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Greenway Institute apuesta por una universidad más barata y práctica: sin gimnasios, deportes ni comedores, pero con dos años de experiencia laboral remunerada. Podría decirse que los momentos más memorables de la universidad no tienen nada que ver con la educación. Participar en clubes, animar a tu equipo en los eventos deportivos y hacer amigos mientras comes en el comedor son algunos de los recuerdos más entrañables para los exalumnos. Sin duda, suelen superar las horas pasadas dentro de las aulas. Pero esas anécdotas no se sostienen ante una simple verdad: la educación superior en Estados Unidos está en crisis.
El aumento de las matrículas deja a muchos estudiantes con deudas abrumadoras tras graduarse. De hecho, la deuda promedio de préstamos estudiantiles federales alcanzó los 40,467 dólares por prestatario en 2026. El costo también está cambiando la relación de la Generación Z con la educación y el desarrollo profesional. Al mismo tiempo, 152 universidades y centros de educación superior en Estados Unidos han cerrado o se han fusionado desde 2016. En este contexto aparece Greenway Institute, un nuevo tipo de universidad que busca eliminar los aspectos superfluos de la educación superior. Esto significa que no habrá actividades extracurriculares, restaurantes en el campus ni servicios como gimnasios. Simplificar la experiencia universitaria también implica reducir el costo para los estudiantes. Según el equipo de Greenway, la compensación vale la pena.
Cómo funciona Greenway
Greenway planea abrir su primer campus en Montpelier, Vermont, en otoño de 2027. La escuela se centrará en una sola materia: ingeniería. Además, priorizará que los estudiantes adquieran experiencia práctica en lugar de impartir clases y conferencias convencionales. La propuesta se conecta con una discusión más amplia sobre cómo preparar a los jóvenes para su primer empleo y el mundo profesional.
Rebecca Holcombe, una de las cofundadoras de Greenway y exsecretaria de Educación de Vermont, explica a Fast Company por correo electrónico por qué ella y su equipo creen que la educación superior necesita una renovación. “La universidad funciona bien para algunas personas. ¡Enhorabuena!”, escribió. “Pero para otras, la verdad es que no funciona. Estamos creando un nuevo tipo de universidad, organizada en torno a lo que más importa a los jóvenes con los que hablamos: apoyo y mentoría de personas con amplia experiencia, una comunidad unida, oportunidades para arriesgarse y volver a intentarlo, aprendizaje integrado en el trabajo y un diseño ágil que nos permite ofrecer una atención personalizada sin incurrir en grandes costos”.
Tras dos años de residencia y aprendizaje en el campus, los estudiantes de Greenway pasarán dos años trabajando en entornos laborales reales. Durante ese tiempo, seguirán recibiendo apoyo del profesorado. A lo largo de los cuatro años de estudio, los alumnos serán responsables de su propio sustento y de buscar sus propias actividades fuera del campus.
Una universidad de 25,000 dólares al año
El modelo simplificado de Greenway permitiría cobrar a los estudiantes menos de 25,000 dólares por año. Es una reducción significativa frente al costo anual promedio de la universidad en Estados Unidos, que alcanza los 38,270 dólares por estudiante. Además, Greenway contempla una manera para que los estudiantes recuperen el dinero que gastan en la matrícula. En su tercer y cuarto año, realizarán trabajos de tiempo completo. Según las proyecciones de la institución, podrían ganar alrededor de 100,000 dólares durante esos dos años de aprendizaje remunerado. Eso equivale aproximadamente a 50,000 dólares anuales y podría permitirles graduarse con poca o ninguna deuda estudiantil.
“Todos conocemos a personas que trabajaron a tiempo completo mientras intentaban estudiar a tiempo completo en la universidad. Eso es terrible”, escribió Holcombe. “Estamos trabajando arduamente para simplificar el programa y centrarnos en lo esencial, de modo que los estudiantes obtengan el máximo provecho de cada dólar que invierten. El hecho de que puedan recibir un salario mientras estudian durante dos años significa que no se quedarán atrás ni tendrán que trabajar sin descanso solo para subsistir mientras estudian”.
“Nuestro objetivo es que puedan trabajar duro, aprender mucho y, al mismo tiempo, gozar de buena salud y cultivar relaciones humanas”, añadió.El enfoque también pone sobre la mesa una discusión que afecta especialmente a las carreras STEM: cómo conectar la formación académica con las habilidades que realmente necesitarán los estudiantes en el mercado laboral.
El experimento de Greenway en acción
Para comprobar la eficacia de su modelo con estudiantes reales, Greenway reclutó a cuatro alumnos de segundo año de otras universidades. Los jóvenes participaron en un semestre piloto durante la primavera de 2025. Durante su estancia en Greenway, realizaron proyectos como la construcción de turbinas eólicas y semáforos alimentados por energía solar. En lugar de limitarse a escuchar clases tradicionales, pusieron en práctica conocimientos de ingeniería en proyectos concretos. Los estudiantes participantes recordaron recientemente su experiencia en Greenway en una entrevista difundida por NPR. Uno comentó que Greenway “va directo al grano” al prescindir de servicios no académicos. Otro afirmó que la ausencia de instalaciones como gimnasios o eventos deportivos “realmente no nos importaba”.
Annick Dewald, miembro fundadora del profesorado de Greenway, explica a Fast Company por correo electrónico que la ausencia de comedor y actividades extracurriculares tuvo un efecto inesperado. En realidad, ayudó a los estudiantes del programa piloto a estrechar lazos. Preparaban sus comidas juntos, hacían viajes semanales al supermercado y organizaban sus propias actividades. “Los estudiantes, y nosotros, el profesorado, sentimos un inmenso orgullo por su capacidad para trabajar en equipo y cuidarse mutuamente”, escribe Dewald. “También reconocieron que desarrollaron habilidades que les serán importantes en el futuro, como la gestión del tiempo, la elaboración de presupuestos y la planificación de comidas”.
Por otra parte, Holcombe señala que los estudiantes encontraron distintas maneras de involucrarse con la comunidad local de Montpelier. Las actividades iban desde esquiar hasta asistir a espectáculos gratuitos en la capital del estado. Incluso se ofrecieron como voluntarios para ayudar en las labores de socorro tras las inundaciones. “Estaban orgullosos de lucir sus camisetas de Greenway y de ser vistos como una parte positiva de la comunidad. Nos demostraron que el mayor límite es su imaginación”, escribe. “Afortunadamente, hay muchas maneras de construir comunidad más allá de sentarse alrededor de una mesa en la cafetería; de lo contrario, ¡no tendríamos suerte en cuanto termináramos la universidad!”.
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