecomunicaciones y del software empresarial, la innovación solía nacer en unas cuantas economías avanzadas y tardaba años en llegar al resto. Con ChatGPT, la adopción masiva ya ocurre casi al mismo tiempo en todas partes.
El español ya es protagonista
América Latina concentra 18 de los 20 países hispanohablantes del mundo, más Brasil, el mercado de habla portuguesa más grande del planeta. El resultado: el español es hoy el idioma no inglés más usado en ChatGPT, seguido de portugués y árabe. Más de la mitad de los usuarios activos ya interactúan principalmente en un idioma distinto al inglés.
Durante años, diseñar un producto tecnológico significaba pensar primero en inglés y adaptar después. Ese orden se ya se invierte. Para startups y desarrolladores latinoamericanos, hay una ventana ahí: construir para un mercado donde el español no es la traducción, es el idioma base.
Quién manda los mensajes
Otro dato del reporte es que el volumen de mensajes enviados por cuentas con nombres típicamente femeninos ya supera al de cuentas con nombres típicamente masculinos, a nivel global. Brasil, Colombia, Polonia y Namibia encabezan esa brecha. (OpenAI aclara que se trata de una estimación por patrones de nombres, no de datos de género declarados).
ChatGPT empieza a comportarse menos como una herramienta de nicho y más como el celular o internet: algo cuyo valor depende de qué tan ampliamente se use, no de quién lo use.
Los resultados de OpenAI, leídos juntos, dibujan una infraestructura digital que dejó de pertenecer a los primeros adoptantes técnicos y ahora corre en decenas de idiomas y contextos económicos distintos.
Para América Latina el momento importa, porque significa que la región es desde donde se empieza a definir hacia dónde se dirige la nueva ola de innovación.
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