[Foto por: Fashion Digital Talks]
Fashion Digital Talks 2026 reunió en Ciudad de México a líderes de moda, retail y comercio electrónico. Más allá de las tendencias, una idea atravesó las conversaciones: el e-commerce ya no puede operar separado de inventarios, tiendas, logística, datos ni experiencia de cliente.
Durante años, hablar de transformación digital en moda significó abrir una tienda en línea, invertir en redes sociales y aprender a leer métricas. En 2026, ese manual ya resulta insuficiente.
La novena edición de Fashion Digital Talks, realizada el 7 y 8 de octubre en Ciudad de México bajo el concepto Moda sin fronteras, puso sobre la mesa una discusión distinta: qué pasa cuando el canal digital deja de ser un departamento y comienza a tocar prácticamente todos los puntos de una compañía.
El encuentro de moda y comercio electrónico se realizó en el Club France, con un formato híbrido que combinó conferencias, talleres y mesas de diálogo. Su agenda incluyó comercio transfronterizo, datos de primera mano, inteligencia artificial, creatividad, experiencia de compra y operación.
El contexto ayuda a entender por qué importa. Según el Estudio de Venta Online 2026 de la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), el comercio electrónico minorista en México alcanzó un valor de $941,000 millones de pesos durante 2025, un crecimiento de 19.2% respecto al año anterior. El canal digital ya representa 17.7% de las ventas minoristas del país.
Ese crecimiento cambia la pregunta para la industria. Ya no se trata únicamente de conseguir que más personas compren ropa por internet. Se trata de lograr que toda la organización pueda responder cuando lo hacen.
El e-commerce dejó de ser una isla
Una de las conversaciones de Fashion Digital Talks reunió a Norma García, LATAM E-Business Sr. Manager de Ferragamo, y Enrique Girón, Business Development Director de Ecommerce de Infracommerce, alrededor del showrooming, el webrooming y, sobre todo, de cómo conectar los distintos momentos de una compra. El showrooming ocurre cuando una persona visita una tienda física para conocer un producto y después lo compra en línea. El webrooming describe el recorrido contrario: investigar digitalmente antes de comprar en un establecimiento.
Ambos comportamientos muestran que las fronteras entre el comercio físico y digital son cada vez menos relevantes para los consumidores, aunque dentro de las empresas todavía puedan existir como divisiones operativas. El punto de partida de la conversación fue sencillo: reunir información de clientes e inventarios y estar presentes en los canales donde realmente se encuentran los consumidores. Pero detrás de esa idea hay un problema organizacional bastante más complicado.
Para García, el e-commerce necesita relacionarse con todas las áreas de la empresa para tener credibilidad. No basta con administrar campañas, plataformas o conversiones desde una computadora. Hay que entender almacenes, empaque, envíos, temporalidad, disponibilidad de producto y políticas internas.
En Ferragamo, por ejemplo, el fulfillment, el proceso de preparar y entregar un pedido, no se piensa únicamente como logística: forma parte de la experiencia de marca. La diferencia puede parecer semántica, pero obliga a mirar una entrega tardía, un inventario incorrecto o un empaque deficiente como problemas de experiencia y no únicamente de operación.
Esa conversación conecta con un cambio más amplio en el comercio electrónico mexicano: inventarios, pagos, logística, atención, tiendas físicas y plataformas digitales necesitan comenzar a funcionar como un solo sistema.
De customer centric a human centric
Uno de los conceptos que apareció durante la conversación fue la necesidad de pasar de pensar únicamente en customer centricity a una visión más human centric. No es solo una cuestión de lenguaje. El recorrido de compra actual difícilmente cabe dentro de una sola plataforma. Una persona puede descubrir un producto en Instagram, buscar reseñas en Google, revisar la disponibilidad desde el celular, probarlo en tienda, comparar precios y finalmente comprarlo en línea.
La propia AMVO ha identificado la importancia de mejorar la eficiencia operativa del e-commerce, especialmente cuando las empresas deben responder a consumidores que interactúan con diferentes canales durante su proceso de compra. Por eso, la omnicanalidad empieza a dejar de ser una estrategia diferenciadora para convertirse en una expectativa básica.
La experiencia no puede sentirse como cinco empresas distintas dependiendo de si alguien compra por una aplicación, escribe por WhatsApp, entra a una tienda o recibe una caja en casa. El reto no consiste simplemente en multiplicar los puntos de contacto, sino en conseguir que todos compartan información, criterios de servicio y una misma promesa hacia el consumidor.
Lacoste plantea otro problema: ¿quién es dueño del e-commerce?
Durante Fashion Digital Talks, Aline Ballinas, directora de Ecommerce de Lacoste, llevó la conversación hacia la estructura interna de las organizaciones. Su planteamiento parte de una idea aparentemente obvia: la experiencia tiene que ser buena sin importar dónde compre el cliente. Pero conseguirlo implica alinear áreas que históricamente han trabajado con objetivos, presupuestos y métricas diferentes.
Eso explica por qué Ballinas insistió en la importancia de unificar indicadores clave de desempeño (KPIs), entender los organigramas y definir claramente quién participa en cada parte del proceso. El director de e-commerce, desde esta perspectiva, ya no administra simplemente una tienda digital. También participa en decisiones de inversión, estrategia, capacitación, visión de largo plazo y desarrollo de talento.
La consecuencia es interesante: mientras el comercio digital adquiere mayor peso dentro del negocio, sus fronteras internas se vuelven menos claras. Y quizá esa sea una señal de madurez. En una industria que ha incorporado nuevas plataformas, herramientas de automatización y soluciones de inteligencia artificial para las compras, el desafío también está en transformar la manera en que trabajan las personas detrás de esos sistemas.
La tienda digital también es un escaparate
Ballinas definió además al e-commerce como un escaparate de la marca. Eso importa especialmente en moda. Durante años, las tiendas en línea se construyeron siguiendo una lógica funcional: fotografía, precio, tallas, carrito y proceso de pago. Ahora comienzan a asumir tareas que antes pertenecían principalmente a una tienda física, un showroom o una campaña editorial.
El caso de Moncler y el rediseño de su tienda online muestra hasta dónde puede llegar esa evolución: interfaces que se comportan más como experiencias editoriales que como catálogos interminables. También explica por qué la inteligencia artificial aplicada al comercio electrónico está abriendo nuevas posibilidades para personalizar recomendaciones, interpretar las necesidades de los consumidores y replantear la experiencia de compra.
Fashion Digital Talks colocó precisamente esa tensión en su agenda: cómo equilibrar creatividad y algoritmo mientras la tecnología adquiere mayor presencia dentro del proceso de compra. La pregunta para las marcas es cómo aprovechar estas herramientas sin perder algo fundamental: la identidad que las distingue y la confianza de quienes compran sus productos.
Vender bien empieza mucho antes del checkout
Otro aprendizaje de la conversación con Ferragamo fue mucho menos glamuroso, pero probablemente más importante: la promesa de una marca también se juega en el almacén.
¿Cómo mantener informados a los equipos? Con políticas claras y comunicación.
¿Cómo cumplir una fecha de entrega? Sin prometer aquello que la operación no puede sostener.
¿Cómo trasladar al paquete la experiencia que existe dentro de una tienda? La respuesta planteada durante la conferencia fue contundente: no buscar únicamente eficiencia, sino excelencia.
Esto obliga a reconsiderar qué significa diseñar una buena experiencia digital.
Un sitio rápido importa. También una fotografía atractiva, una recomendación personalizada o un proceso de pago sencillo. Pero la experiencia continúa cuando alguien prepara el pedido, imprime una guía, empaca el producto, responde una devolución o resuelve una incidencia.
En ese sentido, la cadena de suministro y la operación del retail dejaron de ser una infraestructura invisible para convertirse en una parte directa de la percepción que el consumidor tiene de una marca. La tecnología puede facilitar una compra en segundos. Cumplir correctamente esa compra sigue dependiendo de una operación que funciona mucho antes y mucho después del clic.
Los datos sirven solo cuando alguien sabe qué hacer con ellos
La misma lógica aparece en las métricas. Entre los indicadores mencionados durante las conferencias estuvieron el customer lifetime value, que permite estimar el valor que genera una persona durante su relación comercial con una marca, la frecuencia de recompra y la tasa de abandono. Pero el aprendizaje no fue acumular más tableros de información. Fue decidir cómo se mide algo y qué se hará después con esa información.
Ese matiz es importante en un momento en el que la industria habla constantemente de first-party data, automatización e inteligencia artificial. Tener más datos no garantiza una mejor experiencia. Lo relevante es conectar esa información con inventarios, servicio, marketing, producto y decisiones reales. La IA puede ayudar a detectar patrones, anticipar demanda o personalizar recomendaciones. Sin embargo, si los sistemas internos continúan fragmentados, existe el riesgo de automatizar una experiencia que sigue sin funcionar como un conjunto.
La discusión también tiene consecuencias para empresas mexicanas que buscan crecer en un mercado digital cada vez más competitivo. A medida que aumentan las oportunidades de vender en línea, también crece la necesidad de invertir en procesos, talento y herramientas que permitan sostener ese crecimiento.
El siguiente capítulo de la moda digital es operativo
Fashion Digital Talks nació en 2018 y su edición de 2026 reunió durante dos días conversaciones alrededor de e-commerce, marketing, tecnología y nuevos modelos de negocio para la moda. Organizado bajo el concepto Moda sin fronteras, el encuentro contempló la participación de representantes de compañías como Steve Madden, Reebok, Paruno, Grupo Axo, Skims y Salomon, además de empresas tecnológicas involucradas en el ecosistema digital.
De acuerdo con los organizadores, la expectativa para esta edición era reunir a más de 2,000 asistentes entre ejecutivos, emprendedores y profesionales del sector. Sin embargo, quizá la señal más relevante de esta edición fue menos espectacular que hablar de algoritmos o inteligencia artificial.
La moda digital está entrando en una etapa donde la innovación depende cada vez más de la coordinación. Coordinar datos con inventarios. Marketing con logística. Tiendas con plataformas digitales. Equipos de tecnología con personas que conocen al cliente cara a cara. La tecnología seguirá agregando nuevos puntos de contacto. La inteligencia artificial hará más sofisticadas las búsquedas, la personalización y las decisiones de compra. El comercio transfronterizo abrirá oportunidades para llegar a otros mercados.
Pero cada nueva capa también aumenta la presión sobre algo bastante básico: que la empresa funcione como una sola empresa frente al consumidor.
Y ahí puede estar el verdadero cambio. El futuro del e-commerce en moda no necesariamente dependerá de quién tenga la herramienta más nueva, sino de quién consiga que toda su operación esté preparada para cumplir la misma promesa.
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