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Por qué postergas las cosas que realmente quieres hacer

No existe una única estrategia que todos deban utilizar siempre para superar la procrastinación.

Por qué postergas las cosas que realmente quieres hacer [Foto de origen: Adobe Stock]

La procrastinación no siempre significa falta de interés o mala gestión del tiempo. A veces ocurre precisamente con las cosas que más nos importan. Entender qué hay detrás de ese impulso de posponer puede ser el primer paso para dejar de hacerlo. A continuación, el Dr. Itamar Shatz comparte cinco ideas clave de su nuevo libro, Cómo resolver la procrastinación: La ciencia de por qué posponemos las cosas y cómo (¡finalmente!) dejar de hacerlo.

Itamar es docente afiliado en la Universidad de Cambridge. Ayuda a las personas a comprender por qué procrastinan y cómo dejar de hacerlo, utilizando un sistema práctico que desarrolló a partir de más de 500 estudios científicos.

¿Cuál es la gran idea?

La procrastinación no es un fallo en la gestión del tiempo ni una señal de indiferencia. Es una lucha psicológica entre lo que pretendemos hacer y lo que nos resulta más fácil o mejor en este momento. Para dejar de procrastinar, necesitamos comprender qué impulsa nuestro patrón de postergación y utilizar estrategias que aborden la causa real, en lugar de confiar únicamente en la fuerza de voluntad.

1. A los procrastinadores les importa más, no menos

La procrastinación implica una brecha entre la intención y la acción: entre las cosas beneficiosas que pretendemos hacer y las cosas problemáticas que realmente hacemos. Probablemente lo hayas experimentado tú mismo si alguna vez hubo algo que realmente querías y tenías la intención de hacer, pero te encontraste posponiéndolo una y otra vez, diciéndote cada vez que lo harías “mañana”, “pronto” o “en solo cinco minutos”, incluso si en el fondo querías sacudirte y gritar: “¡HAZLO YA!”.

El problema habitual en casos como estos no es que no te importen las cosas que deberías estar haciendo, sino que puedes experimentar un perfeccionismo paralizante precisamente porque te importan demasiado. Por eso, la procrastinación no solo es un problema con las tareas desagradables, como muchos creen, sino también con actividades que realmente nos entusiasman. Y por eso procrastinamos no solo con cosas sin importancia, sino también con actividades que pueden tener graves consecuencias. Para evitar este obstáculo, es importante sustituir el perfeccionismo por una mentalidad de “suficientemente bueno”, que en realidad puede ser bastante buena. Luego, recuerda que el número correcto de errores en tu trabajo no es cero y concéntrate en tus propios estándares, en lugar de los establecidos por otros.

2. Procrastinamos para buscar el placer inmediato y evitar el dolor inmediato

La idea errónea de que la procrastinación se reduce a la gestión del tiempo o la motivación nos lleva a intentar solucionarla con las herramientas equivocadas, lo que prácticamente garantiza nuestro fracaso. La mala gestión del tiempo suele ser un síntoma de la procrastinación, no su causa. Podemos tener excelentes habilidades para gestionar el tiempo y aun así procrastinar porque no abordamos la verdadera causa. Por mucha planificación que hagamos o por muchas aplicaciones de gestión del tiempo que usemos, ni siquiera el horario más meticuloso funcionará si no somos capaces de seguirlo cuando llega el momento decisivo.

Si queremos dejar de procrastinar, necesitamos retomar el control de nuestra mente y encontrar maneras de fortalecer nuestra motivación para actuar o debilitar nuestra tendencia a posponer las cosas. Afortunadamente, existen varias técnicas que pueden ayudar, como dejar de lado las grandes metas y centrarse en otras más alcanzables, tomar descansos adicionales cuando los necesitemos y aprovechar nuestros ritmos de productividad.

3. Nuestro cerebro es muy bueno engañándonos para que pensemos que la próxima vez será diferente

El mayor problema es la falacia del autocontrol: nuestra creencia errónea de que, con solo esforzarnos más, lograremos hacer lo que necesitamos gracias a nuestra fuerza de voluntad, aunque este mismo enfoque nos haya fallado muchas veces. Es una idea tentadora porque ofrece una solución clara y sencilla que parece creíble, hasta que llega el momento de actuar. Este enfoque rara vez nos ayuda a ganar nuestra lucha interna.

Para desenmascarar este truco, aplica la regla de la realidad: pregúntate qué es probable que hagas en realidad, basándote en tus experiencias previas en situaciones similares, en lugar de pensar únicamente en cómo te gustaría actuar. De esta forma, podrás adaptarte y encontrar soluciones nuevas que realmente te ayuden, en vez de repetir los mismos errores y obtener los mismos resultados.

4. La procrastinación es más variada de lo que la gente piensa

No existe una única estrategia que todos deban usar para superar la procrastinación. Un estudiante universitario que procrastina por distracciones debería usar estrategias diferentes a las de un artista que procrastina por perfeccionismo, al igual que un ejecutivo que procrastina por agotamiento.

Para superar la procrastinación, es importante descubrir por qué procrastinas. A menudo tendrás que indagar en varias capas antes de llegar a las razones en las que debes centrarte. Por ejemplo, puede parecer que te distraes constantemente con las redes sociales, cuando en realidad estás bloqueado porque tienes poca confianza en ti mismo.

Para comprender mejor tu tendencia a procrastinar, puedes analizar cuándo, dónde y cómo lo haces, y cuál es la diferencia entre las ocasiones en que procrastinas y aquellas en las que actúas. También puedes considerar los diferentes arquetipos de procrastinadores, como el Preocupado, el Indeciso y el Rebelde, y ver con cuáles te identificas más. Esto puede ser útil tanto para descubrir por qué procrastinas como para encontrar las mejores maneras de superarlo.

5. La procrastinación puede ser cada vez más común, pero tiene raíces antiguas

Para superar la procrastinación, debemos abordar riesgos modernos, como el creciente bombardeo de distracciones digitales, el aumento del trabajo no estructurado y los problemas relacionados con la ansiedad. De hecho, investigaciones recientes han encontrado una relación entre las distracciones del smartphone, la procrastinación y la ansiedad, aunque sus efectos y causas pueden variar entre personas.

Pero, aunque resulte tentador pensar que la procrastinación es un problema puramente moderno, la gente ha luchado contra ella a lo largo de la historia. Existen incluso advertencias de hace casi tres mil años que dicen: “Quien posterga el trabajo siempre está al borde de la ruina”. El problema radica en que la procrastinación está profundamente arraigada en nuestra psicología, específicamente en respuestas impulsivas que favorecen aquello que nos hace sentir mejor en el presente.

Afortunadamente, podemos aprender a controlar esta respuesta empatizando con nuestro yo futuro para que nos importe más lo que nos sucederá después.

También podemos analizar con claridad nuestros miedos, los reales que impulsan nuestro comportamiento, no solo los superficiales, preguntándonos cuáles son, qué probabilidades hay de que ocurran y cómo podemos superarlos con éxito si llegan a suceder.

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