[Foto: CC Vending II]
Los quioscos de periódicos vacíos del metro de Nueva York están encontrando una segunda vida: máquinas expendedoras abiertas 24/7, instalaciones de arte y nuevos espacios que buscan hacer más agradable el viaje diario. Para la mayoría de los usuarios del metro de la ciudad de Nueva York, especialmente en los años transcurridos desde la pandemia de COVID-19, los quioscos de periódicos subterráneos a menudo no son más que una reliquia del pasado convertida en un lugar privilegiado para grafitis y pegatinas de marcas. Las tiendas del metro, que alguna vez fueron un elemento esencial de la experiencia de los viajeros, comenzaron a desaparecer gradualmente con el declive de la prensa escrita. El golpe de gracia fue la disminución del número de pasajeros durante la pandemia. En 2024, solo unas 52 de las 195 tiendas del metro, que incluyen quioscos de prensa, permanecían abiertas.
Sin embargo, sigue siendo un espacio valioso. Poco a poco, estos rincones y quioscos a lo largo del sistema de metro de la ciudad han comenzado a abrir sus puertas a los transeúntes una vez más, algunos como puntos de encuentro para músicos y otros como lienzos para el arte. Es una forma de reinventar una de las infraestructuras urbanas más reconocibles de Nueva York y convertirla en algo más útil o agradable para los habitantes de la ciudad, una lógica que también aparece en otros proyectos que buscan repensar el diseño de los espacios urbanos.
Pero los pasajeros siguen necesitando, de vez en cuando, una botella de agua en un caluroso día de verano o un paquete de chicles antes de una cita, lo que abre la puerta a las últimas incorporaciones del metro: las máquinas expendedoras.

Repensando el quiosco de periódicos
Las máquinas expendedoras automáticas están llegando a las estaciones de metro. Se espera que proporcionen a los neoyorquinos los artículos de conveniencia que necesitan a través de un modelo de negocio más sostenible que los quioscos de periódicos tradicionales.
El proyecto de CC Vending II, una empresa conjunta de CC Vending y Transit Tech NYC, en colaboración con la MTA y Coca-Cola, ya está presente en tres estaciones: Second Avenue-East Houston, 23rd Street-Broadway y 116th Street-Lexington Avenue. Venden bebidas, aperitivos e incluso batidos de proteínas. El programa contempla 60 máquinas automatizadas distribuidas en 26 estaciones de Manhattan, Brooklyn y Queens durante su expansión.
“He usado este sistema toda mi vida, y durante años pasé por delante de los mismos quioscos cerrados. Puertas derribadas, ubicados en plataformas donde decenas de miles de personas se paran todos los días”, dice Marc Saadia, presidente de CC Vending II, a Fast Company.
Las grandes máquinas ocupan todo un local, cada una decorada con la imagen de marca de Coca-Cola, y están pegadas a la pared. No hay que agitarlas ni inclinarlas para intentar conseguir algo gratis. Aparte de no aceptar efectivo, funcionan como una máquina expendedora normal: se introduce el código del producto, se paga y se recoge el artículo.
El método de pago sin contacto no solo aumenta la eficiencia para los viajeros con prisa, sino que también permite que la máquina funcione las 24 horas del día, los siete días de la semana, a diferencia de los quioscos de periódicos operados por personas. La expansión de los pagos sin contacto también está cambiando la forma en la que consumidores y comercios entienden las transacciones rápidas en espacios físicos.
“Más de un tercio de nuestras ventas se producen entre las 19:00 y las 6:00; se trata de trabajadores nocturnos, personas que regresan tarde a casa y pasajeros sin otra opción”, explica Saadia. “Todo es instantáneo y tarda menos de 10 segundos, porque quien espera un tren no está dispuesto a esperar. Está disponible cuando nada más lo está”.
El personal reabastece las máquinas cada pocos días para satisfacer la demanda. Un sistema de diagnóstico automatizado ayuda a mantenerlas funcionando correctamente y alerta a los operadores cuando necesitan reparación.
CC Vending contactó por primera vez con la MTA con esta idea en 2019, pero la pandemia ralentizó el proyecto.
“La convocatoria de propuestas se reabrió, se cerró y se volvió a abrir en 2022 y 2023. No estoy seguro de que muchos otros hubieran perseverado, pero aquí estamos, con las máquinas en funcionamiento todos estos años después”, dice Saadia.
Las máquinas expendedoras ya están generando interés entre los usuarios del transporte público. En su primer día, la estación de la calle 23 agotó rápidamente sus productos. CC Vending afirma que, en el futuro, podría ampliar su gama de artículos con productos electrónicos o de salud y belleza, similares a los que ofrecen las máquinas expendedoras de los aeropuertos.

Una máquina que puede resistir Nueva York
Diseñar una máquina expendedora capaz de soportar el intenso flujo de pasajeros del metro fue todo un reto. Además, las unidades debían cumplir con los estrictos requisitos de seguridad de la MTA.
“Nada de esto es estándar. Cada estructura fue diseñada y construida específicamente para las difíciles condiciones subterráneas”, dice Saadia. “El equipo de bienes raíces de la MTA ha sido excepcional. Rigurosos, minuciosos y genuinamente comprometidos con que esto sea lo mejor para los usuarios”.
El equipo de CC Vending tuvo que recurrir a carcasas metálicas de grado industrial para las máquinas, protegiéndolas de las condiciones del entorno subterráneo y disuadiendo a los vándalos de dañarlas. Hasta el 21 de agosto, no se había registrado ningún acto de vandalismo contra las máquinas.
Además de la durabilidad, las máquinas debían proteger algo más: el tiempo de los clientes. Las transacciones sin efectivo permiten realizar compras en tan solo siete segundos.

La transformación recuerda a otros proyectos recientes en Nueva York donde elementos tradicionalmente utilitarios de la ciudad están siendo rediseñados. Los andamios de construcción de Nueva York, por ejemplo, también están atravesando un proceso de renovación para mejorar la experiencia de quienes recorren diariamente el espacio público.
Una ciudad más habitable
Además de vender refrescos, las máquinas expendedoras forman parte de una iniciativa más amplia para hacer que la ciudad sea más acogedora para sus residentes.
Un importante impulsor de esta tendencia ha sido el Proyecto de Activación de Unidades Vacías de la MTA, que ha permitido a varios artistas apropiarse temporalmente de espacios abandonados y transformarlos en plataformas artísticas.

El puesto de Rex’s Dino Store en la estación Grand Army Plaza parodia un quiosco de periódicos real. Un dinosaurio de papel maché de alrededor de 2.13 metros de altura llamado Rex se encuentra detrás del mostrador, rodeado de ejemplares impresos de Dinopolitan Magazine y aperitivos ficticios como los “Dinoritos”. En realidad, no hay nada a la venta: la instalación está cerrada con cristal.
La propuesta forma parte del programa de la MTA para transformar antiguos espacios comerciales vacíos en proyectos artísticos y culturales.
En The Soundbooth, en la estación 81st Street-Museum of Natural History, los músicos pueden tocar dentro de un antiguo local comercial para los viajeros que esperan sus trenes.
En una de las estaciones más transitadas de la ciudad, West 4th Street, un contrato de arrendamiento de un año permitió que la revista gratuita Public Transport Magazine se hiciera cargo de un antiguo quiosco.
La estructura está decorada con un mural de dibujos animados con temática de transporte público. El espacio también contempla activaciones, objetos gratuitos, fotografía y otros proyectos pensados para quienes utilizan diariamente el metro. La iniciativa forma parte del mismo esfuerzo por dar una nueva función a los antiguos quioscos del sistema.
Este tipo de intervenciones conecta con una idea cada vez más presente en el diseño: la infraestructura no tiene que limitarse a resolver una función práctica. También puede convertirse en un punto de encuentro, algo que proyectos de diseño que salen a la calle y dialogan con la ciudad han empezado a explorar en otros contextos urbanos.
En lo que respecta a las máquinas expendedoras, el proyecto responde también a la diversidad de horarios de la ciudad. Desde artistas hasta ejecutivos del sector financiero y trabajadores nocturnos, prácticamente cualquiera necesitará usar el metro en algún momento y a cualquier hora del día.
El sistema de transporte de Nueva York mueve más de mil millones de viajes al año y opera las 24 horas del día, convirtiendo estos pequeños espacios vacíos en puntos con un enorme flujo potencial de usuarios.
“El metro registra más de mil millones de viajes al año, y esos espacios vacíos me parecieron una gran oportunidad. Una oportunidad para servir al neoyorquino común en su trayecto diario”, dice Saadia. “Puede parecer algo insignificante, pero son estos pequeños detalles los que marcan la diferencia en cómo funciona el sistema y cómo se percibe el viaje”.
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