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El verdadero reto de los conciertos empieza cuando se apagan las luces

OCESA busca llevar la sostenibilidad y la inclusión más allá de las acciones visibles en conciertos y festivales. Su estrategia pone el foco en residuos, agua, accesibilidad y operación para convertir estas prácticas en parte estructural del entretenimiento en vivo en México.

El verdadero reto de los conciertos empieza cuando se apagan las luces [Fotos por: Ocesa / Imagen por: FCMX]

OCESA reporta avances en residuos, agua y accesibilidad en sus eventos. Pero el desafío más interesante va más allá de reciclar vasos: convertir la sostenibilidad y la inclusión en parte del diseño operativo de una industria que mueve a millones de personas.

La sostenibilidad en conciertos empieza mucho antes de que el público entre al recinto y continúa cuando la última canción termina. Un concierto dura unas horas. Su impacto, bastante más. Antes de que se enciendan las luces hay camiones, estructuras, alimentos, energía, agua, proveedores y miles de desplazamientos. Después del último encore quedan residuos, materiales por desmontar y una infraestructura que debe volver a ponerse en marcha para el siguiente espectáculo.

Esa maquinaria invisible es uno de los grandes retos ambientales del entretenimiento en vivo. De acuerdo con A Greener Future, la movilidad de las audiencias puede representar entre 35% y 94% de la huella de carbono de un festival, dependiendo de su ubicación, naturaleza y escala. En los eventos analizados por la organización, la generación promedio de residuos alcanzó 0.8 kilos por persona al día.

En México, OCESA intenta convertir esa discusión en una cuestión operativa. Su Informe de Sostenibilidad 2026 reúne las acciones que la promotora ha puesto en marcha en materia ambiental, social, de gobernanza y desarrollo de colaboradores en una operación que supera los 800 espectáculos promovidos, 13 millones de asistentes y una cadena de más de 1,600 proveedores.

El dato es importante no solamente por el tamaño de la compañía. También permite observar algo más amplio: qué ocurre cuando la sostenibilidad en conciertos deja de ser una activación aislada y comienza a formar parte de la infraestructura permanente del entretenimiento en vivo.

La sostenibilidad en conciertos también se diseña detrás del escenario

Durante años, buena parte de la conversación alrededor de los conciertos sustentables se concentró en acciones fácilmente visibles: menos plásticos, vasos reutilizables o estaciones para separar residuos. Todo eso importa. Pero es apenas una parte del problema.

Un análisis de A Greener Future sobre la huella de carbono de los festivales encontró que, al considerar una parte más amplia de las emisiones de alcance 3, los viajes de la audiencia representan en promedio 41% de la huella de un festival. Si se agregan los traslados de artistas, producción y proveedores, la movilidad alcanza cerca de 57%. Los alimentos y bebidas representan alrededor de otra tercera parte. El estudio calcula además emisiones promedio de 11 kilos de CO₂e por persona al día. Eso obliga a mirar más allá del bote de basura.

OCESA reporta que, entre julio de 2025 y julio de 2026, recicló más de 100 toneladas de residuos y evitó el uso de 1.4 millones de vasos desechables. También ha incorporado compostaje de residuos orgánicos, reducción de plásticos de un solo uso y alternativas de transporte como Ticket2Ride.

Son medidas que ya comenzaron a aparecer en algunos festivales organizados en México, donde la reducción de plásticos, la separación de residuos, el uso de agua tratada y las alternativas de movilidad empiezan a integrarse en la propia operación. El reto para la sostenibilidad en conciertos ahora es otro: que esas decisiones dejen de ser excepciones y se conviertan en estándares.

El agua también forma parte de un concierto sostenible

La infraestructura de los recintos es quizá la parte menos visible del espectáculo y, al mismo tiempo, una de las que puede generar cambios más duraderos. Centro Banamex, por ejemplo, cuenta con una planta de tratamiento que permite reutilizar hasta 80% del agua utilizada en el recinto para el riego del Complejo de las Américas. El Palacio de los Deportes y el Autódromo Hermanos Rodríguez también utilizan agua recuperada y tratada para riego y mantenimiento, de acuerdo con el informe de OCESA.

En el Estadio GNP Seguros, la cubierta incorpora un sistema de captación pluvial de 13,800 metros cuadrados formado por 56 captadores que alimentan una cisterna con capacidad para 400,000 litros. Durante 2026, esa infraestructura permitió reutilizar alrededor de 860,000 litros de agua para servicios sanitarios. El recinto también reportó la gestión de cerca de 2,000 toneladas de residuos, de las cuales más de 180 toneladas fueron recicladas o valorizadas.

Aquí aparece una diferencia importante: instalar infraestructura permanente puede tener un efecto distinto al de una campaña que existe durante un solo fin de semana. La sostenibilidad empieza entonces a convertirse en una capacidad del recinto, no únicamente en un mensaje para la audiencia.

Sostenibilidad e inclusión: un concierto accesible no debería ser la excepción

La transformación del entretenimiento en vivo tampoco es exclusivamente ambiental. Entre julio de 2025 y julio de 2026, OCESA señala que más de 37,600 personas fueron beneficiadas mediante iniciativas sociales relacionadas con sus eventos. Dentro de ellas se encuentran programas como Anfitrión Incluyente, adecuaciones de accesibilidad en recintos, Puntos Violeta y espacios de bienestar.

La compañía también reporta que 760 personas sordas participaron en experiencias musicales inclusivas. Uno de los proyectos recientes es una zona para personas sordas o con discapacidad auditiva en el Estadio GNP Seguros, diseñada para incorporar chalecos sensoriales e interpretación en Lengua de Señas Mexicana.

La diferencia entre accesibilidad e inclusión puede parecer semántica, pero cambia por completo cómo se diseña una experiencia. La primera puede significar adaptar un evento que ya existe. La segunda obliga a preguntarse desde el inicio quién podría quedar fuera.

Es una conversación que también está ocurriendo en otros sectores. El desarrollo de tecnología para personas sordas, desde reconocimiento automático de lengua de señas hasta interfaces accesibles, muestra cómo el diseño inclusivo comienza a pasar de función adicional a criterio de producto. En la sostenibilidad en conciertos, la inclusión también debería considerarse parte de la infraestructura y no una función adicional.

Los festivales pueden convertirse en laboratorios de sostenibilidad

Hay una razón por la que los festivales resultan particularmente interesantes para probar estas ideas: condensan, durante unos cuantos días, muchos de los problemas de una pequeña ciudad. Hay movilidad, energía, alimentación, agua, residuos, infraestructura temporal, seguridad, comercio, publicidad y decenas de miles de personas circulando al mismo tiempo.

Ese nivel de complejidad convierte a los festivales en laboratorios útiles para experimentar. También convierte a las marcas y patrocinadores en parte del problema, y potencialmente de la solución. Las activaciones dentro de festivales se han convertido en una parte considerable de la experiencia, lo que significa que la discusión sobre materiales, residuos y construcción temporal ya no puede recaer únicamente en el promotor.

OCESA afirma que ya trabaja con proveedores, patrocinadores y agencias en capacitaciones sobre materiales compostables y prácticas sostenibles, además de asesorías para desarrollar activaciones con menor impacto. El siguiente paso será comprobar cuánto de ese aprendizaje logra convertirse en requisitos compartidos. Porque una industria difícilmente puede volverse circular si cada participante optimiza únicamente su propia esquina del evento.

La sostenibilidad en conciertos necesita mejores métricas

OCESA plantea entre sus siguientes pasos fortalecer la medición de su huella ambiental, profundizar las estrategias de economía circular y eficiencia, ampliar la accesibilidad y establecer estándares ambientales con proveedores y aliados. Probablemente ahí se encuentra la parte más importante de su siguiente etapa.

Reciclar 100 toneladas dice algo. Saber qué porcentaje representan del total generado dice mucho más. Evitar 1.4 millones de vasos es una cifra considerable; conocer su impacto frente al consumo total permitiría entender mejor el avance. Lo mismo ocurre con energía, emisiones, movilidad y agua.

La propia investigación internacional sobre festivales advierte que medir únicamente lo más visible puede producir una fotografía incompleta. Residuos, agua y tratamiento de aguas residuales representan alrededor de 5% de la huella de carbono promedio en el análisis ampliado de A Greener Future, aunque generan otros impactos ambientales importantes. Mientras tanto, transporte, alimentos y cadena de suministro concentran buena parte de las emisiones.

En otras palabras, el gran salto para la sostenibilidad en conciertos no será solamente hacer más iniciativas verdes. Será medir suficientemente bien para distinguir cuáles realmente cambian el sistema. “La sostenibilidad no es un destino ni una suma de acciones aisladas; es una forma de tomar decisiones y de entender el papel que tenemos dentro de una industria que toca la vida de millones de personas”, señaló Federico Alamán, director de alianzas estratégicas en OCESA.

Esa idea funciona también como prueba para lo que viene. Si agua, energía, movilidad, residuos y accesibilidad empiezan a considerarse desde el momento en que se diseña un espectáculo, y no cuando llega el momento de comunicarlo, el resultado podría ser más profundo que un concierto “verde”.

Podría cambiar la manera en que se produce entretenimiento masivo en México. Porque el espectáculo del futuro no se decidirá solamente por lo que sucede sobre el escenario. También por todo lo que logra dejar de desperdiciar, contaminar o excluir cuando las luces se apagan.

Author

  • Frida Quiñones

    Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.

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Sobre el autor

Content creator and digital communications specialist. She holds a degree in International Relations and is currently pursuing a Master’s in Digital Communication and Hypermedia. Her work explores the intersections of technology, digital culture, innovation, marketing, and emerging trends, with a particular interest in how new forms of communication are reshaping the way we live, work, and connect.