Durante décadas, la ingeniería de software se ha basado en algo sorprendentemente frágil: la transmisión del conocimiento institucional de desarrolladores veteranos de persona a persona. A medida que la IA transforma la forma en que se escribe y se mantiene el código, esa cultura de memoria heredada podría estar empezando a desmoronarse.
La NASA planea construir su estación lunar permanente durante los próximos cinco años con la participación de la industria privada y socios internacionales, y se prevé que los lanzamientos de cargas útiles comiencen este año.
El laboratorio “autónomo” de Radical AI diseña y prueba nuevas aleaciones, acelerando un proceso de I+D de materiales que a menudo lleva a los científicos humanos 20 años o más.
Nvidia, Google y una lista cada vez mayor de startups están utilizando la IA para mejorar la precisión de los informes meteorológicos y demostrar al mundo el gran potencial de esta tecnología.
La encíclica del Papa Leon XIV advierte sobre la concentración del poder de la IA en manos de las élites tecnológicas y sostiene que las máquinas nunca podrán reemplazar la moralidad ni la conciencia humanas.